El mercado de EV despertando: este es el efecto turbo de Tesla
Exviceministra de Transporte
Exviceministra de Transporte.
Olga Lucía Ramírez
La movilidad eléctrica en Colombia lleva años avanzando, pero a un ritmo desigual, condicionado por precios todavía altos, infraestructura limitada y una regulación que no siempre va al ritmo del sector. Sin embargo, en solo una semana el país experimentó un punto de inflexión: la llegada de Tesla, uno de los actores más influyentes del mercado global. Lo que ocurrió desde entonces, desde las filas digitales para separar un vehículo con apenas un millón de pesos hasta las conversaciones espontáneas, evidencia que el consumidor colombiano sí estaba listo para un sacudón tecnológico. Faltaba el detonante. Y llegó en un momento en el que el panorama regional ya venía mostrando señales contradictorias. Aunque la electrificación global se desaceleró en los países occidentales por altos precios, recortes de subsidios y limitaciones de infraestructura, tal y como se indicó en el IV Encuentro Internacional de Movilidad Eléctrica en Bogotá, América Latina avanza en un ciclo distinto: más temprano, más pequeño, pero con espacio para crecer rápido. Colombia, rezagada frente a América Latina El parque vehicular eléctrico de América Latina creció un 80% en 2024, llegando a las 444.000 unidades, frente a las 249.000 del año anterior. Ese crecimiento se acompaña de una participación del 4% sobre las ventas totales de vehículos nuevos, un porcentaje todavía modesto pero ascendente; países como Brasil y México lideran el volumen con incrementos muy marcados entre 2020 y 2024. Brasil superó las 120.000 unidades en 2024, México ronda las 30.000 , y Colombia actualmente supera las 20.000, con una penetración de vehículos eléctricos en el mercado que sobrepasa el 7% de acuerdo con el último informe de la Agencia Internacional de Energía-IEA. Por otro lado, cuando se analizan los puntos de carga, Latinoamérica muestra un desempeño inesperadamente competitivo: más de 5.000 estaciones, con un promedio de 3 cargadores por cada 100 vehículos, superando incluso a Estados Unidos y Europa. Chile, México, Brasil y Costa Rica concentran buena parte de esa infraestructura. Colombia avanza, pero aún tiene brechas en capilaridad, interoperabilidad y estandarización. La llegada de Tesla rompió varios paradigmas locales al mismo tiempo: (i) Precios agresivos: Los modelos anunciados para Colombia se ubican por debajo, y en algunos casos muy por debajo, de competidores chinos que venían dominando por costo, como BYD, cuya cuota global lidera el mercado con 22,2% frente al 10,3% de Tesla. Tesla no solo rivaliza en precio, sino que lo hace con un posicionamiento aspiracional globalmente consolidado. (ii) Su propia red de carga: Colombia ha discutido durante años la necesidad de ampliar la infraestructura de recarga. Tesla llega con una estrategia comprobada: los Superchargers, la red de alta potencia más grande del mundo. Su despliegue local inevitablemente moverá el tablero. En países como Chile, donde ya operan, han acelerado la confianza del consumidor y la adopción de vehículos eléctricos privados. Para Colombia, que aún depende de estaciones públicas y esfuerzos de actores como Enel X, Terpel Voltex o empresas especializadas, el ingreso de un jugador que vende carros y también instala infraestructura constituye una disrupción mayor. Tesla ya no compite solo por el mercado automotor: compite por el ecosistema completo de movilidad eléctrica. (iii) Un golpe a la autonomía como principal preocupación: los principales temores del consumidor son: autonomía limitada, vida útil de la batería, y escasez de estaciones públicas. La narrativa de Tesla, sustentada en autonomía real superior y una red de carga robusta, llega justo donde el consumidor colombiano tenía sus mayores dudas. En cuanto a estandarización de cargadores, Colombia venía trabajando con conectores Tipo 1, pero recientemente el Ministerio de Minas y Energía expidió la resolución 40559 de 21 de noviembre de 2025 que alinea al país con el estándar Tipo 2, siguiendo la tendencia regional y la práctica dominante de Tesla en mercados como Chile. Aunque Tesla impulsa su propio estándar NACS en Estados Unidos, la compañía comprende que la integración regional exige compatibilidad, con lo cual se facilita que más marcas entren sin barreras técnicas, evita el caos de múltiples formatos, da tranquilidad a consumidores e instaladores e impulsa la interoperabilidad. Tesla llega, pero el país ya tenía un camino adelantado para recibirla.