Jueves, 26 de Marzo de 2026

Jóvenes y apuestas en línea

ChileEl Mercurio, Chile 27 de octubre de 2025

Peligrosa, pero no sorprendente es la normalización que hacen de esta actividad.

Un estudio reciente de la Corporación de Juego Responsable, Copreventive y la Red Preventiva constata una realidad inquietante: el 14% de los adolescentes chilenos (12 a 17 años) ha apostado en línea en los últimos 12 meses, cifra que se incrementa a 34%, en jóvenes de entre 18 y 24 años, y a 51%, entre los 25 y los 32 años. Casi todos han visto publicidad de apuestas en redes sociales, más de la mitad sigue a influencers que promueven apuestas y el 96% declara que apostar en línea es "muy fácil". Se trata, pues, de un fenómeno extendido, que crece con rapidez y sin control, incluso entre adolescentes que no alcanzan a dimensionar sus riesgos.
La legislación nacional es clara: toda forma de juego de azar está prohibida, salvo autorización expresa del Estado. Sin embargo, el país convive con centenares de plataformas extranjeras que operan sin licencia, sin fiscalización y sin barreras de acceso para menores. El reciente fallo de la Corte Suprema, que ordenó a los proveedores de internet bloquear varios de estos sitios, reafirma esa ilegalidad. Pero la medida enfrenta severas dificultades de cumplimiento: cada portal clausurado es reemplazado casi de inmediato por otros nuevos, lo que mantiene viva una industria que se mueve abiertamente al margen de la ley y casi burlándose de ella. Tan insólita es la situación, que estas plataformas son un importante financista del deporte, que auspicia a equipos de fútbol y a programas deportivos, pese a un evidente conflicto de intereses.
De este modo, no es extraño que una actividad con el potencial de generar conductas adictivas y un impacto social relevante, aparezca peligrosamente normalizada a ojos de muchos jóvenes, vinculada a algunas de sus mayores aficiones e ídolos. En este contexto, la idea de ser solo un "microapostador" -quien arriesga pequeñas sumas en breves sesiones- crea una falsa sensación de inocuidad, pero su repetición constante favorece la dependencia y trivializa el peligro. Los efectos van mucho más allá de lo económico, porque comprometen la salud mental, el autocontrol y el desarrollo emocional.
Frente a esta realidad, resulta indispensable que el Estado asuma con decisión su deber de proteger a los jóvenes y hacer cumplir la ley. Por difícil que resulte la fiscalización, el avance de la tecnología debe hacer posible limitar de manera efectiva el acceso a estas plataformas. Cuestión más controvertida es la de cómo abordar el tema del juego legislativamente. En cualquier caso, si el camino frente a las apuestas en línea ha de ser el de una regulación de la industria, esta no puede entenderse como una mera forma de blanquear a quienes hasta ahora han operado en los extramuros de la legalidad. De lo que se trata es de dar protección eficaz a los menores de edad, junto con establecer necesarias restricciones a la expansión de esta actividad.
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