Martes, 06 de Enero de 2026

Venezuela, ¿y ahora qué?

ChileEl Mercurio, Chile 5 de enero de 2026

Venezuela sin Nicolás Maduro tiene la posibilidad de reescribir su futuro y comenzar una transición que devuelva la democracia. Sin embargo, la captura del exdictador y el papel que jugarán en esa transición los otros jerarcas chavistas abren también numerosas preguntas.

"Un cambio de régimen, o como quiera llamarlo, es mejor que lo que había. Venezuela no puede estar peor". Esas palabras de Donald Trump representan el sentir de millones de venezolanos. Las penurias económicas y la represión política fueron motivo de la solidaridad internacional, que se manifestó en innumerables declaraciones que no iban más allá de condenas y reproches, sin capacidad de cambiar la realidad. Hay que celebrar, pues, que hoy Maduro ya no esté al mando, y bien cabría desear que, más allá del juicio en Estados Unidos por cargos de narcoterrorismo, sea procesado en la Corte Penal Internacional, donde se investigan crímenes de lesa humanidad cometidos contra opositores durante su mandato.
No obstante, sin la suficiente claridad de los planes que tiene Trump para "manejar" el país, preocupa que sean los mismos personajes que rodeaban al dictador quienes están en este momento al mando. Ha sido un duro golpe a la oposición democrática, liderada por María Corina Machado, que Trump la haya marginado de una eventual transición por, supuestamente, no tener apoyo ni respeto al interior del país. Machado es ampliamente popular, así lo demostró la votación de su candidato subrogante, pero es cierto que ella no tiene en estos momentos control alguno sobre las instituciones más importantes, todas en manos del chavismo. Con todo, resulta inentendible que la principal figura opositora quede completamente marginada de las tratativas para el retorno a la democracia, si es que efectivamente eso es lo que persigue Washington.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez, fiel colaboradora de Maduro, ha sido conminada por Trump a que coopere con Washington para hacer "lo necesario para hacer Venezuela grande de nuevo", y si se niega, amenazó más tarde el Presidente, "pagará un alto precio, incluso más alto que Maduro". Se había dado a entender que la dirigente chavista, tras conversación previa con el secretario de Estado, Marco Rubio, estaba pronta a colaborar, pero sus declaraciones tras la captura la mostraron aún leal al "único Presidente legítimo". Las dudas sobre qué pasos seguirá dejan abierta la interrogante sobre quién estará al mando, y a través de quién o quiénes Estados Unidos "manejará" el país. Junto con Delcy continúa en su puesto el poderoso ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, figura central del régimen, de línea dura y quien tiene a su cargo las fuerzas de seguridad. Con ellos permanece como ministro de Defensa Vladimir Padrino, al mando de las Fuerzas Armadas. Y de aquí surge una pregunta clave, ¿mantendrán el control o se dividirán las fuerzas militares, que bajo el chavismo se convirtieron en guardianes del régimen? La peligrosa posibilidad de que una parte se mantenga leal, algunos huyan para buscar resguardo y otros se unan a la oposición no debe descartarse. Una de las lecciones que sacó EE.UU. de la guerra de Irak es que el desbande del ejército fue uno de los peores errores de esa intervención.
El petróleo como incentivoSi algo se entendió de las declaraciones de Trump tras el operativo (y también de las previas), es que el petróleo está en el centro del interés de su administración, aunque el combate al narcotráfico es la explicación oficial y la recuperación de la democracia, otro objetivo declarado. El énfasis en que las petroleras tienen mucho que hacer e invertirán miles de millones de dólares para reconstruir la infraestructura y "gestionarla profesionalmente", para recuperar lo invertido y "robado" (en las nacionalizaciones de los años 70), hace evidente el afán por echar mano a esa riqueza. Ese parece un esfuerzo de largo plazo, que demandará muchos recursos y que no justifica por sí solo una operación militar de tan vasta dimensión, con tantos riesgos, en un momento de altas tensiones internacionales.
Tal vez, como dicen algunos, es que la "agenda de Rubio", hacer caer a Cuba en el dominó, cobró fuerza dentro del plan de Trump de recuperar la hegemonía de EE.UU. en el hemisferio occidental. Según ese libreto, dado que Venezuela era su sostenedor económico, como proveedor de petróleo, sin Maduro, los jerarcas comunistas tendrían serias dificultades para enfrentar una profundización de la crisis económica que azota la isla y mantenerse en el poder.
¿Cómo justificará Trump legalmente la campaña militar que emprendió contra Maduro? Esa es una pregunta clave que debe responder el Presidente ante las críticas de la oposición demócrata, la que señala que, al menos, debió alertar a los legisladores. La intervención, alegan, fue ilegal porque, de acuerdo con la War Powers Act, debió ser aprobada por el Congreso. "El Congreso tiene tendencia a filtrar" las informaciones, dijo Trump. "Aunque así sea, está obligado por ley a informar", le respondió el congresista Jim Himes.
En el plano externo, tendrá que enfrentar las acusaciones de haber violado la Carta de Naciones Unidas, que no permite "usar la fuerza en un país soberano sin su consentimiento o para la autodefensa". Esta intervención puede ser un precedente para que los adversarios usen los mismos métodos, sin preocuparse de su legitimidad. Empeñado en hacer valer el poder de EE.UU., ahuyentar la influencia de China en América Latina y contener la guerra en Ucrania, es probable que Trump ignore todos los cuestionamientos.
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