Toda una sociedad de consumo
No está de más recordar que el aumento del mínimo beneficia
a una proporción minoritaria
de la población trabajadora, pero que eventuales alzas de precios afectan a todos
No está de más recordar que el aumento del mínimo beneficia
a una proporción minoritaria
de la población trabajadora, pero que eventuales alzas de precios afectan a todos.
Ricardo ávila pinto - especial para el tiempo @RAVILAPINTO
Analista sénior
Basta darle una mirada a los titulares de prensa recientes para concluir que la coyuntura actual es compleja. En el frente internacional, los sucesos en Venezuela e Irán o las amenazas sobre Groenlandia hacen pensar que el año será muy agitado. A nivel local, la mezcla de campaña electoral y turbulencias internas de otra índole le ocasiona ansiedad a más de uno. La impresión de que vienen sobresaltos se extiende a la economía. Aparte de lo que pueda suceder en el ámbito global, las advertencias que se emiten respecto a Colombia están a la orden del día. Tanto entidades multilaterales como firmas calificadoras de riesgo señalan desequilibrios al alza que afectan el clima de inversión. Los expertos hablan de la difícil realidad fiscal ocasionada por una política de gasto que más de uno califica de irresponsable. Para suplir el faltante en las cuentas públicas se hacen emisiones de deuda con un costo que supera el de épocas anteriores, lo cual le acabará poniendo más presión al erario en un futuro no muy lejano. Por otra parte, el alza en el salario mínimo se convirtió en un dolor de cabeza para empresas de todos los tamaños. Cómo evitar que el valor de la nómina se dispare es la pregunta recurrente por estos días, algo que en múltiples casos lleva a que se hable de "optimización de la planta de personal", un eufemismo que sirve para evitar la mención de recortes o eliminación de vacantes. Sin embargo, tal parece que las mayores inquietudes no se extienden a la ciudadanía. Esa es la impresión que nace al observar que el índice de confianza del consumidor (ICC), que elabora Fedesarrollo, alcanzó en diciembre su nivel más alto desde 2014. Exultante, Gustavo Petro escribió en X: "cada vez más confianza entre la sociedad colombiana, cada vez más confianza del mundo con Colombia". Hacia arriba Si bien la tendencia a la mejoría forma parte de un proceso que lleva cerca de tres años, el verdadero repunte del indicador comenzó a observarse desde septiembre pasado cuando entró en terreno positivo. El cambio de signo se consolidaría en los meses siguientes hasta llegar a casi 20 puntos al cierre de 2025. Vale la pena recordar de dónde sale la calificación. Esta combina, a través de encuestas, dos miradas con focos diferentes expresadas en cinco preguntas. De un lado, las condiciones económicas actuales y, del otro, las expectativas con miras al porvenir cercano. Al aplicar el sondeo se obtiene un balance entre contestaciones positivas y negativas, tras restarles las segundas a las primeras. Así, ante el interrogante de "¿Cree usted que a su hogar le está yendo económicamente mejor o peor que hace un año?", el saldo se acerca a 19 por ciento y supera en más de 25 puntos porcentuales al registrado a finales de 2024. Y cuando el lente se proyecta a si dentro de doce meses la persona entrevistada considera que estará mejor a título individual o familiar, el neto sube a 46 por ciento. Otras consultas de carácter más general muestran una progresión notable. Todo ello quiere decir que en una buena parte de los colombianos hay una gran satisfacción con el presente y optimismo ante lo que viene. Como esa lectura suena contraevidente en comparación con lo que dicen las noticias y los analistas, surgen las explicaciones de esa aparente incoherencia. Una primera hipótesis es que la gente mira lo que pasa en otras latitudes y concluye que no estamos tan mal como se dice. Aparte de casos críticos como los de Gaza o Ucrania, el mensaje desde los países más ricos es de tensiones y controversias. Por ejemplo, en Estados Unidos las redadas en búsqueda de migrantes ilegales y los choques de las autoridades federales con quienes se oponen a su presencia, envían un mensaje de zozobra, en especial a los latinoamericanos. "Aquí estoy bien en mi tierrita", dice Gustavo Pérez, un tendero en el barrio la Candelaria, en el centro de Bogotá. Otra explicación es la que da Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo. Para el experto, "la situación de los consumidores en general está bien: bajo desempleo, al igual que un nivel de endeudamiento manejable con una carga financiera estable o en descenso, lo que les permite adquirir bienes". Añade que "los problemas de incertidumbre acerca de la economía vienen del lado macro que a muchos no les importa". Debido a ello, hablar de la urgencia de ordenar las finanzas públicas es algo que suena lejano. Por más importante que les parezca a algunos, incumplir la regla fiscal no es algo que le quite el sueño a la mayoría. Eso sin negar que "el ciudadano que ve más allá de su bolsillo sabe que se viene un inmenso ajuste", agrega Reina. Tampoco se pueden desconocer otros elementos. "Muchas personas creen que el dólar define la economía", subraya Camilo Herrera de la firma Raddar. "Entonces si la tasa de cambio empieza a caer, como ha sido el caso desde finales del año pasado, la percepción mejora", sostiene. Tales elementos son importantes para mantener vigoroso el que se describe apropiadamente como el gran motor del crecimiento: el consumo. De acuerdo con José Ignacio López, presidente de Anif, el gasto de los hogares equivale al 77 por ciento del Producto Interno Bruto en Colombia, bien por encima del 62 por ciento de Chile o del 66 por ciento de Perú. Parte de esa realidad tiene que ver con una propensión a ahorrar relativamente baja, aunque también está relacionada con el comportamiento de los ingresos personales. A este respecto, las estadísticas disponibles muestran que la remuneración de los