Viernes, 23 de Enero de 2026

Su voto pesa más que nunca; le explicamos por qué

Costa RicaLa Nación, Costa Rica 23 de enero de 2026

La democracia costarricense se transformó en los últimos 40 años y, ante el surgimiento de más opciones y el crecimiento del abstencionismo, cada vez son grupos más pequeños de la población los que terminan eligiendo a nuestros gobernantes.

Si usted es una de esas personas que piensa que su voto "no vale" o que "da lo mismo" si vota o no vota, está muy equivocado.

Por el contrario, si revisamos las elecciones de las últimas cuatro décadas, podemos observar que cada vez son grupos más pequeños de la población los que terminan eligiendo a nuestros gobernantes. En otras palabras, el voto de cada persona se ha vuelto más decisivo.

Hasta finales de la década de los ochenta, los candidatos presidenciales necesitaban el respaldo de hasta un 40% o más de los electores totales —contando abstencionistas— para ganar las elecciones nacionales; eso ha cambiado en las elecciones recientes: al presidente Rodrigo Chaves le bastó menos de un 10%.

Se trata de un fenómeno complejo, pero fácil de comprender. El desgaste de los partidos tradicionales, la llegada del multipartidismo, y la cada vez menor participación electoral, se conjugaron para llegar a un mismo resultado: en esta nueva escena con más partidos y votantes escasos, su voto pesa más que nunca.

Los números

Si se toman como referencia los resultados de las últimas once elecciones nacionales, es posible determinar que cada vez son porciones más pequeñas del electorado las que definen quién llega a la Presidencia de la República y coloca a sus equipos en el gobierno.

En 1982, por ejemplo, Luis Alberto Monge se dejó la banda presidencial con el respaldo del 45% de las 1,26 millones de personas que podían votar en aquel año. En cambio, a Rodrigo Chaves le bastó contar con el apoyo de apenas un 9,92% de los 3,54 millones de electores, para avanzar a segunda ronda en 2022.

Dicha disminución en la cantidad del respaldo requerido para llegar a la presidencia es abrupta, pero se gestó de forma paulatina.

Óscar Arias y Rafael Ángel Calderón todavía se dejaron la presidencia con el respaldo de más del 40% del padrón, en 1986 y 1990; pero los porcentajes de apoyo empezaron a descender a partir de entonces y los últimos tres presidentes lograron avanzar a segundas rondas con los votos de uno de cada cinco electores o menos (uno de cada 10 en el caso de Chaves).





Notas metodológicas
Para realizar este análisis, EF utilizó como base los resultados de todas las primeras rondas de elecciones desde 1982 hasta 2022. De este modo se garantiza que todos los procesos sean comparables entre sí y, además, se puede analizar el respaldo real que tuvo cada mandatario antes del desempate final (cuando el votante ya tenía menos opciones y, en muchos casos, no podía votar por su candidato favorito).
Además, se usan los porcentajes de votación del padrón total (no de los votos válidos) para detallar de mejor manera cuán alta o cuán baja era la representatividad de cada mandatario electo entre todas las personas que podían votar y no solo las que sí se movilizaron para hacerlo.

Los expresidentes Abel Pacheco, Luis Guillermo Solís, Carlos Alvarado y Rodrigo Chaves son los cuatro mandatarios que llegaron a Zapote con un menor porcentaje de respaldo del padrón. También son los únicos que tuvieron que disputar segundas rondas para hacerlo en 2002, 2014, 2018 y 2022.

Alvarado y Chaves, además, lo hicieron con otra particularidad: ni siquiera triunfaron en primera ronda. Es decir, recibieron cuotas mínimas de respaldo para avanzar a segunda ronda, aunque nunca fueron favoritos.

Las segundas rondas existen precisamente para intentar que los gobiernos sean elegidos con mayores niveles mínimos de legitimidad, y que ningún gobernante triunfe con resultados escuetos de primeras votaciones.

