Jueves, 26 de Marzo de 2026

Récord de remesas, pero los hogares no lo están sintiendo

ColombiaEl Tiempo, Colombia 4 de enero de 2026

nicolás sanín franco y carlos arturo garcía m

nicolás sanín franco y carlos arturo garcía m. redaccionecononomicas@eltiempo.com
Los envíos de dinero de trabajadores colombianos en el exterior siguen creciendo y rompiendo marcas históricas, pero su efecto sobre el bolsillo de miles de hogares en el país es cada vez más limitado. La razón es clara: entran más dólares, pero se convierten en menos pesos, justo en un contexto de inflación que sigue presionando el costo de vida. Según estadísticas del Banco de la República, en noviembre ingresaron al país 1.070,69 millones de dólares en remesas, lo que representó un aumento nominal de 3,6 por ciento frente al mismo mes de 2024. Con este resultado, entre enero y noviembre los giros acumularon 11.924,88 millones, superando tanto lo recibido en el mismo periodo del año pasado (10.749,82 millones) como el total del 2024, que fue de 11.848,22 millones. El récord en dólares, sin embargo, es solo una parte de la historia. En promedio, los flujos mensuales de remesas están llegando 6,1 por ciento por encima de los niveles de hace un año, pero el dólar se encuentra un 15 por ciento más barato que en noviembre de 2024. El resultado es contundente: las remesas convertidas a pesos han caído alrededor de 10,6 por ciento, pese a que el volumen en moneda extranjera es mayor. En todo el año, el precio del dólar cayó más de 652 pesos. A este efecto cambiario se suma la inflación. Con precios que, en promedio, son 5,5 por ciento más altos que hace un año, el poder adquisitivo de las familias que reciben remesas se ha reducido cerca de 15,3 por ciento. En la práctica, un hogar que hoy recibe el mismo giro mensual en dólares puede comprar mucho menos que en 2024. Este contraste entre más dólares que entran y menos capacidad de gasto en pesos se da en medio de un fenómeno migratorio sostenido y estructural. Entre 2022 y 2024, Colombia registró uno de los picos migratorios más altos de los últimos años, con cerca de 1,33 millones de personas que salieron del país de forma definitiva, según estimaciones del Cerac y Migración Colombia. Aunque las cifras más recientes no muestran saltos abruptos, sí confirman una tendencia constante de colombianos que prolongan su permanencia en el exterior. El perfil de esta nueva ola migratoria también ha cambiado. Según la última encuesta del Centro de Migración Mixta (MMC), el 42 por ciento de los migrantes tienen entre 26 y 35 años, y el 96 por ciento cuenta con algún nivel de escolaridad. Un 44 por ciento reporta secundaria; 28 por ciento, formación vocacional; 13 por ciento, primaria, y 11 por ciento, título universitario, lo que evidencia una migración cada vez más joven y calificada. Estados Unidos, España, Chile, México y Costa Rica se consolidan como los principales destinos, y coinciden con los países desde donde se envía el mayor volumen de remesas hacia Colombia. Estos flujos no solo sostienen a las familias que permanecen en el país, sino que también hacen parte de un ecosistema económico de doble vía, en el que los recursos viajan en ambos sentidos durante las distintas etapas del proceso migratorio. Datos de la fintech Global66 muestran que, en el último año, los colombianos en el exterior destinaron importantes recursos a estudios (más de 98 millones de dólares), pago de arriendo (más de 50 millones) y servicios (más de 11 millones). En la etapa inicial de la migración, estos gastos son prioritarios y suelen requerir apoyo financiero desde Colombia. Daniel Londoño, gerente país de Global66, explica que "para los nuevos ciudadanos globales es muy importante contar con herramientas seguras y eficientes para mover su dinero mientras se establecen en otros destinos", y detalla que en esa fase los mayores rubros son estudios (28,4 por ciento), arriendo (14,5 por ciento) y servicios (3,2 por ciento). "Las remesas son parte fundamental para garantizar la estabilidad financiera de los migrantes", señala. Desde el punto de vista macroeconómico, el aumento de las remesas ha sido clave para amortiguar el déficit de cuenta corriente y sostener el consumo en regiones altamente dependientes de estos ingresos. Para 2025, se estima que estos flujos podrían representar cerca del 3,1 por ciento del producto interno bruto (PIB), consolidándose como una de las principales fuentes de divisas del país. No obstante, la apreciación del peso limita su impacto real sobre la economía doméstica. El dólar más barato reduce el ingreso disponible de los hogares beneficiarios y modera el efecto expansivo de las remesas sobre el consumo, justo cuando muchos dependen de estos recursos para cubrir gastos esenciales como alimentación, vivienda, educación y salud. Así, mientras Colombia celebra un nuevo récord en remesas, el desafío de fondo sigue siendo el mismo: cómo convertir más dólares en mayor bienestar real, en un contexto de tasa de cambio baja y precios aún elevados. Una paradoja que marcó el cierre de 2025 y plantea preguntas sobre el efecto de estos flujos en 2026. Este fenómeno también tiene implicaciones regionales. Departamentos y municipios con alta dependencia de remesas —especialmente en zonas del Eje Cafetero, Valle del Cauca, Antioquia y algunas regiones del Caribe— enfrentan una desaceleración indirecta del consumo local. Comercios, servicios y economías barriales que dependen del gasto de estos hogares reciben menos impulso, lo que limita el efecto multiplicador que tradicionalmente han tenido las remesas sobre la actividad económica regional. Hacia adelante, el comportamiento del tipo de cambio será determinante para definir si el récord en remesas logra traducirse en mayor bienestar. Si el peso se mantiene apreciado, los hogares seguirán enfrentando una pérdida de ingreso real, incluso con nuevos máximos en dólares. Por el contrario, un ajuste en la tasa de cambio podría devolver parte del poder adquisitivo perdido. En cualquier escenario, las cifras a noviembre confirman que las remesas ya no son un ingreso coyuntural, sino un pilar estructural de la economía colombiana, cuyo impacto depende cada vez más de la evolución del dólar y del costo de vida interno.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela