Jueves, 26 de Marzo de 2026

La apuesta de Trump en Gaza

ChileEl Mercurio, Chile 24 de noviembre de 2025

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dio un espaldarazo al plan de paz para Gaza elaborado por el gobierno de Donald Trump, pero su legitimación como instrumento internacional no asegura la pacificación ni la reconstrucción en el corto plazo.

Son muchos los obstáculos que ya está encontrando la estrategia para superar el conflicto en el enclave palestino -que soportó dos años de guerra, tras el ataque de Hamas a Israel, en octubre de 2023- y tienen que ver con la renuencia del grupo islámico a aceptar todas las condiciones planteadas y la falta de cronograma para su implementación. El plan, que fue aprobado por 13 países y no fue vetado por Rusia ni China -un inmenso logro de Washington-, tiene como puntos clave el desarme de Hamas y el retiro de la fuerzas israelíes, y otorga un mandato por dos años a un "directorio de la paz", supuestamente presidido por Trump. Para ello, se contempla la formación de una fuerza internacional para estabilizar y desmilitarizar el territorio (ISF, por su sigla en inglés), y también la elección de un comité tecnocrático y apolítico, integrado por palestinos independientes, para la futura gobernanza. Rusia y China se hicieron eco de las objeciones de Hamas, al reclamar por la falta de claridad sobre los mecanismos de implementación, la escasa presencia de la ONU en las diferentes etapas y, sobre todo, que no se adquiere un compromiso firme para la creación de un futuro Estado palestino.
Hamas, que acató a regañadientes las condiciones para el cese del fuego en octubre, critica la resolución de la ONU porque no satisface todas las demandas y "derechos políticos y humanitarios" de los palestinos. El grupo no ha aceptado explícitamente entregar su armamento y dice que solo tolerará que la fuerza multinacional sea desplegada en las fronteras para monitorear el cese del fuego. Este es un punto grave de discrepancia con Israel y también con Washington, puesto que la ISF tendría como tarea principal el desarme de los grupos armados, la destrucción de la infraestructura de Hamas (principalmente, los túneles que sirven como refugio a los militantes y depósitos de armas) y también la supervisión de la futura policía palestina. Según Hamas, la ISF solo podría desplegarse después del retiro total de los israelíes, y advierte que si trata de desarmarlos perderá su neutralidad, porque estaría actuando en beneficio de Israel. Sin este componente, es improbable que la paz sea factible.
Tal vez Hamas, debilitado, pero no eliminado, esté intentando negociar detalles de los acuerdos que todavía no están afinados, a la espera de ganar tiempo para consolidar su presencia en las zonas desde donde Israel ya se retiró. En efecto, a pesar de que los israelitas dominan todavía el 53 por ciento del territorio gazatí, los milicianos de Hamas han emergido de sus escondites para tomar control de la seguridad en las principales zonas urbanas y distribuir ayuda humanitaria, mientras sus líderes desarrollan tareas administrativas, incluido el pago de sueldos a exfuncionarios del gobierno (que antes de la guerra eran 50 mil). Hay también denuncias de que aplican multas a los negocios que suben los precios de las mercaderías e incluso cobran impuestos. En la medida en que la implementación del plan se demore y que Hamas afiance su control, se hará más difícil cumplir la disposición que lo margina del gobierno del enclave. Israel busca que el grupo sea expulsado de Gaza, pero esa no es una cláusula del plan, que señala que sus miembros no tendrán participación alguna en el futuro gobierno, pero que aquellos que acepten desarmarse serán amnistiados y quedarán libres de viajar a un tercer país si así lo deciden.
Muchas dudas por despejarEstán a la vista las dificultades para avanzar en las negociaciones sobre los pasos siguientes. Estados Unidos ha hecho esfuerzos para sacar adelante el plan y Trump se juega su prestigio en el éxito de su iniciativa. Para ello, instaló en Israel un centro de coordinación civil militar, con participación de varios países, que está elaborando planes concretos para aplicar en Gaza. Sin embargo, lo más urgente es que Estados Unidos nombre a los miembros del directorio de la paz, pero no hay indicios de ello. Ni siquiera está confirmada la designación de Tony Blair, que aparecía como seguro integrante. Y sin la composición del directorio, tampoco se puede avanzar en la formación del comité tecnocrático palestino, cuerpo que debiera adquirir mucha importancia luego de la estabilización, porque es el llamado a ser el futuro gobierno. No hay certezas sobre quiénes sean elegidos y qué competencias deben tener. Se ha dicho que no pueden ser de la Autoridad Palestina que gobierna Cisjordania (obligada a realizar elecciones y reformarse integralmente para erradicar la corrupción) ni de Hamas, con sectores palestinos que abogan por personas propuestas por las organizaciones civiles, las facciones políticas y los sindicatos.
Sobre la fuerza multinacional, hay todavía muchos cabos sueltos. Se espera que los países árabes y musulmanes sean los principales contribuyentes de tropas, y se ha mencionado a Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Azerbaiyán y Turquía. Sin embargo, algunos dudan de participar, ante el peligro de que sus efectivos se involucren en un enfrentamiento si Hamas se resiste al desarme. Por lo demás, Israel se niega a que Turquía forme parte del contingente. A esto se agrega que algunos países temen que, sin una invitación de la Autoridad Palestina, sus tropas sean acusadas de ser fuerzas de ocupación y colaboradoras de Israel. Mientras se discuten tantos detalles, para la mayoría de los gazatíes lo más importante es la reconstrucción, que lamentablemente se ve lejana.
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