No obstante, solo Solís y Alvarado lograron superar o acercarse a un respaldo del 40% del padrón general en sus votaciones de desempate (43,5% y 39,8%).

Pacheco apenas recibió un 34% del respaldo general en el balotaje; y Chaves registró apenas un 29,2%, a pesar de la reducción de las opciones de voto.

Transformación democrática

Hay dos factores que confluyen para que cada vez menos personas sean las que eligen a nuestros gobernantes.

Por un lado está el desencanto de una gran parte de la ciudadanía con la democracia y, por otro, el surgimiento de cada vez más opciones electorales que segregan el voto ciudadano.

La situación la explicó en pocas palabras Fernanda Alvarado, doctora en Ciencia de Encuestas y Datos y docente de la Universidad de Costa Rica (UCR). Según dijo, se trata de un asunto de "matemática simple" porque "el abstencionismo reduce el número de personas que toma la decisión final" y la existencia de una mayor cantidad de opciones políticas hace que el voto sea más disperso e "influye en la realización de segundas rondas".

"Entonces sí, los candidatos que terminan llegando a segunda ronda son decididos por una fracción muy, muy pequeña de la población", puntualizó.

La menor participación y el surgimiento de cada vez más opciones políticas son fenómenos ampliamente documentados.

El porcentaje de votos válidos emitidos por partidos políticos específicos todavía alcanzaba un 80% del padrón total hasta 1994; sin embargo, en la primera ronda de las últimas elecciones ni siquiera alcanzó el 60%.

En materia de multipartidismo, el desgaste de las agrupaciones tradicionales provocó que hoy existan 38 partidos políticos con capacidad de competir a escala nacional, de los cuales 31 surgieron en lo que va de este siglo.

Costa Rica vive una transformación electoral muy profunda desde finales de la década de 1990, según explicó el magistrado del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Hugo Picado, en una reciente entrevista con EF.

"Ya para las elecciones de 1998 se anuncian algunos cambios. Creció el abstencionismo, empezaron a sonar con fuerza algunos partidos alternativos y vimos un cambio radical en el comportamiento electoral", detalló Picado, quien también es director del Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED).

Sin mayor representatividad

El hecho de que cada vez menos personas sean las responsables de elegir a nuestros gobernantes le resta representatividad al sistema democrático costarricense, y ese es otro de los retos que enfrenta el país en la actualidad.

Según explicó el politólogo Ronald Alfaro, del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), Costa Rica vive "una gran crisis de representatividad", pues la democracia aspira a ser un modelo de mayorías y no de minorías.

"Lo que vemos", explicó, "es una sociedad que no se ve reflejada políticamente".

Para Alfaro es muy probable que la baja participación vista en los últimos años se repita en este 2026 y hasta ve posible que se agrave. Por ese motivo, también sería esperable que la baja representatividad del candidato o candidata electa se repita.

Para obtener resultados diferentes, alguna agrupación tendría que despertar niveles de interés muy distintos a los vistos en los últimos años.

Para lograr el respaldo de un 40% del padrón total en la primera ronda de elecciones —como ocurría hasta 1990—, alguna candidatura tendría que recibir el respaldo de 1,5 millones de ciudadanos en la votación de febrero; es decir, tendría que cuadruplicar el respaldo que recibió Rodrigo Chaves en la primera ronda de hace cuatro años o superar en un 50% el caudal recibido por el presidente en segunda ronda.

Esta situación no es una mera curiosidad, sino que también plantea problemas sociales profundos, según concluyó Alfaro.

"Cuando se dan estas pérdidas de representatividad", explicó, "cada vez son más los sectores que se automarginan" y eso "provoca brechas y diferencias mucho más importantes entre la sociedad".

Esto, a su vez, va en contra del escenario ideal para cualquier democracia: que la sociedad se perciba como un mismo "colectivo" y no como un cúmulo de minorías enfrentadas.

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