Martes, 06 de Enero de 2026

El juego es un aliado y no una competencia del aprendizaje académico

ChileEl Mercurio, Chile 4 de enero de 2026

Lo lúdico suele quedar relegado al avanzar en la educación básica, algo que los especialistas consideran un error dado que este favorece el bienestar y la motivación. También las habilidades cognitivas y sociales que desencadenan aprendizajes profundos, advierten.

Aunque en educación inicial suele estar al centro, el aprendizaje lúdico -ese que ocurre a través del juego- tiende a quedar al margen a medida que los niños avanzan hacia la educación básica, transformándose en este caso en un recurso opcional y no en un principio pedagógico.
Así lo advirtió Jaydene Barnes, académica de la Facultad de Educación de la U. de Western Sydney (Australia) y principal expositora de un webinar organizado por la Red de Escuelas Líderes, iniciativa que lideran Fundación Minera Escondida, Fundación Educacional Arauco, Fundación Chile y "El Mercurio".
"El juego apoya el desarrollo cognitivo, social, emocional, físico y lingüístico de los menores. Eso lo sabemos desde hace un tiempo: es la forma en que aprenden sobre sí mismos, pero también sobre los demás y sobre el mundo", comentó Barnes, quien agregó que "el juego puede crear esta especie de círculo mágico donde los niños se sienten cómodos siendo quienes son, lo que los llama a hacer preguntas. Así, proporciona una condición para que se produzca un aprendizaje profundo".
Durante su exposición, la especialista enfatizó que "todos los niños son competentes y capaces de construir activamente su propio aprendizaje, lo que rechaza la idea de que solo debemos inculcarles conocimientos. Se considera que ellos pueden impulsarlos. Eso es un principio clave. Otro es que los menores aprenden mediante la experiencia directa y práctica, no solo asimilando pasivamente todo lo que se les dice. Por último, hay que tener claro que debemos desarrollar un currículo en torno a los intereses de los niños, de sus fortalezas y de aquello que es relevante para su vida".
Tras eso, la australiana recordó que la niñez no acaba al cumplir seis años, cuando se pasa a 1° básico.
Cuestionar visiones
"La transición entre educación parvularia y básica suele exigir inmovilidad, silencio y adaptación a estructuras rígidas, obligando a niños y niñas a acomodar su desarrollo a la escuela, en lugar de que la escuela responda a sus necesidades evolutivas. Esto empobrece la experiencia educativa y desconecta el aprendizaje del sentido y la emoción", plantea Carolina Caffarena, académica del Magíster en Educación de la U. Finis Terrae, quien no fue parte del seminario.
A su lado, Karin Haddad, académica del mismo magíster dentro de esa casa de estudios, agrega que "el juego genera condiciones óptimas para aprender al activar circuitos de motivación, vínculo y bienestar emocional. Además, fortalece funciones ejecutivas, pensamiento simbólico y habilidades sociales complejas en un entorno seguro donde el error no se castiga, sino que impulsa el aprendizaje. El juego, lejos de oponerse al rigor académico, cuestiona una visión reducida de lo que entendemos por aprender".
Consultada por "El Mercurio", Javiera Ruperthus, académica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la U. de Talca, agrega que "aprender a través del juego permite experimentar, equivocarse, volver a intentar, aprender por ensayo y error y reflexionar, aspectos fundamentales para construir aprendizajes clave y significativos a lo largo de toda la vida. En ese sentido, el juego no es una etapa que se supera ni queda atrás a medida que los niños y niñas van creciendo, sino una forma de aprender que evoluciona durante el tiempo y que se debe ir adecuando a las edades que tenemos en las distintas aulas".
Así, por ejemplo, siendo más grandes puede verse como "desafíos, simulaciones, juegos de roles o experiencias colaborativas, que continúan siendo altamente significativas para aprender y relacionarse con otros".
Vínculo emocional
Barnes sugiere contar historias a través de títeres y disfraces, lo que ayuda a "crear fuertes vínculos y resultados en temas de alfabetización". En el caso de matemáticas, una buena idea es "participar en una investigación sobre cuántos saltos toma llegar de un punto a otro", mientras que una propuesta que entremezcla educación física y lenguaje es jugar a spelling cricket .
Se trata de una actividad que toma la lógica del críquet y la convierte en un juego de ortografía y vocabulario: mientras un estudiante hace de lanzador y "tira" una palabra a otro compañero que hace de bateador, este último debe deletrearla correctamente. Si lo logra, gana un punto. Si además puede dar la definición de esa palabra, obtiene dos.
"Es un juego planificado intencionalmente para aprender, que mezcla contenido académico con motivación, participación y diversión".
Ruperthus explica que son "pedagógicamente útiles" los juegos que promueven "la exploración, la cooperación, la resolución de problemas y el desarrollo del pensamiento simbólico, matemático y crítico".
Por su parte, Caffarena señala que la gran pérdida cuando el juego desaparece en educación básica "es el amor por aprender. Cuando la experiencia escolar se vuelve mecánica, desprovista de sentido y desconectada del mundo infantil, el aprendizaje deja de ser una experiencia significativa y se transforma en una obligación sin vínculo emocional".
Esta ruptura "suele producirse porque el sistema asocia erróneamente el aprendizaje de contenidos con metodologías rígidas, relegando el juego al recreo. Muchas veces, la dificultad no está en los niños, sino en los adultos, a quienes les cuesta tolerar el movimiento, la exploración y la pérdida de control que implica el juego en el aula", añade Haddad.
En época de vacaciones"Durante las vacaciones, la familia cumple un rol fundamental al ofrecer tiempo, espacios y experiencias para el juego. Jugar en familia fortalece el apego, los vínculos afectivos, favorece el desarrollo emocional y permite aprender de manera natural y espontánea, sin presión ni exigencias propias que se dan al interior del aula en el contexto escolar", comenta Javiera Ruperthus, de la U. de Talca.
Carolina Caffarena, de la U. Finis Terrae, agrega que "potenciar el juego no requiere grandes recursos: jugar en una plaza, inventar historias, explorar la naturaleza o compartir un juego de mesa son experiencias profundamente significativas cuando están mediadas por la presencia, la escucha y la disponibilidad adulta".
Este tipo de instancias no solo enriquecen el aprendizaje, sino que también contribuyen a regular emociones, disminuir el estrés "y fortalecer la convivencia y comunicación familiar", destaca Ruperthus.
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