Viernes, 23 de Enero de 2026

Cambios en el IRPF

UruguayEl País, Uruguay 23 de enero de 2026

El ajuste por IPC implica una tendencia estructural a aumentar la presión fiscal efectiva.

Se está volviendo una tradición discutir, al inicio del segundo año de cada gobierno, la forma en la que se ajustarán las franjas del IRPF y del IASS. Esto ocurre por un motivo simple: si el mínimo no imponible no se incrementara todos los años, habría cada vez más uruguayos alcanzados por estos tributos, ya que, en términos nominales, los salarios siempre suben. Cuánto suben estas franjas es determinante para saber si pagamos más, menos o menor tasa de impuestos que el año anterior.

En concreto, el equipo económico anunció que la Base de Prestaciones y Contribuciones (BPC) se ajustará según la evolución de los precios en 2025, más un 20%, y no por la variación de los salarios. La implicancia de esta decisión es clara: unos 8.000 trabajadores comenzarán a pagar IRPF y, en promedio, quienes ya lo pagan terminarán tributando cerca de un 1,6% más que en 2025.

El ajuste de la BPS se puede hacer siguiendo la evolución de los precios o la del salario. Ambas opciones son legales y válidas, pero tienen efectos diferentes.

El ajuste de la BPC por el Índice Medio de Salarios es la opción más neutral. Las franjas evolucionan al mismo ritmo que los salarios. El mínimo imponible y todas las franjas suben idéntico a los salarios. La principal implicancia de este mecanismo es que la tasa efectiva que pagan los trabajadores por IRPF se mantiene inalterada. Más allá de cuál sea la evolución del salario real, el porcentaje del ingreso que se destina a este impuesto permanece estable.

El ajuste por IPC, utilizado por el Frente Amplio en sus anteriores períodos de gobierno y reintroducido ahora, funciona distinto. En este caso, las franjas se mueven a un ritmo de los precios y no de los salarios. Si estos crecen más que la inflación -como ocurre tendencialmente en economías que progresan- habrá un aumento tanto en la cantidad de personas que pagan IRPF como en la tasa efectiva que enfrentan. Si los salarios crecen menos que los precios, la presión efectiva disminuye.

Visto de forma aislada, alguien podría pensar que, en el largo plazo, ambas alternativas terminan pareciéndose. Pero no es así. No lo es porque, justamente, el salario real tiende a crecer. En ese contexto, el ajuste por IPC implica una tendencia estructural a aumentar la presión fiscal efectiva del IRPF y del IASS sobre salarios y jubilaciones.

Lo resuelto por el Frente Amplio en este regreso al gobierno es consistente con el pasado pero, sobre todo, es coherente con el tipo de corrección fiscal que se sabía que iba a implementarse. Esta fuerza política se siente más cómoda ajustando a través del aumento de impuestos que mediante recortes del gasto.

Lo conocido en estas horas era una de las medidas más evidentes y esperadas que mejorarían marginalmente la recaudación. La misma se suma a una batería de medidas como los tres impuestos introducidos en el presupuesto, la casi eliminación de las devoluciones al FONASA, la fijación de precios de los combustibles con sobreprecios y las tarifas de luz y agua ajustadas por encima de lo necesario.

Veremos cómo evolucionan las cuentas públicas, pero es posible que todo esto no alcance y veamos nuevas medidas en el futuro cercano.

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