La Nación, Costa Rica
22 de enero de 2026
La dinámica del antidebate de TD Más fue tan ágil y agradable que, honestamente, si yo fuera candidato presidencial y no me hubieran sumado a este encuentro, habría sentido lo que en inglés llaman FOMO (Fear of Missing Out), o lo que en español bien podríamos traducir como DMQDQNMI: Dios mío, qué dolor que no me invitaron.
El miércoles por la mañana, la gran mayoría de candidatos presidenciales no pudo disfrutar bien de su desayuno. El café les supo amargo y no existe un cereal suficientemente azucarado como para que les endulzara el panorama electoral reflejado en la última encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR).
No será este el espacio para diseccionar los números de la encuesta, pero entendería si cualquier candidato no-oficialista, inclusive, se brincó la comida y masticó el almuerzo con dificultad.
Por la noche de ese mismo miércoles, cuatro de esos candidatos se sentaron juntos a la mesa. No fue un espacio para lanzar consignas ni para repetir frases de vallas publicitarias, sino un espacio que funcionó como válvula de escape: hubo risas, confesiones, momentos de humildad y conversaciones sin la tensión habitual de los contrincantes de papeleta.
Los candidatos se vieron tan humanos como nunca antes en esta contienda; hasta parecían personajes de otro cuento.
La dinámica fue posible gracias al canal TD Más, que decidió apostar por una idea tan simple como no hacer un debate. Lo llamaron, con honestidad, "Antidebate - sepamos ser libres".
Fiel al título, el formato liberó a los invitados de los formalismos y de la confrontación. De paso, liberó también a la audiencia del ejercicio repetitivo que otros espacios similares. Ah, y también nos liberó de algunas figuras no tan agradables que ya vimos suficiente estos días. No hubo tiraderas, no hubo reproches, no hubo toxicidad. Así que, efectivamente, supimos ser libres.
Cuatro invitados
El antidebate contó con la participación de Álvaro Ramos (PLN), Juan Carlos Hidalgo (PUSC), Claudia Dobles (CAC) y Ariel Robles (FA). El cuarteto estaba bien iluminado, y no hablo de seres de luz, sino de un juego de focos que los recortaba con claridad frente a un set deliberadamente oscuro, casi confesional.
El único ser vivo adicional al que escuchamos durante la transmisión fue el periodista Antonio Jiménez, quien intervino con sobriedad para marcar el inicio y el cierre de los bloques. Ejerció como narrador omnisciente, sin interferir en la trama.
Durante poco más de dos horas, los cuatro hablaron de lo banal y de lo político, a veces trazando líneas invisibles entre un universo y otro. Fueron afables, vacilones y, cuando por momentos se pusieron medio técnicos, regresaron rápido a un lenguaje llano y digerible.
En el coloquio compartieron emociones e intercambiaron proyectos. "Yo sé que usted tiene una propuesta para hablar de este tema", "usted tiene gran experiencia en esto", se decían con naturalidad.
En un momento en el que estuvo a punto de escucharse un arpa romántica, se piropearon anuncios de campaña como quien comenta un buen gol ajeno. Y ahí fue donde uno, sentado frente a la pantalla, no podía evitar preguntarse si no eran ellos mismos rivales hace apenas un par de noches en otro canal.
Por supuesto que los presentes difirieron en propuestas, pero con una sutileza y elegancia que no alcanzaba para el enfrentamiento. En cambio, la fluidez de la dinámica ofreció pasar de un tema a otro sin que se sintieran brincos ni interrupciones.
Hablaron de las Chocoletas, de la problemática en seguridad, de sus afiliaciones futbolísticas y de las dificultades para aumentar los trabajos. Intercambiaron sus anécdotas de la última vez que recurrieron a servicios de la CCSS y hablaron de si les gusta ir a un karaoke. Política, vida cotidiana y referencias de la cotidianidad… todo eso sobre la mesa.
La dinámica fue tan ágil y agradable que, honestamente, si yo fuera candidato presidencial y no me hubieran sumado a este encuentro, habría sentido lo que en inglés llaman FOMO (Fear of Missing Out), o lo que en español bien podríamos traducir como DMQDQNMI: Dios mío, qué dolor que no me invitaron.
Vale la pena hacer la recomendación directa de que usted, lector, busque el enlace de este antidebate y lo disfrute completo. ¿Por qué? Porque tuvo momentos emotivos y otros francamente cómicos que pierden buena parte de su gracia si se los cuenta un tercero. Dicho eso, a nadie le viene mal un poco de spoilers.
Algunas líneas en breve
Claudia Dobles confesó creer en el poder de hablarle a sus plantas, poniendo en práctica los hallazgos de un estudio universitario de una amiga suya. De paso, asumió el rol de guía natural de las transiciones temáticas: tomó la batuta, agregó contexto sobre políticas públicas y se aseguró, incluso, de que Álvaro Ramos no se quedara sin participar cuando la conversación giró hacia la música favorita.
El liberacionista explicó que la música tropical es la que disfruta con mayor facilidad, debido a las vibraciones de los bajos, que puede percibir mejor a raíz de su sordera.
Por otro parte, cuando correspondía, recordó los puestos que ocupó en la CCSS y en la Superintendencia de Pensiones. Sonó natural, no como autobombo.
Juan Carlos Hidalgo aprovechó para encontrar eventuales acuerdos con los otros presentes, con líneas como "¿ustedes estarían de acuerdo conmigo en pedir ayuda a la Unión Europea para que controle que nuestras exportaciones salgan limpias?", lanzó al hablar de narcotráfico. No desaprovechó la ocasión para deslizar una indirecta con destinatario ausente incluido: "Aquí todos estamos de acuerdo en que las vacunas son importantes, ¿verdad?".
Ariel Robles, por su parte, dijo estar dispuesto a darle la adhesión al Herediano de Jafet Soto, como gesto de admiración por las críticas que el omnisciente director técnico ha lanzado contra Rodrigo Chaves.
También relató las advertencias que le hicieron sus colegas en la Asamblea Legislativa cuando empezó a criticar al oficialismo al inicio de la administración y dejó un par de líneas memorables, entre ellas: "encontré el helado de leche pinito antes de encontrarme a Laura Fernández en un debate".
Coincidencias
Todo este intercambio fue, sin rodeos, agradable. No se puede saber si alguno de los participantes habrá ganado votantes con su presencia, pero al menos dejaron sobre la mesa una idea cada vez más escasa: que, incluso portando banderas distintas, todavía es posible un punto de encuentro.
Esta dinámica era necesaria en este preciso momento, pues conforme se acerca el día de las elecciones, los ánimos se calientan y el ruido sube de volumen. Al votante, incluso, se le olvida que ese candidato con el que no empatiza del todo podría, en otro contexto, caerle razonablemente bien. (Disculpe, señor Juan Carlos Hidalgo, por haberlo basureado en Twitter en reiteradas oportunidades un par de años atrás... o menos.)
Entre los cuatro invitados al antidebate quizá no se junte ni siquiera un 40 % del respaldo popular, según los números más recientes. Aun así, con su señorío y su disposición a dialogar desde la diferencia, lograron algo nada menor: que la noche del miércoles se sintiera más liviana y que, al menos por un par de horas, la política nacional no nos cayera pesada después de cenar.