Lunes, 12 de Enero de 2026

El poder y el vacío

UruguayEl País, Uruguay 11 de enero de 2026

El caso del accionar de EE.UU. en Venezuela tiene similitudes con lo que sucede en la ciudad con la gente con síndrome de Diógenes.

Es el drama de esta profesión. Muchas semanas resulta un sacrificio encontrar cosas de impacto para comentar. Pero en cuanto se pretende desaparecer unos días, aprovechando el parón de fin de año, el mundo se pone patas arriba. Venezuela, Irán, el acuerdo con la UE. Hemos tenido un arranque informativo del 2026 casi tan delirante como el clima. Pero, no todo es igual.

Lo sucedido con Maduro y Venezuela es, para Uruguay, una noticia demasiado importante como para mezclar con otras cosas.

Vamos a empezar por lo primero: que una potencia como Estados Unidos se atribuya el derecho de lanzar una operación policial para detener al jefe de estado de un país, y llevárselo preso porque se le dio la gana, no puede dejar contento a nadie. Menos a los habitantes de un país pequeño, y que depende de las reglas internacionales para su sobrevivencia. Acá no hay dos posiciones.

Dicho esto, Maduro no es un jefe de estado cualquiera. Hablamos del cabecilla de una dictadura militar, y de un régimen que hace 26 años gobierna un país con mano de hierro, cometiendo todo tipo de violaciones a los derechos humanos. Esto lo confirmó hasta un estudio liderado por la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, o sea que nadie puede decir que sea una campaña de la derecha, o un complot del imperialismo. Por si fuera poco, hace poco más de un año cometió uno de los fraudes electorales más flagrantes que se hayan visto en décadas en la región. Maduro se declaró ganador, se negó a mostrar las actas que había prometido, y se sentó en el sillón presidencial "de pesado" gracias al apoyo militar, diciendo "de acá no me saca nadie".

Hay un tercer elemento clave para analizar esto. Nuestra región tiene un sistema político con decenas de organismos y mecanismos de interacción y salvaguarda democrática. Y tiene dos potencias subsidiarias, que por su escala y peso específico, operan como reguladores políticos regionales. Hablamos de México y Brasil, aunque como los mexicanos no suelen mirar mucho para el sur, es Brasil quien ha operado durante las últimas décadas como fiel de la balanza política regional.

En especial bajo los gobiernos de Lula, Brasil no ha sido tímido a la hora de ostentar su poder imperial clase B, como podemos dar fe los uruguayos, que cuando quisimos hacer un acuerdo con EE.UU., nos explicaron amablemente que no podíamos.

La cuestión es que todo el sistema regional, y en especial Brasil, tuvieron una actitud pusilánime, por no decir cómplice con Maduro y el chavismo. Si Lula hubiera golpeado la mesa cuando Maduro se robó la última elección, las cosas probablemente hubieran sido muy distintas.

Cuando las instituciones regionales fallan, cuando las potencias subsidiarias no cumplen su papel, y cuando un país de tu zona, que sabemos es el patio trasero de la mayor potencia global, se convierte en un foco que genera inestabilidad en todo el continente con la emigración masiva, con el tráfico de drogas, y permitiendo que potencias de fuera lo usen como hub de penetración regional... ¿qué creen que va a pasar?

Esto es como la gente que tiene síndrome de Diógenes, esas personas que acumulan basura frenéticamente en sus hogares. La propiedad privada es sagrada, y en tu casa hacés lo que querés. Pero si todo el barrio apesta porque juntás mugre sin control, un día te van a tocar la puerta y te van a sacar todo para afuera.

Ahora bien, también existe una exageración muy notoria, cuando mucha gente habla de que esto sería un quiebre sin precedentes en las reglas de juego global. Porque esas reglas siempre han estado basadas en el fondo, en la fuerza. Y han sido violadas una y otra vez en los últimos 50 años cuando convino a los países poderosos. Pasó en Irak, pero también en Chechenia, en el Tíbet, ni que hablar en Ucrania o Georgia, y muchos lados más. Ni que hablar en América Latina. ¿Se acuerda de los bloqueos que padecimos los uruguayos? ¿Eran "legales"? ¿Qué organismo regional nos defendió?

Hay mucha hipocresía y fallutez cuando se habla de estas cosas. Pero nadie combina mejor esos dos defectos que quienes habiendo defendido durante años a Venezuela, quienes se beneficiaron económicamente del expolio de la riqueza de sus ciudadanos, quienes siendo conscientes de los abusos y derivas autoritarias de ese régimen lo siguen defendiendo, ahora con argumentos de pseudo legalidad internacional. ¿Cuál era su alternativa para resolver la crisis venezolana por vías pacíficas e institucionales? Porque tuvieron muchos años para ponerlas en práctica.

Mujica, cuando el que manejaba la fuerza tosca y cruel era Maduro, decía con gesto canchero que "no hay que ponerse delante de las tanquetas". Lo mismo se aplica ahora, no hay que ponerse delante de Trump.

Ojalá el presidente Orsi se dé cuenta a tiempo.
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