Viernes, 02 de Enero de 2026

Caos y esperanza

ColombiaEl Tiempo, Colombia 2 de enero de 2026

Con el sol a las espaldas del presidente Gustavo Petro, brilla en el horizonte un arcoíris de candidatos

Con el sol a las espaldas del presidente Gustavo Petro, brilla en el horizonte un arcoíris de candidatos. Anuncia este un fin, y ellos, la ilusión de un nuevo comienzo. El Gobierno está intentando coronar lo que no hizo en cuatro años, y los candidatos continúan pregonando que su opción es la mejor, lo que me recordó un ensayo del filósofo ingles Bertrand Russell, Por qué no soy cristiano, en el que sienta dos premisas, obligatorias para quien se llame cristiano. La primera, que debe creer en la existencia de Dios y en la inmortalidad. La segunda, aceptar que si Cristo no fue una divinidad, fue al menos, "el mejor y el más sabio de los hombres". Cuando se elige a un candidato y el voto no está forzado por la triste y maniquea realidad de que tocó votar por la menos nociva entre dos malas opciones, y se escoge de un amplio espectro de ideas -que al final se resumen en un bien urdido eslogan de campaña, al votar-, de alguna manera, se acepta una de las premisas de Russell: el que ese candidato y su equipo de campaña son la mejor opción entre los 50 millones de almas que vivimos en más de dos millones de kilómetros cuadrados, que ellos buscan liderar. ¿Pero lo es y lo son? ¿Tenemos alguna certeza al escoger? Ningún candidato electo respeta sus promesas de campaña, así que no, no la hay. Lo que sí hay es una enorme dosis de resignación por deber delegar semejante responsabilidad, inducidos y casi a ciegas, mediante un acto de fe equivalente a reconocer que alguien es el mejor y el más sabio de los connacionales. Sabemos que nunca lo es, ni lo son, y por eso al final el voto termina siendo tanto un acto de resignación como uno de fe, como lo son varias otras maneras que tenemos de existir, de cómo somos, lo que somos en los albores de este nuevo siglo. Y no podrá ser nadie indiferente a nuestro socio, los Estados Unidos. Por que hay un trecho largo entre el secretario Blinken y el secretario Rubio, como lo hay entre Mr. Biden y Mr. Trump. La fuerza G. Ford no va a retornar sin un triunfo. Y es que quienes especulan que Estados Unidos no se atreve a invadir ni a golpear por temor a las consecuencias olvidan que el portaviones anclado en el Caribe y la flota de aviones de combate y los invisibles recursos con que cuentan no tienen comparación con ninguna otra fuerza de ataque en la historia. Pueden conducirlos con precisión quirúrgica, literalmente a la velocidad de un rayo, y más allá; que, además, Mr. Trump se juega su credibilidad en la inacción, así que las acciones van a escalar. La tensión aumenta. Un bombardeo en tierra podría ser el anuncio de la búsqueda de un pronto desenlace. Colombia ni es ajena a ello ni puede permanecer indiferente. Se está intentando derrocar a un tirano y, como la Nación democrática que somos, debemos respaldar esa iniciativa, marchar al lado de nuestros aliados, no es momento de tibiezas. Sabemos que a quien llegue a la Presidencia le tocará activar la bomba de achique para que esta nave no naufrague bajo el peso de la descertificación, descalificación de grado de inversión, control territorial narco y el rosario de daños que han sufrido en este cuatrienio el aparato productivo nacional y su sociedad. Porque aun cuando en este gobierno probaron firmeza cortes, Congreso, entes de control (bueno...) y, en ese sentido, hizo una enorme contribución al Estado de derecho, para afrontar lo que viene, sin lugar a dudas, nos convendrá tener muy presente otra premisa: que mientras haya caos, habrá esperanza. Quizás por eso vendrá un maravilloso 2026, estimados lectores.
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Mauricio Lloreda
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