¿Cómo se formó la colección patrimonial del Museo de Bellas Artes? Una mirada a la nueva curaduría
El segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes está destinado desde el 9 de septiembre a la exhibición de 300 piezas -que representan el 5 por ciento de su colección permanente-. El objetivo principal de la nueva museografía y curaduría es informar cómo se adquirió y reunió dicho conjunto a lo largo de su historia. Mediante una visita, ¿qué se aprende acerca del tema? Y ¿se puede apreciar de manera óptima esta selección patrimonial?
El museo conserva obras de artistas europeos de renombre y aquí se incluyen varias, aunque no ocupan lugares destacados.
Ninguna de las fichas indica nacionalidad, fecha de nacimiento ni año de muerte del artista, si es el caso, lo que impide al público general (en su mayoría escolares y turistas) situar fácilmente lo que observa.
En septiembre se inauguró en las salas del segundo nivel del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) el nuevo diseño museográfico y curaduría que pone el acento en cómo se constituyó el acervo cultural de esta institución. Seis curadores del museo seleccionaron -de un total de 6.000- poco más de 300 piezas de diversa data realizadas por 250 artistas (nacionales y extranjeros), un ejercicio de revisión colectivo que se presenta bajo el título "145 años. Historia de una colección". Por definición, la función de un museo de arte nacional es "conservar, investigar, exponer y difundir el patrimonio artístico y cultural de una nación"; entonces, cómo y qué se exhibe merece una atenta y reflexiva mirada.
El cuerpo de obra expuesto -que se podrá visitar hasta el 26 de septiembre de 2027- permite ver el 5% de una ecléctica colección museal. Textos en los muros ayudan a entender sucintamente los contextos y criterios de adquisición. En tanto, las fichas de cada pintura, escultura, grabado, video, objeto o mueble, informan cuándo y por qué vía estos se incorporaron. Abordar y exponer las etapas de creación de una colección es un muy interesante ejercicio curatorial y uno al que los museos recurren para mostrar cómo a lo largo de su historia fueron cambiando criterios y prioridades, aunque aquí no está del todo bien resuelto.
Los diversos trabajos y objetos están distribuidos en dos secciones. Un "Ala Histórica" que consta de tres áreas: "Museo universal (1988-1910)", "Museo moderno (1910-1928)" y "Museo moderno (1929-1960)" -cuya curaduría estuvo a cargo de Manuel Alvarado, Eva Cancino y Gloria Cortés- y un "Ala Contemporánea", donde las obras también se distribuyen en tres sectores: "El museo entre dos paradigmas (1960-1990)"; "Para una colección en democracia (1990-2012)" y "Entre ausencias y omisiones (2012-al presente)"; aquí las curadoras responsables son Daniela Berger, Paula Honorato y Alejandra Wolff. A propósito, no hay señaléticas que indiquen por cuál ala comenzar el recorrido.
Existe disparidad entre un ala y otra. En la "histórica", por ejemplo, la disposición de las obras -entre estas algunos objetos y muebles- hace recordar una feria de arte, pues hay algunos muros sobrecargados; es decir, pinturas muy próximas entre sí y/o ubicadas unas arriba de otras, algunas colgadas tan alto -o tan bajo- que no es posible contemplarlas de cerca ni examinarlas en detalle. En parte, lo descrito es un recordatorio del problema de espacio físico que hace décadas afecta al MNBA, y cabe preguntarse si el montaje hubiese sido el mismo de contar el recinto museal con más superficie de exhibición y si obras icónicas que están ausentes se habrían incluido. Destaco, sin embargo, que en esta ocasión muchas de las telas, dibujos y grabados se exhiben con sus respectivos marcos, lo que coopera a separarlos visualmente, amén de protegerlos. Por su parte, en el "ala contemporánea" hay mucho más oxígeno entre un trabajo y otro (algunos de gran formato) y, salvo en los muros dedicados a la gráfica, aquí hay mínimas acumulaciones, lo que permite apreciar y conectar con la mayoría de las obras expuestas.
La iluminación, sin embargo, en ambas alas no siempre coopera con la mejor percepción de las pinturas. Ello es más notorio en la sección "histórica", donde la luz de los focos sobre algunas superficies pictóricas -en vez de destacar- oculta figuras, colores y texturas.
