El negocio del arte en Chile : "Aquí se venden autos, pero no cuadros"
Distintos agentes del mercado y analistas externos coinciden en que se trata de un mercado pequeño, de nicho y estructuralmente limitado.
"En Chile se compra poco arte comparado con lo internacional, el chileno promedio no es una persona que gasta en arte. Por más que tenga los medios para hacerlo, esa plata la gastan en otras cosas. Es algo que no está inculcado", comienza diciendo Constanza Casas, cofundadora y codirectora de la galería Collectio.
Para muchos es un mundo desconocido. Las principales galerías del país se concentran en Santiago, específicamente en el sector oriente. Mientras en capitales mundiales del arte los museos, galerías e incluso obras en espacios públicos son atractivos turísticos, en Chile es un mundo que solo conocen y contemplan unos pocos.
Un mercado de nicho
"Chile es un país con un mercado de arte muy chiquitito, aquí se venden autos, pero no cuadros", dice María de los Ángeles Gana, socia de la galería Minimal.
En Chile, el mercado del arte es un circuito pequeño, donde el público que efectivamente compra obras es reducido y reconocible. Las galerías describen un contexto en que el interés existe, pero se traduce en pocas compras efectivas, manteniendo al arte en una escala minoritaria dentro de las decisiones de gasto de la mayoría de las personas.
Andrés Solimano es economista y en los últimos años se ha dedicado a analizar este mercado. Él coincide en lo pequeño del circuito y lo explica desde lo económico: "En Chile se compra poco arte, el negocio de compra y venta de arte te hace vivir muy al justo".
Gana hace una comparación con el extranjero y asegura que "Chile se comporta completamente fuera de los parámetros internacionales", desde la cantidad de agentes que participan hasta los precios que se manejan o el interés.
Paula Gutiérrez es una decoradora que lleva años ligada al mundo del arte de primera línea. Ella grafica la diferencia de Chile con el extranjero: "El mercado chileno es un pedal, el mar es el mercado internacional, hay muchos centros importantes".
Las galerías más destacadas del país están todas en el sector oriente de la capital: es el caso de Patricia Ready, Isabel Croxatto, Collectio y Minimal.
Fernando Casasempere es un escultor y ceramista chileno que lleva más de 25 años en Inglaterra. Él identifica un mercado secundario o casas de remate, que es muy importante para darles una valorización real a los cuadros. "Cuando la obra sale a remate, se sabe el precio. Lo que pasa muchas veces en países donde no hay mercado secundario es que la obra tú la tratas de vender y no vale ni un cuarto de lo que se vende en la galería", dice. Y agrega: "El mercado del arte en Chile es muy pequeño, es muy difícil para los artistas poder vivir; los que siguen en Chile son verdaderos héroes".
"Depende de cómo vaya la economía del país"
Los distintos agentes del mercado coinciden en que es un rubro procíclico. Tras la pandemia y con las dificultades económicas a nivel país, el negocio ha estado lento. "Pospandemia, yo te diría que la actividad ha desacelerado. El mercado del arte sigue la misma tendencia. La gente con muchos recursos ha llevado capitales afuera. Va a depender de cómo vaya la economía del país: si la gente sigue sacando su plata fuera de Chile, esto no va a avanzar dentro", dice Gutiérrez.
En Minimal lo miran desde el comportamiento del comprador medio: "La gente más normal que sí tiene acceso a cuadros, no a los de muchos miles de dólares, pero sí a los de un par de millones, la piensa un par de veces antes de gastar en un cuadro", dice Gana.
Isabel Croxatto, de la galería con el mismo nombre, describe una tendencia similar, pero lo enmarca dentro de lo normal de cualquier negocio: "El contexto económico ha generado más cautela, compras más espaciadas, mayor comparación y una preferencia por rangos de precio moderados. Sin embargo, eso no significa que el mercado se haya detenido". Y entrega una señal concreta de ese escenario: "En nuestra experiencia, cerca de un tercio de las ventas puede involucrar algún tipo de negociación, algo completamente normal en escenarios de mayor incertidumbre económica".
Patricia Ready, dueña de la galería del mismo nombre, coincide en que el comprador está "más cuidadoso y más informado", y agrega un factor que, a su juicio, le ha dado continuidad al circuito: "Ya no compra únicamente el coleccionista privado". En los últimos años, dice, han visto un interés sostenido de "museos, bancos y fundaciones culturales" por enriquecer colecciones contemporáneas, lo que aporta estabilidad y una mirada de largo plazo.
Solimano, aunque advierte que faltan datos locales consistentes, aporta un marco más general: "Han hecho análisis de los últimos 20 años y se nota una cierta prociclicidad del mercado, es decir, que el volumen de ventas cae en los períodos que hay desaceleraciones económicas y aumenta en los períodos de aceleraciones".
"Al vender afuera, hay que ponerle un cero extra al precio"
Los precios en Chile tienen un techo muy claro. Los entrevistados coinciden en que están subvaluados y que al salir al extranjero, se disparan.
Desde el lado de las galerías, la diferencia de precios es concreta. En Minimal, Gana dice que el ajuste es brutal: "Al vender afuera hay que ponerle un cero extra al precio". En parte, explica, porque "hoy en día el mundo está mucho más conectado; entonces, si tú vendes en Chile y también vendes en una galería en Nueva York, tienes que tener precios parejos, y en el extranjero los precios que se pagan son mucho mayores". Por lo mismo, concluye: "Un artista que ha expuesto, trabajado y vende afuera, obviamente tiene precios que son diferentes".
Gutiérrez lo sintetiza de manera más gráfica: "El mercado chileno es un pedal, el mar es el mercado internacional, hay muchos centros importantes". En esa lógica, el salto internacional no es un lujo, sino la condición para que suban los valores.
Casasempere habla desde su vasta experiencia en el extranjero. "Hoy día mis valores los pone el mercado del arte europeo. Mis obras tienen un valor fundamentado en el mercado del arte en Europa, el mercado serio del arte", dice. Y refuerza la idea: "O sea, el precio está respaldado, cosa que no sucede en otros países".
Constanza Casas coincide en que el nivel local es más bajo: "El arte en Chile es barato comparado con los precios de afuera. Si uno va a una galería de artistas emergentes en países como Estados Unidos o cualquier país de Latinoamérica, es más alto que en Chile".
Alfonso Díaz es cofundador y director ejecutivo de Antenna, una fundación privada de arte. Él habla de la importancia de las conexiones y lo complejo que es saltar al extranjero, y establece casi una regla: "En un mercado tan chiquitito y que está tan afectado hoy, la internacionalización de un artista viene sí o sí de la mano de un agente extranjero". Por eso concluye: "Si el artista y el galerista quieren que una obra suba de valor y tenga circulación, tiene que salir afuera. Imposible que se mantenga acá".
En la experiencia del artista Francisco Rodríguez, radicado hace 11 años en Londres, la brecha no se explica solo por el tamaño del mercado, sino también por su peso cultural. "Acá existe una valoración social de la compra del arte. Aquella persona que compra arte y que se integra al mundo como coleccionista o como comprador ocasional de arte, es bien visto. En Chile, muy pocas personas tienen esa presión", dice. Y lo aterriza en el mismo ejemplo que da Gana: "En Chile la gente prefiere comprarse un auto".
Esa diferencia de escala también se nota en los precios de arranque. Según su experiencia, "un precio sano" para una pintura de un recién egresado en Inglaterra puede rondar alrededor de los $6 a $12 millones. Y en su caso, relata que en 2018 vendía una obra grande a ese precio y hoy esa misma escala la vende en $24 millones.