Un escándalo en el básquetbol revela vulnerabilidades en las apuestas deportivas
Las apuestas sobre el desempeño individual y los incentivos mal alineados aumentan el riesgo de arreglos.
Durante un siglo después del escándalo de los Black Sox de 1919 -cuando jugadores de las Grandes Ligas de Béisbol (MLB) conspiraron con apostadores para perder una serie por el campeonato- las ligas deportivas estadounidenses se opusieron a las apuestas por considerarlas una amenaza para su integridad. En 2012, Bud Selig, entonces comisionado de la MLB, dijo que el juego era "lo más mortífero que puede ocurrir... genera duda y destruye tu deporte". Sin embargo, en 2018 la Corte Suprema de EE.UU. autorizó la legalización de las apuestas deportivas. Hoy, el mayor escándalo de apuestas en años parece confirmar las advertencias de los escépticos.
El 23 de octubre, los fiscales presentaron acusaciones contra Terry Rozier, un jugador de nivel medio de la NBA, y Chauncey Billups, entrenador de los Portland Trail Blazers, entre otros. Se alegó que Rozier le dijo a un amigo que se retiraría de un partido poco después de empezar, y que el amigo vendió esa información a apostadores que ganaron plata al apostar que las estadísticas de Rozier quedarían por debajo de ciertos umbrales. Jim Trusty, el abogado de Rozier -y exabogado de Donald Trump-, señaló que una investigación previa de la NBA había eximido a su cliente.
En un caso separado, Billups fue acusado de participar en un juego de póker arreglado operado por la mafia. Uno de los presuntos organizadores, Ammar Awawdeh, ya había sido imputado en 2024 por un esquema en el que otro jugador de la NBA, Jontay Porter, habría pagado sus deudas de juego saliendo intencionalmente de un partido para que ganaran las apuestas "a la baja" sobre sus estadísticas. Además, la acusación contra Rozier señala que un entrenador no identificado -cuya descripción coincide únicamente con Billups- habría informado a apostadores que no pensaba alinear a sus principales figuras en un próximo partido. El abogado de Billups emitió una declaración negando haber compartido secretos.
Estos casos no son tan devastadores para la NBA como el de Tim Donaghy, un exárbitro que en 2007 admitió apostar en partidos que él mismo dirigía. Los fiscales acusan a Rozier y al entrenador identificable como Billups solo de compartir información no pública, no de recibir pagos por ello ni de alterar su rendimiento o decisiones (aunque la acusación no explica por qué Rozier planeaba abandonar el partido). Con todo, tanto Rozier como Billups -miembro del Salón de la Fama de la NBA- son mucho más conocidos de lo que fueron Donaghy o Porter en su momento.
¿Hizo la legalización inevitable un escándalo así? Quienes apoyan la industria sostienen que la prohibición no evitó irregularidades en el pasado, y señalan que la NBA comenzó a investigar el partido de Rozier solo porque las casas de apuestas legales detectaron y reportaron apuestas sospechosas. Por otro lado, las apuestas masivas aumentan el número de posibles cómplices y eliminan el estigma de que jugadores se relacionen con apostadores. Además, son grandes empresas las únicas que pueden ofrecer pagos enormes por las llamadas same-game parlays (apuestas acumuladas, o SGP), que permiten combinar múltiples apuestas en una sola jugada de alto riesgo y alta recompensa, lo que eleva el valor de contar con información privilegiada.
Dado que reinstalar una prohibición es casi imposible, la pregunta más urgente es cómo abordar las vulnerabilidades específicas que han quedado expuestas. Una son las apuestas sobre el desempeño estadístico individual -las llamadas player props - que se han vuelto muy populares. Ese auge ha provocado una avalancha de insultos y amenazas, incluso contra jugadores universitarios de 18 años, por parte de apostadores con dinero en juego. Además, las props son especialmente atractivas para quienes buscan arreglar partidos, pues nada más requieren la participación de un jugador y pueden manipularse sin alterar el resultado final del juego.
Charlie Baker, presidente de la NCAA, ha pedido prohibir estas apuestas en el deporte universitario, y Adam Silver, comisionado de la NBA, ha propuesto eliminarlas en jugadores de menor perfil. Las casas de apuestas serían reacias a desecharlas por completo, ya que las SGP -que suelen incluir varias props - son su producto más rentable. Sin embargo, restringir las props a jugadores profesionales destacados -que atraen más interés de apostadores recreativos y que tienen más que perder si se les sorprende arreglando- podría ser un compromiso razonable.
Otra vulnerabilidad evidente es la estructura de incentivos de la propia NBA. Los equipos que compiten por el título generalmente priorizan mantener sanos a sus jugadores para los playoffs , donde se decide el campeón, en lugar de maximizar victorias en la temporada regular. Mientras tanto, los equipos que quedan fuera de los playoffs son premiados por perder, porque quienes tienen los peores récords obtienen las mejores probabilidades en el sorteo que define el orden de selección de jóvenes talentos en el draft .
Como resultado, muchos equipos descansan habitualmente a sus mejores jugadores durante los últimos meses de la temporada regular, lo que hace que los mercados de apuestas dependan de información interna sobre la disponibilidad de las estrellas y las decisiones de los entrenadores. Tanto apostadores como hinchas comunes celebrarían que este escándalo empuje a la NBA a crear nuevos incentivos para que los equipos jueguen siempre para ganar.