Domingo, 11 de Enero de 2026

Las encontradas miradas desde Chile sobre Delcy Rodríguez y cómo la situación de Venezuela impactaría en el gobierno de Kast

ChileEl Mercurio, Chile 11 de enero de 2026

Canciller confrontacional, operadora y figura central del engranaje chavista, Delcy Rodríguez despierta lecturas opuestas entre personajes que trataron con ella desde Chile. Testimonios directos narran cómo habría forjado su poder, qué rasgos definen su estilo y por qué su figura divide miradas dentro y fuera de Venezuela, mientras analistas describen los posibles efectos de su ascenso en la próxima administración chilena.

Antes de convertirse en una de las figuras más poderosas del chavismo, Delcy Rodríguez era, para los venezolanos, la hija de Jorge Antonio Rodríguez, dirigente de izquierda que murió en 1976 bajo custodia de la entonces policía política venezolana. Tenía 34 años. Delcy tenía siete. Ese episodio -reivindicado durante décadas por el chavismo como símbolo de persecución política- se transformó en uno de los relatos fundacionales que marcarían su biografía pública y la de su hermano, Jorge Rodríguez, actual presidente del Poder Legislativo de ese país.
Abogada de formación, con estudios en Reino Unido y Francia, sus primeros contactos con el poder los hizo a través del mundo diplomático. A fines de los años noventa se desempeñó en la embajada de Venezuela en Londres, durante el segundo gobierno de Rafael Caldera, cuando Hugo Chávez aún era un actor en ascenso. Fue en ese circuito -más técnico que político- donde comenzó a consolidarse su trayectoria.
Con la llegada de Chávez al poder, y luego bajo el gobierno de Nicolás Maduro, ese recorrido se aceleró. Entre 2012 y 2014 fue ministra del Despacho de la Presidencia; entre 2014 y 2017, ministra de Relaciones Exteriores, cargo desde el cual se transformó en una de las voces más visibles y confrontacionales del régimen en el plano internacional. En 2017 asumió como presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente -el órgano creado en paralelo al Parlamento controlado por la oposición-; en 2018 pasó a ocupar la vicepresidencia ejecutiva, y más tarde la cartera de Hidrocarburos, una de las áreas estratégicas del Estado venezolano.
Ese ascenso da cuenta de que su poder lo fue construyendo desde el interior del Estado y no desde la política electoral, acumulando responsabilidades en los momentos más críticos del chavismo, hasta transformarse en la presidenta encargada del país caribeño y negociadora con Estados Unidos, tras la captura de Nicolás Maduro, el sábado pasado. Mientras, algunas versiones apuntan a que habría "traicionado" a Maduro.
Desde Chile -donde distintas figuras la conocieron como diplomática, como aliada política, como figura cuestionada desde el exilio y como representante dura del poder chavista-, su trayectoria es leída de maneras opuestas por quienes interactuaron con ella en el ejercicio del poder. No habría, para ellos, una sola Delcy, sino varias, construidas a partir de sus experiencias, y que permiten aproximarse a un personaje central hoy en Venezuela.
La contraparte que enfrentó Chile
Para la diplomacia chilena, Delcy Rodríguez no fue una figura distante ni una funcionaria más del engranaje bolivariano. Fue una interlocutora directa, con la que se cruzaron posiciones en algunos de los momentos más tensos de la relación bilateral entre Chile y Venezuela.
Quienes la trataron desde el Estado chileno coinciden en un primer rasgo: carácter. Durante su período como ministra de Relaciones Exteriores (2014-2017), Rodríguez se proyectó como una canciller frontal, poco dada a los matices y firmemente alineada con la defensa política del régimen de Nicolás Maduro. "Rodríguez reveló siempre una personalidad fuerte, leal al régimen y defensora de sus políticas, incluso de aquellas vinculadas a la represión de los derechos humanos", recuerda el excanciller Heraldo Muñoz.
Ese estilo no tardó en traducirse en fricciones. Para Muñoz, los intercambios con Rodríguez fueron "a menudo muy tensos", precisamente porque Chile había optado por una línea explícita de defensa de la democracia y los derechos humanos como principios que no podían relativizarse en nombre de la soberanía. En ese contexto, la canciller venezolana respondió no solo rechazando las críticas, sino elevando el tono del conflicto. En noviembre de 2016, tras cuestionamientos de Chile y Argentina a la situación interna venezolana, Rodríguez declaró públicamente: "Antes de hablar de Venezuela tienen que lavarse la boca, antes de pronunciar el nombre de nuestra patria", acusando además a Chile de violaciones a los derechos humanos y de brutalidad policial, en un ejemplo de su estilo.
Desde una posición institucional distinta, pero con una impresión similar, el exsubsecretario de Relaciones Exteriores Edgardo Riveros, quien también coincidió con Rodríguez en su etapa de canciller, la describe como una figura "ruda" y "muy frontal" en su forma de actuar. "Ejercía una cancillería empoderada", señala, subrayando que no se trataba de una ministra decorativa ni subordinada, sino de una autoridad con peso real dentro del aparato del Estado venezolano, particularmente durante la era Maduro.
Riveros recuerda que el trato con Venezuela se volvió especialmente complejo a partir de 2016, cuando el régimen de Maduro impulsó la creación de la Asamblea Nacional Constituyente en paralelo al Parlamento controlado por la oposición. Chile respondió llamando en consulta a su embajador en Caracas, otorgando refugio a opositores venezolanos en su embajada y sumándose luego al Grupo de Lima. En ese escenario, Rodríguez fue una de las principales voces encargadas de enfrentar y cuestionar la posición chilena, tanto en lo diplomático como en lo discursivo.