Protagonismo de las cédulas
En un museo, las fichas técnicas son fundamentales porque contextualizan el cuerpo de obra con información de autorías, datas, materialidades y procedencias. No obstante, se ha optado aquí por colocarlas a ras de suelo, y frecuentemente pegadas unas a otras, con lo cual se configura una ancha línea/franja negra (salas "históricas") o rosa (salas "contemporáneas") despegada varios centímetros del muro, que opera como límite de observación o como barrera de protección. La decisión de liberar las paredes de cédulas y trasladarlas al piso obliga al visitante a curvar su columna para leerlas, y pueden convertirse aun en obstáculos para el desplazamiento; vi incluso a personas pisarlas -luego se estropearán y presumo que está considerada su reposición-. Además, ninguna de las fichas indica nacionalidad, fecha de nacimiento ni año de muerte del artista, si es el caso, lo que impide al público general (en su mayoría escolares y turistas) situar fácilmente lo que observa.
Sí se cumple con informar cómo ingresó al MNBA cada pieza en exhibición, indicándose, por ejemplo, que "Gitana", de Juan Francisco González, fue "adquirida por la Comisión Bellas Artes en 1910", o que "Fábrica de paté de Chungungo en Tunquén", de Carlos Maturana (Bororo), fue "donada por la Corporación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes en 1995". A medida que se leen las fichas se comprende que las obras llegaron por diferentes vías: por recomendación de comisiones o regalo de instituciones; por compra directa a un artista (es el caso, por ejemplo, de trabajos de Gonzalo Díaz, Pablo Langlois, Norton Maza, Lotty Rosenfeld, Bruna Truffa y Cecilia Vicuña), o por donación del propio autor(a) o sus herederos (Claudio Bravo, Valentina Cruz, Mireya Larenas y Enrique Matthey, entre otros), advirtiéndose también que algunas piezas -como "Prisionera de piedra", de 1974, de Mario Toral- se encuentran "sin antecedentes de ingreso a la colección", lo que trasparenta el estado del inventario.
Por último, las fichas del "ala histórica" son de color negro más algunas blancas. No queda claro si la función de estas últimas es destacar obras de mayor relevancia, aunque debiera, porque el abigarrado montaje de varios muros no permite distinguir entre obras icónicas, menos importantes o copias. Como sea, hubiese sido bueno tener más información sobre cada pieza, como ocurre con la "cédula blanca" de "Vieja" (1888), de Celia Castro, donde se lee: "Primera artista chilena que ingresa a la colección del Museo, luego de ganar una medalla en la Exposición Universal de París en 1889"; interesante dato, al que se agrega: "Aunque la presencia de mujeres en la colección es escasa, su rol no se reduce al de artistas, apareciendo también como coleccionistas, mecenas, donantes, gestoras y funcionarias".
La presencia de copias
Cuando en septiembre de 1880 se fundó el MNBA -una iniciativa público-privada que originalmente se concibió como pinacoteca-, el Diario Oficial informó de una colección de 107 obras. El catálogo de la exposición "El canon revisitado. Una mirada al arte europeo desde América Latina" (2022) -que se puede descargar desde la web del museo- explica que "este primer acervo contaba con piezas realizadas en Chile por los primeros directores de la Academia y algunos jóvenes talentos locales, sin embargo, una aplastante mayoría correspondía a originales de artistas europeos considerados menores y a copias de las escuelas francesas, italiana y flamenca de los siglos XVI al XIX (...) evidencia que la institución no fue creada con el propósito de albergar (solo) arte chileno, sino que, más bien, tenía pretensiones universalistas bajo una mirada eminentemente eurocéntrica". Lo anterior justifica que entre los originales del "ala histórica" cuelguen copias, como la réplica de "La bella jardinera" (c.1840), de Rafael Sanzio (Colección fundacional MNBA de 1880) de Antonio Gana y, también de Rafael, una copia de la "Madona de Foligno", de 1857, adquirida ese mismo año y de autor sin identificar; de Emilie Rouillon, "La última comunión de San Jerónimo de 1857 (copia de un óleo de 1612-14 de Domenico Zampieri, conocido como Domenichino), y de Miguel Campos, "Virgen con el Niño y ángeles", de 1877, realizada a partir de un óleo de Anton van Dyck de 1627 (un "estudio de estudiante becado en Europa hacia 1870"). ¿No hubiese sido acaso mejor destinar una pared solo para copias?
