Domingo, 30 de Noviembre de 2025

Cómo apostar en contra de las firmas con señales más claras de burbuja

ChileEl Mercurio, Chile 30 de noviembre de 2025

Apostar en contra del mercado inmobiliario pudo haber sido difícil, pero esto presenta un nivel superior de complejidad.

L os espectadores de "La gran apuesta", la película de 2015 basada en el libro de Michael Lewis, quizá recuerden las dificultades de los inversionistas que buscaron apostar en contra de la deuda hipotecaria estadounidense antes del colapso de Lehman Brothers. Un número creciente de inversionistas teme ahora que Estados Unidos pueda enfrentar un sacudón similar, si bien no necesariamente de la misma magnitud. Y podría surgir, creen, desde los mercados privados y los rincones no listados de la industria tecnológica.
Apostar en contra del mercado inmobiliario pudo haber sido difícil, pero esto presenta un nivel superior de complejidad. Una posición corta requiere que un inversionista tome prestado un activo, lo venda a su precio actual y espere que caiga su valor. Si ocurre, el especulador puede recomprarlo a un precio reducido, devolver el activo al prestamista y quedarse con la diferencia, maniobras particularmente complejas en mercados opacos e ilíquidos. Para complicar aún más las cosas, los bancos se han retirado de las ofertas sintéticas más arriesgadas que antes ayudaban a los clientes a apostar en contra de empresas y otros activos, tras ser cuestionados cuando Lehman se desplomó.
Aun así, en Wall Street siempre hay un camino. El primer enfoque es una transacción indiscriminada, casi al azar. Si los inversionistas que apuestan en contra no pueden acceder a los rincones privados del mercado, al menos pueden apostar en contra de las firmas que los financian. Muchos proveedores de crédito y capital privado, como Apollo, Blackstone, Blue Owl y KKR, están listados en bolsa. Para un inversionista con visión perfecta, quizá la forma más simple de haber apostado en contra de First Brands -una empresa estadounidense de repuestos automotrices que colapsó en septiembre en medio de acusaciones de fraude- habría sido apostar en contra de Jefferies, un banco de inversión expuesto a la compañía. Sus acciones cayeron cerca de 30% en las cuatro semanas siguientes. Del mismo modo, algunas business development companies (BDC), que invierten en deuda privada, cotizan públicamente aunque sus activos no. Investigación de S3 Partners, una firma de datos, sugiere que los inversionistas que apostaron en contra de estas BDC ganaron US$ 124 millones en el año hasta el 21 de octubre. El índice S&P BDC acumula una caída de 13% en lo que va del año.
El segundo método involucra acuerdos específicos y hechos a medida. Benn Eifert, de QVR Advisors, una empresa cuantitativa, ofrece una transacción de derivados over-the-counter a quienes estén dispuestos a tomar el lado opuesto de sus apuestas contra las firmas tecnológicas más infladas. Los contratos establecen que si OpenAI, por ejemplo, sale a bolsa o es adquirida por otra empresa a una valoración superior a US$ 300.000 millones, él debe pagarle a su contraparte una cantidad que aumenta según el tamaño de esa valoración. Si su valor de mercado cae por debajo de los US$ 300.000 millones, entonces Eifert recibe el pago. Lo crucial es que ninguna de las partes necesita poseer acciones de OpenAI. Opciones comparables están disponibles en mercados de predicción como Polymarket.
Lo que estos acuerdos ofrecen en simplicidad, lo pierden en otros aspectos. Los contratos de Eifert se ubican en algún punto entre una apuesta tradicional y un acuerdo informal, dependiendo en última instancia de la confianza entre las partes. También implican que si OpenAI u otra firma nunca llegara a ser adquirida o listada en bolsa, los contratos no se activarían y nadie recibiría pago. De hecho, en el peor escenario para OpenAI -un colapso total- los contratos tampoco pagarían.
Existe una tercera opción. En teoría, apuntar a la deuda de firmas privadas pequeñas que un inversionista considera próximas al colapso es el enfoque más difícil. Pero los conocedores susurran acerca de una alternativa desarrollada este año. La operación convierte a cualquier empresa privada que haya tomado préstamos bancarios en el mercado de préstamos sindicados en un objetivo potencial. Funciona bajo la misma mecánica de una posición corta. Un inversionista que desea apostar en contra acuerda vender un préstamo específico -que aún no posee- a un banco que transa el mismo tramo de deuda. El banco y el vendedor pactan retrasar la liquidación de la transacción, quizá por tres meses, período en el que el vendedor solo puede esperar. Si el préstamo sube de valor, deberá comprarlo más caro para entregarlo al banco, perdiendo dinero. Si el precio cae en picada, capturará la diferencia entre el precio acordado y el nuevo precio de remate.
Esta opción es un atajo atrevido. Los préstamos sindicados no son crédito privado; aun así, permiten a quienes apuestan en contra acceder a un universo mucho mayor de empresas privadas. Aunque el método aún no se ha extendido, su simplicidad podría seducir a inversionistas convencidos de haber identificado una compañía frágil antes que el resto del mercado. Y a medida que bancos y otros market makers intentan ampliar sus capacidades de negociación en crédito privado, este mercado se volverá más líquido, abriendo nuevas oportunidades para quienes quieran apostar en contra. Cada vez más, los escépticos de los activos privados tendrán la posibilidad de respaldar sus opiniones con dinero.
Este artículo fue traducido por El Mercurio Inversiones.
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