Más allá del contenido de esas controversias, ambas exautoridades coinciden en que el registro personal de Rodríguez no era el de una diplomacia relacional. "En el trato personal era amable, pero distante. No había mucho espacio para conversaciones sociales", recuerda Muñoz. Su presencia en cumbres y reuniones multilaterales estaba marcada por una lógica funcional: cumplir el encargo político, fijar posición y resistir presiones externas.
¿Poder propio o delegado?
Es en este punto donde la figura de Delcy Rodríguez comienza a dividir aguas de manera más nítida. Mientras su ascenso institucional es un hecho, no existe consenso sobre la naturaleza de ese poder ni sobre su autonomía real dentro del régimen chavista. Desde Chile, las interpretaciones se bifurcan con claridad.
Para Luis Manuel Marcano, quien fuera magistrado del Tribunal Supremo de Justicia venezolano, hoy asilado en Santiago, Rodríguez no emerge de una acumulación orgánica de poder, ni de una vocación política propia. "Su figura se construye desde la oportunidad, no desde un proyecto", sostiene. A su juicio, su fortaleza no está en decidir, sino en ejecutar; no en arbitrar, sino en transmitir. Una pieza confiable del engranaje, precisamente -dice- porque no disputa el centro de gravedad del poder.
Desde esa mirada, su protagonismo respondería a una necesidad funcional del régimen.
Esa ambigüedad es precisamente la que ha marcado la percepción chilena sobre su figura. Para quienes la enfrentaron desde la diplomacia, Rodríguez encarnó una línea dura, poco proclive a concesiones y firmemente alineada con el núcleo del poder. Para quienes la observaron desde la cercanía política, en cambio, su fortaleza radica en haber sobrevivido -y ascendido- en un sistema que fue cerrando espacios y concentrando decisiones. Dos lecturas distintas de una misma trayectoria.
En esa discusión, incluso entre quienes la critican, hay un punto de coincidencia: Rodríguez no es una figura improvisada. Su paso por la Cancillería, la Vicepresidencia Ejecutiva y el área de Hidrocarburos le permitió conocer los resortes más sensibles del Estado venezolano, desde la política exterior hasta el manejo económico y energético. Esa experiencia acumulada explica por qué su nombre se volvió recurrente cada vez que el régimen enfrentó momentos de máxima presión interna o externa. Para sus detractores, esa centralidad no equivale a liderazgo político; para sus aliados, en cambio, es precisamente la prueba de su peso real dentro del poder.
La lectura es diametralmente opuesta entre quienes, desde Chile, son aliados políticos del chavismo. Para Esteban Silva, cercano a Nicolás Maduro, Rodríguez es una dirigente "muy preparada, muy hábil y con carácter", cuya trayectoria no puede explicarse solo por delegación. A su juicio, la idea de que actúa como figura transitoria o subordinada es parte de una estrategia de desinformación externa. "Ella es una representante plena de este gobierno", sostiene, y descarta que esté operando como puente hacia una transición.
En una línea similar, el exsenador Alejandro Navarro plantea que Rodríguez encarna una continuidad histórica del chavismo, marcada tanto por su biografía personal como por su lealtad política. Para Navarro, su llegada a la jefatura del Estado -aunque sea de manera interina- no responde a una maniobra táctica, sino a un "deber histórico" frente a lo que considera una agresión externa contra Venezuela. Desde esa perspectiva, no hay quiebre ni ambigüedad: Rodríguez no administraría una transición, sino la persistencia del poder chavista.
"Las afirmaciones de 'encargada de transición' de Trump y Marco Rubio son una mentira de quienes tergiversan la realidad y la verdad a su antojo", dijo incluso Navarro en una reciente intervención en radio Biobío.
Excanciller Heraldo Muñoz: "Delcy reveló siempre una personalidad fuerte, leal al régimen y defensora de sus políticas, incluso de aquellas vinculadas a la represión de los derechos humanos".Ex-Subrei Edgardo Riveros: "Era muy frontal en su forma de actuar y ejercía una cancillería empoderada".Juez venezolano asilado en Chile Luis M. Marcano: "No decide: ejecuta. No arbitra: transmite. Es una pieza del engranaje precisamente porque no disputa el centro del poder".Exsenador Alejandro Navarro: "Delcy Rodríguez encarna una continuidad histórica del chavismo y un deber histórico frente a la agresión externa contra Venezuela".Esteban Silva, chileno cercano al chavismo: "Decir que actúa como figura transitoria o subordinada es parte de una estrategia de desinformación externa".
Excanciller Heraldo Muñoz: "Delcy reveló siempre una personalidad fuerte, leal al régimen y defensora de sus políticas, incluso de aquellas vinculadas a la represión de los derechos humanos".
Ex-Subrei Edgardo Riveros: "Era muy frontal en su forma de actuar y ejercía una cancillería empoderada".
Juez venezolano asilado en Chile Luis M. Marcano: "No decide: ejecuta. No arbitra: transmite. Es una pieza del engranaje precisamente porque no disputa el centro del poder".
Exsenador Alejandro Navarro: "Delcy Rodríguez encarna una continuidad histórica del chavismo y un deber histórico frente a la agresión externa contra Venezuela".
Esteban Silva, chileno cercano al chavismo: "Decir que actúa como figura transitoria o subordinada es parte de una estrategia de desinformación externa".
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