La construcción de vivienda resistió
un 2025 adverso
En contra de un entorno macroeconómico exigente, con menor inversión pública, estrechez fiscal y un sector que aún no logra recuperar plenamente el terreno perdido tras la suspensión del programa estatal Mi Casa Ya, la construcción de vivienda en Colombia empieza a mostrar señales de resiliencia al cierre de 2025
En contra de un entorno macroeconómico exigente, con menor inversión pública, estrechez fiscal y un sector que aún no logra recuperar plenamente el terreno perdido tras la suspensión del programa estatal Mi Casa Ya, la construcción de vivienda en Colombia empieza a mostrar señales de resiliencia al cierre de 2025. Las cifras más recientes del gremio de la construcción, Camacol, confirman que, pese a las dificultades, la demanda de las familias por vivienda sigue activa y que varias constructoras del país están cerrando el año con proyectos de gran escala y planes ambiciosos de cara a 2026. "Las ventas y los lanzamientos han venido creciendo, especialmente en la vivienda no VIS. En el caso de la VIS, Bogotá, Antioquia y Atlántico lograron sostener la demanda con programas propios de subsidios", explicó Guillermo Herrera, presidente del gremio constructor. La lectura del gremio es clara: la reactivación definitiva del sector no está garantizada. Dependerá, en buena medida, del manejo fiscal, de la evolución de las tasas de interés hipotecarias y del comportamiento de los costos de construcción, que siguen enfrentando presiones al alza. También, "de la capacidad del próximo gobierno para optimizar el gasto social en programas efectivos, como los de vivienda", al tiempo que "será determinante la evolución de las tasas de interés y del riesgo país", advirtió Herrera. A esto se suma un dato que preocupa a la industria: el presupuesto para VIS en 2026 será el más bajo en más de una década. Aun así, Camacol proyecta que en 2026 las ventas podrían crecer entre 5 y 12 por ciento, y que los inicios de obra volverían a terreno positivo, con un repunte superior al 13 por ciento. La lectura de Davivienda coincide con esa sensación de resistencia cautelosa. En su más reciente informe sectorial, la entidad señala que la construcción de edificaciones comienza a mostrar señales de estabilización, pese a que el valor agregado del sector aún permanece en terreno negativo. El mismo análisis advierte que algunos indicadores líderes ya sugieren que el sector estaría encontrando un piso, como la venta de vivienda nueva que crece a tasas superiores al 20 por ciento anual, mientras el área nueva en construcción aumentó 22,2 por ciento anual. Para Davivienda, estas señales anticipan un escenario menos contractivo hacia 2026. Para este año, aunque todavía predominarán las contracciones por la menor área en proceso y culminada, el banco prevé que la progresiva incorporación de nuevos proyectos permitiría observar menores caídas y, eventualmente, un leve crecimiento anual en el segundo semestre del próximo año. En ese contexto de cautela, varias constructoras están apostando por proyectos de gran escala y usos mixtos como fórmula para dinamizar la demanda y mitigar riesgos. Es el caso de Construcciones Planificadas, que presentó Boaterra, un desarrollo emblemático sobre la avenida El Dorado, en Bogotá, así como dos iniciativas habitacionales adicionales: Pinar 24 -proyecto VIS compuesto por 1.345 apartaestudios ubicado en el cruce de la avenida La Esperanza con avenida Ciudad de Cali- y Serraclara -Proyecto no VIS de 634 unidades situado en la calle 170 con carrera 12, frente al Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer (CTIC)-. Con una inversión superior a 200.000 millones de pesos, Boaterra contempla 1.600 unidades de vivienda y 14.200 metros cuadrados de oficinas, dentro de un plan maestro que se desarrollará durante más de ocho años. El proyecto integra vivienda, oficinas, comercio y servicios bajo el concepto de ciudad de 15 minutos. Otra de las grandes apuestas del cierre de año es Ciudadela Salitre, de Ospinas, el que será el complejo urbano más grande de Bogotá. El proyecto transformará más de 61.200 metros cuadrados e incorporará 2.654 viviendas, entre No VIS, VIS y VIP de renovación, además de comercio, zonas verdes y equipamientos urbanos. "El propósito es ofrecer alternativas de vivienda ajustadas a las necesidades de las familias, en un entorno donde los servicios, el comercio y las zonas verdes estén al alcance", dijo Luis Eduardo Páez, vicepresidente de Nuevos Negocios de la constructora. Mientras el sector en su conjunto creció cerca de un 30 por ciento, Conaltura cerró 2025 con un alza del 104 por ciento anual en ventas, superando el billón de pesos. La compañía prevé entregar 2.500 viviendas este año y mantiene cerca de 5.000 apartamentos en ejecución. "Alcanzamos logros históricos en ventas, y nos preparamos para entregar la mayor cantidad de viviendas en nuestra historia", afirmó Carlos Gaviria, presidente de Conaltura. Desde Constructora Bolívar, su presidente, Julián Perdomo, reconoce que 2025 marcó un punto de inflexión tras la crisis de desistimientos de 2024. "El mercado se ajustó a una condición clara: las compras se hacen sin el subsidio de Mi Casa Ya. Hemos reacomodado nuestro portafolio y vemos una recuperación importante", señaló. Por su parte, Amarilo reporta un repunte gradual. En 2025, la compañía escriturará algo más de 9.000 viviendas, entre un 10 y 15 por encima del año anterior. "La gran noticia es que sí hay mercado. Las tasas de interés más bajas y el apoyo de los bancos y del Fondo Nacional del Ahorro han sido clave", señaló ROberto Moreno, presidente de la firma. Así, el cierre de 2025 deja una fotografía dual: un sector que resiste, con proyectos emblemáticos, innovación urbana y avances en sostenibilidad, pero que enfrenta un 2026 cargado de riesgos, menor respaldo fiscal y una demanda aún frágil en los segmentos de menores ingresos.