asalariados ha venido ganando terreno, algo que respondería a las mayores cifras de personas ocupadas. No obstante, también es notable que lo que se conoce como los ingresos mixtos, una categoría que incluye, por ejemplo, a quien es a la vez dueño y empleado de su pequeño negocio, vienen al alza. Otro elemento importante son las transferencias que ya representan más de una décima parte de lo que reciben los hogares. Ambos capítulos reflejan circunstancias concretas. El año pasado fue bueno para más de medio millón de familias cafeteras, pues aparte de que la producción del grano se mantuvo arriba, el valor de la carga llegó a su punto más alto de la historia en el primer semestre. A su vez, las remesas que envían los colombianos que viven en el exterior alcanzaron un máximo histórico en 2025, dándole un empujón a la capacidad de compra de cientos de miles de hogares. No faltan claro, quienes sostienen que la ilegalidad también tiene su parte en el asunto ante el aumento de la producción de cocaína o del precio del oro, que en su mayoría viene de explotaciones informales. Los cálculos varían, pero en cualquier caso esos recursos se tasan en varios miles de millones de dólares anuales. Lo que viene Sea como sea, los observadores debaten si la mejora en la confianza del consumidor se traducirá en hechos concretos, como ventas adicionales para el comercio. Para citar un caso, la encuesta de Fedesarrollo muestra que ahora es mayoritaria la proporción de personas que considera que este es un buen momento para comprar muebles y electrodomésticos, mientras que para la adquisición de vehículos el ambiente mejoró mucho. Por cuenta de esas señales podría pensarse que la actividad productiva continuará con buenos números en los meses que vienen y más si el dólar se mantiene por debajo de los 3.700 pesos, como sucedió la semana pasada. Al respecto hay división de opiniones pues mientras unos consideran que hay una especie de viento de cola que seguirá soplando por varios meses, otros advierten que las últimas señales no son las más propicias. "Pienso que este indicador ha perdido terreno en lo que corresponde a predecir lo que gasten los hogares, entre otras razones porque la realidad es muy volátil y las actitudes pueden cambiar con rapidez", sostiene Camilo Herrera. Factores clave como el fuerte incremento en el salario mínimo, dice, tenderán a alterar la fotografía. "Cuando la gente vea que no puede comprar carro y moto porque subieron los precios y las tasas de interés están más altas la historia será otra", concluye. También están por verse otros coletazos de las decisiones gubernamentales recientes. Un eventual aumento en la tasa de desempleo motivado por recortes de personal o el impacto del paquete tributario, adoptado al amparo de la figura de la emergencia económica, sobre la marcha del sector privado son vistos como amenazas factibles. A lo anterior se suma una posible aceleración del ritmo inflacionario que golpearía los ingresos reales. No está de más recordar que el aumento del mínimo beneficia a una proporción minoritaria de la población trabajadora, pero que eventuales alzas de precios afectan a todos. No menos importantes son las consecuencias de la revaluación del peso en relación con los ingresos de los exportadores. La semana pasada Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, comentó en X que "solo por efecto cambiario cada carga ha perdido del orden de 500.000 a 550.000 pesos frente a lo que habría recibido el productor hace un año". También el poder adquisitivo de quienes reciben remesas se ha reducido por la misma causa. Tales señales de alerta conducen a una discusión de mayor calibre. "Urge un cambio en el esquema de reactivación", expresa José Ignacio López de Anif. Agrega que "este modelo de crecimiento basado en la fortaleza del consumo probablemente no va a ser sostenible" y menos si dentro de un tiempo cercano las finanzas públicas tienen que apretarse el cinturón, algo que impactaría la demanda interna. Lo anterior no quiere decir necesariamente que la economía colombiana se vaya a ir por el despeñadero en caso de que los hogares colombianos decidan cerrar sus billeteras. Sobre el papel un rebalanceo es posible si la posta del consumo es remplazada parcialmente por otra. Tener una mayor inserción en los mercados internacionales forma parte de las asignaturas pendientes para lograr un crecimiento saludable y sostenido. Hay señales alentadoras recientes en lo que atañe a exportaciones agrícolas, pero todavía falta mucho por hacer en un país que está muy lejos de alcanzar su potencial en este y otros campos, entre otras porque se requieren reglas de juegos estables y compromisos que trasciendan la voluntad de la administración de turno. De vuelta a los cálculos de Anif, la formación bruta de capital fijo que representó el equivalente del 17 por ciento del Producto Interno de Colombia entre el tercer trimestre de 2024 y el segundo de 2025, fue del 23 y 24 por en ciento en Chile y Perú, respectivamente. En caso de crearse las condiciones adecuadas para que la actividad empresarial tome un nuevo aire habría cómo seguir avanzando. "Un gobierno que haga una corrección gradual y estimule la inversión privada puede hacer la magia de evitar un ajuste recesivo", opina Mauricio Reina. Conseguir un reacomodamiento como el que se propone no es sencillo, pero sí deseable. Como sucede en buena parte del mundo, el consumo interno seguirá siendo un factor clave en la ecuación de la buena salud económica, pero vale la pena recordar que son más estables las estructuras que se apoyan en varias columnas y no en una sola. Puesto de otra manera, la confianza de los hogares es una condición favorable pero no suficiente para asegurar un progreso que nos seguirá resultando esquivo si no sabemos enmendar la plana en forma adecuada. Solo los vehículos con tracción en más de una rueda logran superar los obstáculos. Y Colombia no es la excepción a esa norma.