Donald, Mickey, Fox & Friends
Hay algo pueril en el lenguaje de la operación Absolute Resolve: una aparente ingenuidad muy gringa, de película, y eso es aterrador, pues aprendimos desde niños a sospechar de la "amistad desinteresada" de los yanquis, como aprendimos también a ser serviles, en esta América (Latina) que no es la misma América de ellos
Hay algo pueril en el lenguaje de la operación Absolute Resolve: una aparente ingenuidad muy gringa, de película, y eso es aterrador, pues aprendimos desde niños a sospechar de la "amistad desinteresada" de los yanquis, como aprendimos también a ser serviles, en esta América (Latina) que no es la misma América de ellos. Si ir a colegios norteamericanos con nombres criollos, presumir de hablar su idioma "sin acento" o salpicar, al menos, palabras en inglés en la conversación incidental y, sobre todo, no contrariarlos ni provocarlos han sido nuestras tretas (o aspiraciones) de débiles aliados, su estrategia ha sido amedrentarnos y fascinarnos a la vez con su poder y sus éxitos sin precedentes. Es una mezcla de miedo y de sospecha, y una pérdida de límites entre lo real y lo inverosímil, la que se activa con las declaraciones oficiales sobre la "extracción" de Maduro. Como quien reporta la sacada de una muela dañada, de forma rápida y profesional, Trump comparó la operación con un videojuego en la primera entrevista concedida a sus amigos de Fox y luego, desde su casa veraniega de Mar-a-Lago, hizo una rueda de prensa en la que usó varias veces "breathtaking" para describir la operación por aire, tierra y mar, con helicópteros, aviones y barcos, no vista nunca antes, según sus palabras redundantes, desde la Segunda Guerra Mundial. Nombró la oscuridad de Caracas -en el segundo día del año o, quizás, del mundo nuevo- y asoció aquellas luces apagadas con la experiencia de sus "american warriors" en operaciones similares de países que comparten campos semánticos de riquezas petroleras o estratégicas (Panamá, Irak, etcétera). La repetición de calificativos como espectacular, increíble y "deadly serious" junto con el despliegue de elementos de acción y de expresiones ejemplarizantes como ‘amedrentar a nuestros enemigos’ se mezclaron con porcentajes: al 97 % de drogas supuestamente llegadas desde Venezuela, sumó otros muy altos sobre la disminución de la delincuencia en Washington o en Los Ángeles y fue pasando del ‘Tren de Aragua’ y del cartel de los Soles a las calles y los restaurantes por los que pueden pasear ahora las esposas y los niños americanos. A su lado, con trajes impecables y peinados a ras, como en los buenos viejos tiempos de América (Great), tres de los hombres del presidente asentían con eficiencia de subordinados y fueron tomando la palabra para reforzar las advertencias. Después del ministro de Guerra habló el secretario de Estado, Marco Rubio, tan latino, con su nombre y su estatura, y tan deseoso de olvidarlo para ser solo americano. Quizás por esa aspiración y ese origen será el encargado de los cómos, de los que no se ocupa Trump, y dijo que esta operación era un mensaje para el mundo. Don’t play games, advirtió a la audiencia, para dejar claro que son únicamente ellos quienes producen los juegos y eligen las reglas, los tiempos y los roles de cada personaje. La idea de Trump de hacer también a Venezuela great again y de quedarse manejándola hasta que sea una nación segura (y los gringos "recuperen su petróleo") parece más naíf , y más sospechosa, que la imagen de Maduro con ese sombrero de orejas de Mickey, como si, en vez de ir a una cárcel de Brooklyn, hubiera llegado a Disneylandia. La parte espectacular, con las sirenas y las luces, de capturar al otro matón, que es la que saben hacer los gringos en sus películas de acción, ha sido la más fácil. La difícil, y la más larga, viene ahora y, aunque traiga innovaciones tecnológicas, es predecible. La fuerza, la plata, el petróleo y los efectos de las invasiones de los imperios a los países pobres: la vieja historia, ahora más explícita, del grande contra el débil.
Habitación propia
Yolanda Reyes