Martes, 20 de Enero de 2026

El éxodo de los montevideanos

UruguayEl País, Uruguay 20 de enero de 2026

El lento pero implacable proceso de vaciamiento de la capital del país, empezó hace unos años, cuando los primeros intendentes frentistas no entendieron lo que estaba pasando.

La noticia publicada en este diario el viernes pasado es sencilla: "los inversores privados inmobiliarios ponen el ojo en Canelones" y explica que, entre otras cosas, la Intendencia de Canelones es muy expeditiva para dar permisos de construcción.

Este fenómeno se observa principalmente en la Ciudad de la Costa, y las zonas más cercanas a Montevideo. Parece haber una preferencia por estar cerca de la capital, pero no dentro de ella. Según el informe, los promotores privados invertirían este año cerca de 1.000 millones de dólares en vivienda privada.

Esto confirma algo que el reciente censo puso en evidencia: cada vez más gente prefiere irse de Montevideo y vivir en otro lado. El crecimiento de población en departamentos como Canelones y Maldonado, lo demuestran. Y si bien en Maldonado parte de ese crecimiento es por la venida de argentinos, también muchos montevideanos han optado por radicarse allí.

No es que en Montevideo no haya habido un boom en la construcción. En varios barrios creció el número de edificios de apartamentos, todos muy modernos con diversos servicios incluidos, quizás para compensar el diminuto tamaño en lo que es estrictamente la vivienda.

Aun así, la gente sigue buscando en Canelones lo que no le gusta en Montevideo y la Intendencia canaria, advertida de esa tendencia, estimula la construcción siendo más expeditiva en el otorgamiento de permisos. En otras palabras, es consciente de que mucha gente quiere acercarse a su departamento y está dispuesta a acompañar ese proceso impulsando su desarrollo.

Eso solo es mucho más de lo que hace la Intendencia de Montevideo. Desde hace décadas parece obstinada en llevar adelante el tipo de políticas que ahuyenta a los montevideanos, en lugar de arraigarlos, y eso beneficia a Canelones y Maldonado y también a San José.

Va quedando en la capital la gente que está conforme con vivir en medio de la suciedad y el deterioro y los que por una u otra razón no están en condiciones de mudarse y son rehenes de esta situación.

La poca expectativa que pudo haber generado la elección de Mario Bergara ya empezó a deshilacharse, a estar por lo que dicen las encuestas. Es que tras 35 años de gestión frentista, cada una peor que la otra, no era un cambio de nombre lo que se necesitaba, era una decidido cambio de pisada.

Es que el lento proceso de vaciamiento empezó hace unos años, cuando los primeros intendentes frentistas no entendieron lo que estaba pasando. La gente prefería mudarse a la Ciudad de la Costa, pese a que en esa época no tenía saneamiento ni calles pavimentadas. Cuando ese problema estuvo a punto de convertirse en un desastre, empezó el lento y costoso proceso de construcción y extensión del saneamiento en las distintas zonas de la Ciudad de la Costa.

En el caso de Maldonado, las cosas fueron diferentes. Para empezar, Punta del Este ya cuenta con una infraestructura urbana más sofisticada. En todo caso, debe estar atenta a una permanente actualización en la medida que crece su población, tanto permanente como de temporada. Hay algunas realidades que crujen, como la necesidad de un impulso a su rediseño vial para evitar los increíbles nudos de tránsito que se dan a ciertas horas en determinados puntos.

Lo cierto es que otros lugares crecen y mejoran y Montevideo no. Lo poco y bueno que hay es gracias al impulso privado, no al esfuerzo municipal, que siempre parece correr de atrás. Quizás en el período de Daniel Martínez se impulsaron obras impostergables (Camino Belloni y tramos de las avenidas Italia y Luis Alberto de Herrera, entre otras) pero ante el atraso que hay en infraestructura urbana, no fue suficiente.

Sucia, mal cuidada, mal atendida, pintarrajeada, Montevideo dejó de ser una ciudad que pueda lucirse ante los turistas y por eso, estos optan por ir a Colonia o al Este y pasan de largo por la capital. Para quienes vivimos en ella, se ha vuelto un lugar hostil.

Como desde 1990 todos los intendentes han sido frentistas, cada uno recibe el legado de su antecesor, pero siendo correligionarios nadie recurre al manido cuento de "la herencia maldita". Siempre la hubo y Bergara también recibió la suya, que es enorme dada la facilidad de su antecesora para derrochar recursos públicos. Se quedó sin plata y está atado de pies y manos.

Por eso decreta nuevas medidas que solo sirven para recaudar, y ni así es suficiente. Mientras tanto, el éxodo a los departamentos vecinos no se detiene.
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