Rezago presupuestal, cuenta paralela que presiona al fisco
Mientras el país discute cada año el tamaño del Presupuesto General de la Nación y el ritmo de su ejecución, en medio de las fuertes presiones fiscales que no ceden, en los últimos días se conoció un informe publicado por el Banco de la República en los que se advierte de los impactos del rezago presupuestal, una parte clave de la historia fiscal suele quedarse por fuera del foco público
Mientras el país discute cada año el tamaño del Presupuesto General de la Nación y el ritmo de su ejecución, en medio de las fuertes presiones fiscales que no ceden, en los últimos días se conoció un informe publicado por el Banco de la República en los que se advierte de los impactos del rezago presupuestal, una parte clave de la historia fiscal suele quedarse por fuera del foco público. Este análisis, realizado por Hernán Rincón y Steven Zapata, explica que el Estado no ejecuta un solo presupuesto, sino dos, porque a la vigencia en curso se le superpone una cuenta heredada de compromisos y obligaciones de años anteriores que se convierte en una fuerte presión, que hoy en día se sigue sintiendo. En este sentido, la advertencia pone sobre la mesa que aunque el Presupuesto Nacional es el instrumento legal que autoriza el gasto, no siempre permite ver con claridad las presiones que se trasladan de un año al siguiente y subraya que presupuesto y balance fiscal se parecen, pero no son lo mismo, y por eso "no se conectan de forma directa" como muchas veces se asume en el debate público. Esa brecha metodológica, que mezcla caja, devengo y ajustes extrapresupuestales, es donde el rezago adquiere protagonismo. Para entenderlo, el documento parte de un principio que parece obvio, pero cambia la conversación frente a que comprometer recursos no equivale a pagarlos y que la ejecución del presupuesto sigue una cadena en la que primero se aprueban apropiaciones, luego se adquieren compromisos, después se causan obligaciones y finalmente se realizan pagos. En esa secuencia, el rezago se forma cuando una vigencia termina sin que todos los compromisos hayan llegado al punto de pago. Los investigadores definen este rezago como la suma de "reservas presupuestales" y "cuentas por pagar", figuras que capturan, por caminos distintos, aquello que ya quedó amarrado en el gasto pero aún no se desembolsa. Lo decisivo es que esa cuenta no desaparece con el cierre del año fiscal, sino que se traslada y se ejecuta después. Cuentas pendientes Cabe recordar que las reservas presupuestales corresponden a compromisos que se adquirieron dentro de la vigencia, pero que no alcanzaron a convertirse en obligación exigible antes del cierre; mientras que las cuentas por pagar reflejan obligaciones ya causadas, es decir, gastos que sí quedaron listos para pago, pero que no se giraron en ese mismo año. Ambas componen el rezago y explican por qué el Tesoro puede estar pagando hoy compromisos que nacieron ayer. El texto va más allá de la descripción y pone una alerta institucional de fondo: las reservas, a diferencia de las cuentas por pagar, no se registran como pasivo en el balance, sino que se mantienen en "cuentas de orden", lo cual genera tensiones de comparabilidad con la contabilidad pública y con las cuentas nacionales. Esa complejidad no es un asunto menor para un país que opera con márgenes estrechos de liquidez como Colombia, donde los autores del informe sostienen que "se ejecutan dos presupuestos al mismo tiempo", porque a los pagos del año se les suma la necesidad de cubrir rezagos acumulados, lo que implica que una porción de la caja se destina a cerrar cuentas pendientes antes de desplegar la agenda de gasto fresca de la vigencia. Ejemplos del pasado El borrador también pone un ejemplo duro de esa fricción y cuenta que en 2024, señala, "se perdió el 27% de las reservas generadas en 2023"; lo cual demuestra que no todo lo comprometido termina materializándose como gasto ejecutado o pagado, ya sea por trámites, cambios administrativos o fallas de programación y ejecución. Es decir, detrás de cada debate sobre inversión pública y ritmo de gasto hay una capa de rezagos y pérdidas que puede frenar la efectividad del presupuesto. La discusión se vuelve aún más relevante cuando se intenta cruzar el Presupuesto con el balance fiscal del Gobierno Nacional Central, que es la medida que suele dominar el debate sobre déficit; por lo cual se insiste en que el balance fiscal es "una medida híbrida" y por eso no se puede leer como una copia del PGN. Esa diferencia explica por qué, en ciertos momentos, se puede observar un presupuesto alto pero una ejecución de pagos menor, o al revés, un nivel de pagos elevado por cuenta de rezagos sin que ello corresponda a gasto nuevo. Dicha lectura cobra fuerza con un cambio que el texto destaca como decisivo al señalar que entre 2000 y 2007, la variación del rezago usada en el balance fiscal consideraba tanto reservas como cuentas por pagar, pero desde 2008 el cálculo oficial excluyó reservas. En la práctica, el balance fiscal reportado por el Gobierno parte de "operaciones efectivas de caja" y después incorpora ajustes que lo separan del PGN; por lo se recuerda que allí aparecen elementos como la variación de cuentas por pagar, el préstamo neto del Gobierno al resto del sector público y de ajustes ligados a la deuda como la indexación de los TES UVR.