AM-DM
Miguel Gómez Martínez
La historia de la construcción civil en Colombia se divide en antes del metro (AM) y después del metro (DM) de Bogotá
Miguel Gómez Martínez
La historia de la construcción civil en Colombia se divide en antes del metro (AM) y después del metro (DM) de Bogotá. Esta obra, que se propuso por primera vez en 1942 y fue aplazada durante décadas, está demostrando que se pueden construir infraestructuras complejas y monumentales, con eficiencia y celeridad. A pesar de la decidida oposición del gobierno nacional, la primera línea avanza y empieza a cambiar la cara de una ciudad de 8 millones de habitantes que tiene un gravísimo problema de movilidad. De seguir al ritmo actual, es probable que a finales de 2027 empecemos a ver rodar los primeros trenes. Son muchas las lecciones que tenemos que aprender de este caso. La primera es que, en ingeniería, como en tantos otros temas, los chinos han roto los paradigmas tradicionales. El metro, una obra de alta complejidad, ha demostrado que planeación y tecnología son indisociables de eficiencia y eficacia. Mientras las obras civiles colombianas se construyen a una lentitud pasmosa, la infraestructura del metro ya es parte del entorno de varias localidades de la ciudad. El proyecto contó, desde el inicio, con una sólida gerencia de proyecto con un seguimiento permanente del cumplimiento de las metas. Los financiadores de la obra han estado encima del cronograma para evitar que, como en tantos otros proyectos, los retrasos se acumulen y el riesgo de convertirlo en un elefante blanco se consolide. También, como debería ser en todas las obras públicas, el sistema de incentivos para el constructor fue bien diseñado lo que explica que la obra esté en un 70 por ciento de ejecución. La tecnología es la clave de esta eficiencia. El patio taller del sur es una fábrica en la que pilotes, vigas, columnas y estaciones son fabricados previamente lo que agiliza la construcción. Las gigantescas grúas, donde ondea el pabellón chino, son la prueba de que hay un modelo técnico de primer mundo. Nada parecido a los kilómetros de poli sombras que tapan a las escasas y pequeñas cuadrillas de obreros que, con sistemas tradicionales y rudimentarios, caracterizan las obras públicas en Colombia. Los chinos han dejado en evidencia que muchos de nuestros sistemas de construcción son obsoletos y que la ingeniería moderna sí puede resolver desafíos técnicos con eficiencia. Mientras la China ha modernizado su país con infraestructuras que desafían la imaginación (los invito a que busquen en YouTube, "maravillas de la ingeniería china"), Colombia arrastra décadas de retraso en este campo que explica, en buena medida, nuestra falta de productividad y competitividad. Coletilla: Señor alcalde, mientras tanto la avenida 68 romperá el récord mundial de ineficiencia constructiva generando colosales pérdidas económicas y de productividad a la ciudad. Avanza a ritmo de catedral medieval. Quienes han sido responsables de este monumental fracaso no deberían nunca poder volver a poder contratar con el Estado. Pagamos impuestos, tenemos derecho a exigir.
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