"Las tres hermanas", la tecnología se come un clásico
Durante esta temporada son varios los clásicos que han llegado a la cartelera local, lo que se agradece
Durante esta temporada son varios los clásicos que han llegado a la cartelera local, lo que se agradece. Es así como se han podido ver obras de William Shakespeare, Henrik Ibsen, August Strinberg y Federico García Lorca, y del autor nacional Alejandro Sieveking.
Ahora se suma a esta oleada una versión de "Las tres hermanas", del dramaturgo ruso Antón Chéjov (1860-1904), pieza que está cumpliendo 124 años desde su estreno en Moscú. Una producción del Teatro de la Universidad Católica, mismo escenario que acogió en 1987 una adaptación dirigida por Héctor Noguera y con María Izquierdo, Loreto Valenzuela y Amparo Noguera como protagonistas.
"Las tres hermanas" muestra la vida de la familia Prozorov, que vive en una ciudad rusa de provincia, a fines del siglo XIX. Son cuatro hermanos, Andrei (Luis Cerda), casado con Natasha y padre de una hija pequeña, que está endeudado a causa del juego, y sus tres hermanas solteras, Olga (Blanca Lewin), la mayor; Masha (Valentina Muhr) e Irina (Montserrat Ballarin). Junto a ellos está Ñaña (Rodrigo Pérez), el criado, un personaje que funde las figuras del médico y la criada del texto original. Ante la reciente muerte del padre, estos personajes, en medio del tedio y un clima adverso, ven pasar el tiempo y temen un futuro incierto. Añoran un cambio y algún día poder irse a Ucsom (Moscú al revés). Irina, la hermana menor, ve que la única forma de salir de ahí es casándose.
Angelo Solari ("Tarde de verano", "Seda"), director y compositor, se hizo cargo de la dirección y la particular adaptación. Para ello condensó el texto original, y le incorporó una serie de elementos tecnológicos como avatares realizados con inteligencia artificial. Estos representan a todos los personajes que no son parte de la casa de los Prozorov, y cuyas imágenes son proyectadas en cuatro pantallas ubicadas sobre el escenario y en las que también se exhiben otras imágenes.
Se trata de una cuidada producción, en que destacan la escenografía, que representa el jardín de la residencia, y el vestuario, ambos de Rocío Hernández, así como el maquillaje y peinados de Carla Casali.
Las interpretaciones, así como la gestualidad de los actores es correcta, aun interactuando con avatares, lo que deben hacer en gran parte del desarrollo.
Pero la incorporación de estos elementos tecnológicos y la serie de estímulos a los que se ven sometidos los espectadores tienden a desdibujar la esencia de esta obra de teatro psicológico, sin lograr dar con el ambiente requerido. Sus reflexiones acerca del devenir y el futuro, así como el espíritu chejoviano, básicamente se pierden en medio de esta marea virtual.
En "Las tres hermanas", de 55 minutos de duración, la tecnología se come un clásico. Es positiva la innovación, siempre que tenga un objetivo claro, que aquí no se percibe. Esto es más bien una experiencia, y una arriesgada y ambiciosa. La dirección se engolosina con la incorporación de tecnologías, que van más a la forma que al fondo. Las actuaciones apenas se lucen. En varios pasajes se dice que la vida seguirá igual, pero se demuestra que esa tesis no es tan real, ya que se registran cambios, que incluso impactan al teatro. Habrá que ver si para bien o para mal. Este, al menos, no es un ejemplo de lo primero.
Teatro UC. Funciones de miércoles a sábado, a las 20:30 horas. Hasta el 22 de noviembre.