Viernes, 23 de Enero de 2026

Dos miradas sobre Venezuela

UruguayEl País, Uruguay 23 de enero de 2026

La diferencia entre la Casa de Escritores y el PEN Uruguay pone de manifiesto dos caras de la cultura uruguaya: la de los prejuicios sesentistas, y la de quienes miran la realidad con objetividad.

Esta semana llamó la atención la manera antagónica con que dos organizaciones de escritores uruguayos se refirieron a los acontecimientos políticos de Venezuela.

Primero se conoció un escueto comunicado de la Comisión Directiva de la Casa de Escritores del Uruguay, que condena "el atropello político-militar perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, así como las amenazas dirigidas hacia otros países hermanos". Agregan que "sumamos nuestra indignación, rechazo y solidaridad a las voces del continente" y convocan a "nuestros colegas norteamericanos, herederos de un legado cultural de lúcida crítica social" a pronunciarse de forma semejante en "un frente común junto a organizaciones culturales iberoamericanas en defensa del derecho internacional, la paz, la democracia y la soberanía de los pueblos". Llegado a este último tópico mencionado, uno suponía que la Casa de Escritores haría referencia al irrespeto de Maduro a la decisión soberana manifestada por los venezolanos el 28 de julio de 2024, pero de eso no dicen nada.

Días después, el capítulo uruguayo del PEN Internacional -una organización internacional de escritores fundada en 1921 en defensa de la libertad de expresión, que el año pasado renovó autoridades en nuestro país- emitió una declaración bien diferente: "manifestamos nuestra más enérgica condena al régimen depuesto de Nicolás Maduro y reclamamos la inmediata liberación de los periodistas y escritores venezolanos cuya situación, de acuerdo con las fuentes a las que accedemos, actualmente se desconoce". A partir de allí detalla nombres y trayectorias de seis periodistas venezolanos detenidos por la dictadura de Maduro (y extendida ahora por ese curioso provisoriato de Delcy Rodríguez): Leocenis García, Rory Branker, Juan Pablo Guanipa, Juan F. Alvarado, Deivis Correa y Jonathan Carrillo. Listan además otros 20 comunicadores que, según algunos medios, ya habrían sido liberados, luego de haber sufrido encierros de hasta un año y medio, por el solo hecho de ejercer la libertad de informar o emitir opiniones políticas contrarias al régimen.

Significativamente, la declaración del PEN Uruguay agrega que "sería deseable que las organizaciones de intelectuales uruguayos, independientemente de estar en desacuerdo con la intervención militar de EE.UU., se manifestaran también en forma clara y contundente contra esa dictadura que se valió sistemáticamente de la persecución y tortura de los disidentes y el hambre del pueblo venezolano, para imponerse sobre su voluntad soberana". Concluyen que "hoy no es momento de declaraciones hemipléjicas, sino de reclamar al gobierno de EE.UU. el más urgente restablecimiento democrático de Venezuela, así como a las autoridades supérstites de dicho país, la liberación de todos sus presos políticos y la reinstauración de las garantías constitucionales".

La clara diferencia entre ambas formulaciones -la de la Casa de Escritores y la del PEN Uruguay- pone de manifiesto dos caras de la cultura uruguaya: la de los intelectuales orgánicos que machacan irracionalmente sus prejuicios sesentistas, y la de quienes miran la realidad con objetividad y defienden el valor más importante que hace a su propio rol: el del ejercicio irrestricto de la libertad de expresión.

Lo de la Casa de Escritores no es objetable por el hecho de que rechacen la intervención militar estadounidense; por supuesto que están en todo su derecho de hacerlo. Lo que resulta más que curioso es que reivindiquen el "derecho internacional, la paz y la soberanía de los pueblos" en defensa de una dictadura corrupta y criminal que a lo largo de más de 20 años ha clausurado medios de comunicación, perseguido, encarcelado y hambreado a los mismos colegas de quienes firman ese manifiesto.

Por eso resulta tan gratificante la declaración del PEN Uruguay: apunta a lo más urgente al día de hoy, que es la liberación de los presos de conciencia y el pronto restablecimiento de la democracia plena en el país hermano, aún en duda por los erráticos mensajes al respecto emitidos desde la Casa Blanca.

Quienes defendemos la verdadera democracia, paz y soberanía popular, deberíamos encolumnarnos ahora en el reclamo concreto a EE.UU. de menos jugadas de poder geopolítico y más respeto por las legítimas autoridades venezolanas, de manera de sepultar para siempre 25 años de oprobio autoritario.

Es el mejor aporte que podemos hacer al pueblo hermano, en lugar de sumarnos a un sesentismo tan hemipléjico como perimido.



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