Domingo, 18 de Enero de 2026

Gustavo Hernández, el director de La casa muda tiene nueva película: El terror es difícil y resistido

UruguayEl País, Uruguay 18 de enero de 2026

Después de presentarla mundialmente en los más prestigiosos festivales del género, Hernández estrena en cines uruguayos este jueves, "El susurro" con Luciano Cáceres como un vampiro y otros monstruos aún más peligrosos

Seleccionada para la competencia en el festival de Sitges, el más importante del mundo para el cine de terror y fantástico y con premios en festivales (el Buenos Aires Rojo Sangre, el Macabro mexicano): así ha sido recibida El susurro, la sexta película del uruguayo Gustavo Hernández que se estrena este jueves en cines.


Desde La casa muda hasta ahora, Hernández construyó una carrera sólida con películas como Virus 32 y Dios local y hoy es uno de los directores latinoamericanos más reconocidos en el género de terror. El susurro es una de vampiros con Luciano Cáceres, sobre dos hermanos que se esconden de su padre en una casona con vecinos feísimos y asesinos.

Sobre cosas así, El País charló con Hernández.

https://www.youtube.com/watch?v=9zdTknXPT88
En Variety escribieron sobre El susurro que ahora usted tiene más presupuesto y empieza a notarse. ¿Lo siente así?

No tanto. Los presupuestos siempre son una pelea. Yhacer películas un poco más arriesgadas, implica presupuestos más riesgosos. Hay que encontrar un equilibrio entre los productores y lo que necesita la dirección y por eso siempre estás negociando semanas de rodaje, recursos, tiempos.

Pero los bajos presupuestos suelen ser casi una condición del cine de terror, habilita la imaginación.

Nunca lo viví como algo que me detenga. Ojalá algún día tenga un presupuesto enorme, claro, pero, sí, la falta de dinero te obliga a buscar otros caminos, y a veces esos caminos son más interesantes que los tradicionales. Un caso es La casa muda. El susurro se hizo como tenía que hacerse.

¿Cómo está el negocio?

Filmar es cada vez más complicado: los recursos están más acotados y las plataformas, que son una forma de medir como viene el mercado, frenaron un poco la producción para concentrarse más en proyectos grandes o en series. En una época, una plataforma hacía 100 películas de un millón de dólares y ahora capaz que hacen tres de 30 millones.

¿Cómo llega a esta historia de vampiros?

Vengo de una familia de seis hermanos y hace tiempo quería hacer una película sobre la hermandad. Pero está arrancó con una anécdota. Un día, trabajando con Juma (Fodde Roma, coguionista), me cuenta que su gato volvía siempre con un olor terrible. Pensó que se metía en una casa abandonada lindera y se le ocurrió ponerle una camarita para ver qué había que le dejara ese olor. No era nada terrorífico pero de ahí nació la idea del plano subjetivo del gato. A partir de esa escena y lo de los vínculos de los hermanos empezamos.

¿Cómo fueron trabajando el guion?

Al principio era una película más lineal, pero algo no cerraba. Ahí apareció la idea de mezclar géneros, algo que siempre me gustó. El terror tiene ese costado fantástico que puede convivir con una realidad muy cruda. La película empieza de manera muy realista y después va desviándose, desconcertando al espectador. Eso es algo que como público, me encanta.

En ese sentido, en el medio hay un escena que realmente impacta...

Sí, en festivales es tremendo: la gente grita, se enfervoriza. En el festival Rojo Sangre Argentina, atrás mío un hombre con aspecto de motoquero gritó "No, qué es esto, qué estoy viendo". Y en Sitges enCataluña, donde fue el estreno mundial, los gritos eran increíbles.

Para un director de terror, eso es como para un comediante hacer reír, supongo..

Sentís que el público está adentro de la película, que le importa lo que pasa. Si no te importan los personajes, no te importa lo que ocurre. Acá los vínculos son los que empujan la trama hasta el final.

¿Cómo trabaja un género tan lleno de convenciones?

Después de seis películas, el desafío es no repetirse y sorprender a un público que ya vio de todo, sobre todo el del terror, que conoce muy bien las reglas. Entonces hay que romperlas. Muchas veces se trata de jugar con la expectativa: donde el espectador cree que va a venir el susto, no viene, y aparece en otro lado. Se coreografía mucho en la puesta en escena, con la cámara, los actores y el ritmo. Los planos más largos y secuenciales, sin tanto corte, hacen que el espectador entre más en la escena porque siente que el tiempo es real.

¿Qué aprendió después de tantas películas?

Que lo primero es sorprenderme a mí mismo y evitar los lugares comunes. También aprendí a pensar desde el guion en cosas que sean interesantes y posibles de hacer. Hay cosas que ya no tengo ganas de filmar: cosas que ya hice y los resultados no fueron buenos. No hablo de resultados comerciales todas mis películas funcionaron, sino de una búsqueda personal. Me interesa experimentar, y eso en esta película fue clave. Por eso es multiformato y multigénero. Además, me interesa que en lo fantástico haya una sensación de realidad. Siento que es una de mis mejores películas porque me permitió mucho juego.

Algunos críticos internacionales han definido a El susurro como folk horror. ¿Le parece que es así?

No escribo pensando en etiquetas. Las películas se hacen y otros las nombran. Esta como es en las afueras y tiene cosas de leyendas, puede ser sí, pero no fue una decisión previa.

¿Cómo está el terror en Uruguay?

No hay mucho. Es un género difícil y resistido, aunque a nivel mundial está funcionando y por eso mis películas viajan a las plataformas y a todo el mundo. Es un género que te permite decir muchas cosas. Permite trabajar el drama, lo onírico, incluso el humor. Y el público del terror hoy exige más, no quiere ver lo mismo que hace 30 años. Hay una evolución en el lenguaje audiovisual para decir lo que tenemos para decir.

Y en ese sentido, ¿de qué habla El susurro?

Hay un montón de cosas solapadas. Lo inevitable de la herencia de la sangre, y todo está enmarcado en un carnaval que no se ve pero se nombra y que es un antifaz para ocultar lo que en un momento se hace inevitable mostrar quiénes somos realmente. El género, te permite investigar por diferentes ramas. Y el público agradece esas profundidades.

El susurro tiene potencial de secuelas ¿Pensó en eso?

Cuando Luciano Cáceres vio la película terminada me dijo "hay que hacer una segunda parte". No lo había pensado la verdad pero todo puede ser.
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