"Gloria del Canto": Ópera y farándula en tiempo real
"Gloria del Canto" llega al Teatro del Lago como un espectáculo que apuesta por actualizar la ópera a través de un lenguaje audiovisual contemporáneo
"Gloria del Canto" llega al Teatro del Lago como un espectáculo que apuesta por actualizar la ópera a través de un lenguaje audiovisual contemporáneo. Bajo la dirección escénica de María Izquierdo y Claudia Yolín -quienes despliegan una visualidad especialmente atractiva- la puesta en escena se beneficia del uso constante de cámaras, códigos QR, proyecciones simultáneas y un ritmo marcado por la lógica del directo televisivo. Todo esto genera la sensación de que la obra ocurre frente a nosotros en tiempo real, con una inmediatez que busca replicar la urgencia propia del mundo de la farándula, que es justamente el blanco satírico del montaje.
La dirección articula un dispositivo visual que funciona como una superposición de capas: lo que se dice en escena, lo que se amplifica a través de las cámaras, lo que se proyecta en vivo y lo que el público puede consultar desde su teléfono. Izquierdo consigue una visualidad coherente con esta multiplicidad de lenguajes contemporáneos, enriquecida por el diseño lumínico y por la maqueta del set televisivo -con versiones miniaturizadas de los personajes- que aporta además un componente lúdico y crítico. La estética del set no solo funciona como marco, sino como metáfora del propio objeto satirizado.
En lo musical, la partitura de Sebastián Errázuriz, estrenada en 2013, presenta momentos de interés expresivo, especialmente en los breves interludios escritos para cuerdas graves, donde se condensa una atmósfera más introspectiva. La línea vocal se muestra generalmente fragmentaria, más orientada a la declamación rítmica que a un desarrollo melódico de mayor aliento. Esta opción se alinea con un libreto (Felipe Ossandón) escrito en un registro coloquial, rápido, divertido y por momentos deslenguado. El texto adopta los códigos del programa de farándula con suma eficacia, aunque se echa de menos la presencia de una voz interior que permita acceder al plano más íntimo de los personajes y complemente el humor con un relieve emocional mayor.
El elenco está encabezado por la soprano Paulina González en el rol titular, acompañada por Jessica Rivas, Natalia Vilches y Nicole Galleguillos, todas ellas afrontando con convicción un material que exige agilidad vocal y, sobre todo, fuerte presencia escénica. La voz robusta y bien proyectada del barítono Javier Weibel constituye uno de los pilares musicales de la producción. En conjunto, los cinco cantantes exhiben un notable compromiso teatral, fundamental para sostener el dispositivo performativo del montaje, que demanda no solo canto sino actuación, ágil uso de cámaras y ritmo, en diálogo con públicos menos habituados al repertorio lírico tradicional.
Este proyecto destaca, además, por la convergencia de equipos creativos y técnicos de MusicActual, Teatro del Lago y Teatro Biobío, así como por la incorporación de jóvenes cantantes surgidos del reciente Opera Studio. Esa articulación se inscribe en una voluntad de explorar nuevas formas de ópera y de incorporar lenguajes audiovisuales contemporáneos, situando dicha búsqueda en un escenario como el Teatro del Lago, que cuenta con condiciones excepcionales y una vocación creciente de abrirse a públicos diversos y de dinamizar la creación nacional más allá de los circuitos tradicionales.