Autoritarismos
Preocupa a algunos la deriva hacia gobiernos que, gestados mediante elecciones, se perpetúan a través de añagazas o cambios que intentan perpetuarlos
Preocupa a algunos la deriva hacia gobiernos que, gestados mediante elecciones, se perpetúan a través de añagazas o cambios que intentan perpetuarlos. Son demoarquías o democracias que semejan monarquías, incluso con herederos.
Critilo observa que tres son los fundamentos de un gobierno que preocupan a las personas. Pueden resumirse en orden, justicia y miedo. Los gobiernos son elegidos según las esperanzas y preferencias de los votantes.
Aparte de la jerga que simplonamente divide las posturas en derechas e izquierdas, terminología más de prensa que de pensamiento, según estos tres ejes de preocupación los gobiernos pueden ser más o menos autoritarios. Es así porque todo gobierno, para ser tal, debe hacer uso de la fuerza (o la violencia). En esta potestad reside su legitimidad y su legalidad.
Los autoritarismos pueden ser fuertes o débiles, unipersonales u oligárquicos, legítimos o ilegítimos, legales o ilegales. La aceptación de la autoridad depende de la primacía que tengan para las personas el orden, la justicia y el miedo. Este último se expresa en deseos de paz y seguridad.
Más allá de las simplificaciones aparentemente ideológicas entre izquierdas y derechas, los gobernantes y los gobernados deben alcanzar lo que Emile Durkheim llamaba solidaridad vertical, coherencia entre las metas y las aspiraciones de unos y otros. Los autoritarismos son expresiones diversas de tal coherencia.