"Grandes maestros"
A su vez, el museo conserva obras de artistas europeos de renombre y aquí se incluyen varias, aunque no ocupan lugares destacados. Es el caso de las pinturas de los españoles Bartolomé Murillo ("Virgen con el Niño", c. 1655) y Francisco de Zurbarán ("San Francisco en oración", c. 1630) adquiridas por la Comisión de Bellas Artes en 1890 y 1891, respectivamente; del flamenco Jan Brueghel el Viejo se expone "Tobías y el ángel" (c. 1600), "adquirida a la galería de José Díaz Gana, magnate de la minería, en 1893"; del expresionista alemán Otto Dix, una litografía sobre papel titulada "Leonie", de 1923, donada por el empresario Max Roesberg luego de emigrar a Chile en 1939; del famosísimo escultor francés Auguste Rodin, la maqueta en bronce para el monumento al Almirante Patricio Lynch (c. 1886), adquirida por una comisión en 1956 a través de la donación de Mauricio Hochschild en 1948. Asimismo, se exhibe el políptico "Tablas de la Anunciación con donantes y San Gil" (c. 1460), de Jaume Bacó y Joan Reixach (figura clave este último del hispanoflamenco valenciano), que la Comisión de Bellas Artes aconsejó comprar hacia 1907; del impresionista francés Camille Pisarro, "Los sauces en invierno, Eragny" (c.1891), "óleo adquirido en el remate de la Galería de Horacio Fabres Fuenzalida en 1927" -de muy pequeño formato, desluce al lado de "Paisaje" (1864) de Raymond Monvoisin-. Comprados al poeta Braulio Arenas en 1979, hay también dos pequeñas tintas sobre papel del surrealista belga René Magritte ("sin fechar") y una obra sobre papel de la pintora anglo-mexicana Leonora Carrington.
Dos hitos: 1910 y 1929
El actual edificio del museo fue inaugurado el 21 de septiembre de 1910 con un aporte estatal de "300.000 pesos de la época para adquisición de obras". Varias de ellas se compraron en la Exposición Internacional de Bellas Artes del Centenario 1910, como "El dolor de María Magdalena", de Jules Joseph Lefebvre ("envío francés"); "Composición", de Frank Brangwyn ("envío inglés", "sin fecha"), y "El suplicio de los avaros" (1904), de Manuel Benedito Vives ("envío español"), que, según su cédula, es "una de las piezas más representativas de la colección española del museo": juzgue usted si fueron adquisiciones acertadas.
No fue sino hasta 1929, cuando el MNBA pasó a formar parte de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), que el arte nacional en la colección comenzó a incrementarse. De entonces, los directores -desde Pablo Vidor y Luis Vargas Rosas hasta Varinia Brodsky- han privilegiado adquisiciones de artistas chilenos e incluso expresiones visuales de vanguardia; también presentes en esta selección.
En resumen, "145 años. Historia de una colección" permite ver un surtido conjunto de obras, muchas muy buenas, aunque no todas se aprecian en detalle debido al montaje o la deficiente iluminación, pero la información en paredes y cédulas -cuidado con tropezarse con estas últimas- permite comprender cómo se llegó a reunir este acervo. Por último, recomiendo, ya sea al final o al principio del recorrido, ingresar a la Sala Chile -también en el segundo piso-, donde se exponen desde el 10 de julio ocho obras fundamentales que pertenecen asimismo a la colección permanente y que fueron realizadas entre 1942 y 1972 por el gran Roberto Matta (1911-2002); entre estas, cuatro arpilleras que el propio artista donó al MNBA.
El museo conserva obras de artistas europeos de renombre y aquí se incluyen varias, aunque no ocupan lugares destacados.Ninguna de las fichas indica nacionalidad, fecha de nacimiento ni año de muerte del artista, si es el caso, lo que impide al público general (en su mayoría escolares y turistas) situar fácilmente lo que observa.Cabe preguntarse si el montaje hubiese sido el mismo de contar el recinto museal con más superficie de exhibición y si obras icónicas que están ausentes se habrían incluido.
145 AÑOS. HISTORIA DE UNA COLECCIÓN
Lugar: 2do piso MNBA, Parque Forestal
Hasta: 26 de septiembre 2027
Acceso liberado