El Comercio, Perú
4 de octubre de 2025
Por Paul ThorndikeCEO de VML y miembro de EsHoy
En el Perú vivimos con la ilusión de las cuerdas separadas: que la política puede hundirse mientras la economía sigue funcionando
Por Paul ThorndikeCEO de VML y miembro de EsHoy
En el Perú vivimos con la ilusión de las cuerdas separadas: que la política puede hundirse mientras la economía sigue funcionando. Es falso. Cada crisis política contamina la confianza, la inversión, el empleo. Las cuerdas se cruzan siempre y, cuando lo hacen, todos pagamos el precio.
El sector privado vive una contradicción: depende de estabilidad política, pero se comporta como espectador pasivo de su destrucción. Observa el colapso institucional confiando en que ?la economía resiste?. No resiste. Cada crisis paraliza la inversión, volatiliza los mercados, resiente el empleo. Con presidentes que no completan mandato y un Congreso con 3% de aprobación, ¿cuánto más puede sostenerse la ficción de que la política no afecta lo económico?
En el 2024, a siete de cada 10 peruanos le interesaba poco o nada la política, según el IEP. Ese desinterés no es casualidad: es el resultado de décadas de frustración. Pero en el sector privado formal trabajan 4,2 millones de personas que podrían cambiar esa dinámica. Con las elecciones en seis meses, ¿qué pueden hacer las empresas? Convertirse en espacios donde sus trabajadores reciban información clave: por qué votar, cómo informarse, cómo ejercer su voto en una cédula extensa.
Quienes estamos en el sector privado ?desde gerentes hasta operarios? somos, ante todo, ciudadanos. Las empresas pueden ser espacios para promover civismo y voto informado, manteniendo neutralidad sin caer en política partidaria.
No se trata de decirle a nadie por quién votar, sino de facilitar que lleguen informados a las urnas: promover fuentes confiables, abrir espacios de reflexión, recordar que su voto cuenta. Eso no es política partidaria, es ciudadanía básica.
Claro, hay riesgo: si las empresas se convierten en plataformas políticas, pierden legitimidad. Nadie quiere comités partidarios en los centros de trabajo. Pero hablar de ciudadanía no es lo mismo que hablar de política partidaria o tratar de promover una candidatura específica. La línea es fina, sí, y reconocerla para no cruzarla es la única forma de mantener credibilidad.
Seis de cada 10 peruanos decide su voto en la recta final o en la cola de votación. Si no rompemos ese círculo vicioso, la historia se repetirá. Romperlo no requiere soluciones grandilocuentes: basta con informarnos mejor y votar con convicción. Dejar de pensar que la política no es mi problema ni tu problema.
Debo ser transparente: participo en el movimiento EsHoy, que lanzó la guía ?Ante todo, ciudadanos? (www.antetodociudadanos.pe). No es la única solución, pero es un punto de partida: principios básicos para que las empresas promuevan ciudadanía sin caer en política partidaria.
Podemos discrepar sobre qué modelo necesita el país. Esa diversidad es la esencia de la democracia. Pero no debería haber matices en algo básico: evitar que el poder termine en manos de mafias. Las cuerdas separadas nunca existieron. Abril 2026 está a seis meses. ¿Hasta cuándo vamos a actuar como si esto no fuera con nosotros?
El Comercio no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.