2026: democracia o tiranía
El año que empieza será crucial para Colombia
El año que empieza será crucial para Colombia. Decidiremos en las próximas elecciones si el país sigue siendo una democracia liberal o si se consolida el propósito del Pacto Histórico de convertirnos en una autarquía que limite nuestros derechos y la iniciativa privada, en medio de un Estado totalitario. No se trata de una disyuntiva falaz. Vivimos en una ola global de autocratización. La democracia como forma de gobierno se ha venido debilitando en el mundo y, por lo tanto, se está comprometiendo en forma creciente el ambiente de libertades de la humanidad. Según el ‘Informe sobre la democracia 2025’ del Centro Varieties of Democracy (V-Dem), mientras en el año 2004 el 49 % de la población mundial vivía -o mejor sobrevivía- en dictaduras, en la actualidad el 72 % de esta está sometida a un gobierno tiránico. Se trata de sistemas políticos en los cuales no importa la voluntad de la mayoría sino el capricho del opresor, que encarna al Estado mismo. Todos los bienes públicos, la salud, la educación, la seguridad social y la vivienda, entre otros, los provee el gobierno a su antojo. Por lo general, en condiciones de precariedad absoluta, luego de destruir al sector privado y doblegar la iniciativa individual. La apuesta de Gustavo Petro para el 2026 es la de llevarnos hacia ese modelo político. Ningún colombiano puede llamarse a engaño. Ya no cabe la inocencia de tanto ciudadano que confiaba que, en los meses que quedan de gobierno, el jefe del Estado se limitaría a llevar a cabo una mera transición inercial. Nada de eso. Petro ha decidido jugarse el todo por el todo. No se resigna a que la historia lo ubique en la galería de los presidentes fracasados y ha optado por dejar una huella en la sociedad, similar a la de Chávez en el vecindario. El irracional aumento del salario mínimo no es, como tanto se dice, una simple manifestación de su talante populista. Es la cuota inicial de su empeño para llevarnos hacia la izquierda totalitaria. Como lo dijimos semanas atrás, sería un aumento disruptivo para ofrecerle a la clase trabajadora un halago ilusorio, a cambio de lograr el voto a favor del continuismo. Se trata de una grotesca compra de votos, a cargo del sector privado, aunque se termine destruyendo empleo, aumentando la informalidad laboral y deteriorando la calidad de vida de los sectores sociales, cuya capacidad de compra se verá mermada por la espiral inflacionaria que se avecina. Petro cree que con sus facultades legales puede hacer lo que se le venga en gana. Eso no es así, tratándose de competencias regladas. Mucho menos cuando en el proceso de concertación laboral las partes negociaban entre el 16 y el 7 %. ¡El punto medio que encontró el Gobierno fue el 23 %! El aumento de este año constituye una desviación de poder que da lugar a la anulación del decreto, porque las atribuciones presidenciales no pueden ejercerse caprichosa e irracionalmente, como lo ha dicho la jurisprudencia. Al mismo tiempo y sin ninguna consideración con los contribuyentes, se decreta una emergencia económica para que la chequera oficial esté popocha y este año se asegure el triunfo electoral del heredero del progresismo, que consolide el modelo de estatización en marcha. Para coronar su plan, han decidido convocar una constituyente en el 2026, que a su turno es el centro del programa de Iván Cepeda, para cambiar el modelo político y económico y, claro está, destruir el sistema de pesos y contrapesos del poder, porque estorba a sus caprichos. No por otra razón se ha anunciado que la Constituyente buscará "la reforma de la justicia, solo la Corte Constitucional se mantendrá intacta". Es la cuenta de cobro contra el Poder Judicial por su valiente defensa del Estado de derecho durante estos años, excluida supuestamente la Corte Constitucional, para que no se atraviese. El despotismo se propone la reforma de las cortes para cooptarlas. Frente a este macabro plan, lo que corresponde es la resistencia democrática. Taponazo. El totalitarismo no busca trabajar por la Nación, sino quedarse con ella.
Resistencia democrática
Néstor Humberto Martínez Neira
El nuevo salario mínimo, los nuevos impuestos de la emergencia y la constituyente son todos parte de un plan de Petro y Cepeda para conducir a Colombia hacia un Estado totalitario.