Jueves, 26 de Marzo de 2026

Que se cumplan todos tus deseos

ArgentinaLa Nación, Argentina 9 de octubre de 2025

Hasta Messi no sabe qué cara poner cuando el cantan el feliz cumpleaños Están los saludos obvios (los amigos, mamá, papá); los saludos esperados (los compañeros de trabajo, los amigos de Facebook si es que alguien todavía entra ahí); los saludos a destiempo (la abuela que no está muy ubicada en tiempo y espacio y te llama dos días antes); y los saludos insólitos (la exsuegra a la que todavía le caés bien y tantea si su hija hizo bien o no dándote viaje)

Hasta Messi no sabe qué cara poner cuando el cantan el feliz cumpleaños



Están los saludos obvios (los amigos, mamá, papá); los saludos esperados (los compañeros de trabajo, los amigos de Facebook si es que alguien todavía entra ahí); los saludos a destiempo (la abuela que no está muy ubicada en tiempo y espacio y te llama dos días antes); y los saludos insólitos (la exsuegra a la que todavía le caés bien y tantea si su hija hizo bien o no dándote viaje). También están los saludos automáticos, como el mail que te manda el banco deseándote un feliz día y recordándote que tenés disponible un crédito a sola firma a tasa cero ; o el saludo que te manda La Continental para recordarte que pidiendo cualquier pizza grande viene de regalo una docena de empanadas (promoción no acumulable, consultar listado de locales adheridos); o el saludo de ese all inclusive cinco estrellas del Caribe, al que le diste los datos una vez para ver cuánto salía una semana y donde jamás te hospedaste.

Y con los saludos vienen aparejadas un par de preguntas obvias (¿cuántos años cumplís?) ; preguntas entrometidas (¿vas a hacer algo?) ; preguntas previas que buscan indagar sobre gustos o preferencias (¿qué te gustaría para tu cumple?) ; y preguntas chismosas (¿quién es la chica que te saludó en tu posteo de Instagram?) . Todo sea por tener contacto con el cumpleañero que verá, sorprendido, cuán poco lo conocen familiares y amigos a la hora de hacer los regalos. Porque, ¿qué suele pasar? Contrariamente a lo que debería suceder, cuanto más años se pasan junto a una persona (amigo, familiar) menos sabe uno qué le gustaría (o quizás ya se le regaló ese obsequio ideal en el pasado) . Entonces entra a jugar la creatividad y así aparecen artículos impensados: un voucher para hacer arco y flecha, una camiseta retro del Barcelona, una juguera, entradas para Romeo Santos o un vinilo de Los Decadentes (hubiera estado bueno recibir previamente el tocadiscos). ¿Qué debe hacer el homenajeado? Sonreír. No queda otra que reírse con cara de "Uh, qué bueno, tía" y rogar porque en el fondo de la bolsa esté el ticket de cambio. Porque encima falta eso: perder todo el sábado a la tarde (que igual uno lo iba a perder, pero en otra cosa) yendo al Unicenter para cambiar esa remera cinco talles más grandes del Inter Miami por algo que a uno más o menos le quede, le guste o le parezca decente (situación que, finalmente, terminará resolviéndose con el cambio por un jogging y un par de guantes de arquero).

Y todavía esto no terminó, porque al ser homenajeado con la canción del "feliz cumpleaños" viene el momento de terror de muchos: ¿qué cara poner mientras todos cantan? Están los que miran la vela, los que aplauden, los que se quedan congelados, los que quieren hacer participar a más gente de su círculo de la vergüenza, los que se ríen, los que posan para la foto y los que también cantan. Nunca falta el gracioso que empuja la cabeza del homenajeado sobre la torta (alerta spoiler: empezás el año con un ojo menos) y los que golpean al homenajeado con la famosa "malteada" (habría que chequear si esto se sigue haciendo o si se considera bullying).

De esta forma termina el día: se come torta y se escucha una y otra vez la aclaración de la tía, que explica que el regalito tiene cambio (por suerte) y que tiene que irse porque se le hace tarde. En paralelo, los amigos más cercanos aprovechan la oportunidad y se encaran a la prima del cumpleañero y el tío estira la mano y manotea una copita que tiene sidra. Solo queda juntar los platos, lavar las copas y percatarse de que llegó un mensaje de último minuto, justo al borde del cambio de día, donde esa ex de la cual se había perdido rastro por completo -y cuya madre llamó más temprano― hace un pase de magia para aparecerse con el famoso mensaje: "Espero que la hayas pasado lindo, un beso". Otro regalo que uno no sabe si quiere o no cambiar.
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