El Instituto firmó varios convenios para oportunidades laborales y de capacitación pero el último, que se firmará el martes con la presencia del mandatario Yamandú Orsi, es el que más ruido generó: con las Fuerzas Armadas.
Mientras suena música clásica desde su computadora y se siente el sahumerio prendido, el presidente delInstituto Nacional de Inclusión Social Adolescente, sentado detrás del escritorio de su despacho, dice que el 90% de los adolescentes son almas en pena hijos de la injusticia social, y que sobre este grupo concentran las políticas públicas.
El directorio -enfatiza que se viene realizando un trabajo en conjunto- firmó varios convenios, siendo el último el que más ruido generó: con las Fuerzas Armadas. Deja en claro que las puertas a están abiertas a charlar para todos los que quieran colaborar, y que el objetivo es que los jóvenes no reingresen.
-¿Cómo se encontró el Inisa al asumir?
-Muy bien. Es una institución que ha vivido un proceso de profesionalización y fortalecimiento muy interesante desde hace un tiempo prudencial. Lo que más me sorprendió es el conjunto de educadores y profesionales. Aunque siempre hay desafíos por cumplir. También me sorprendió gratamente el sistema de justicia penal adolescente. Es la primera vez en mi vida profesional que veo la luz al final del túnel y que digo: "Acá, como país, tenemos una gran oportunidad".
-Ha habido históricamente denuncias de malos tratos y de violencia hacia los jóvenes. ¿Se constatan hoy?
-Todos los funcionarios y funcionarias de cualquier institución saben cuál es la música que hay que bailar. Fuimos muy claros: cero violencia institucional y que, si ocurría, íbamos a proceder con la máxima rigurosidad y celeridad. Y así se hizo. Felizmente, hasta ahora, no tuvimos ningún hecho de esa naturaleza, pero sí tuvimos una denuncia de la Institución Nacional de Derechos Humanos de un episodio de la administración anterior (N. de. R: en el Centro Piedras, por el que se resolvió la separación del cargo a dos subdirectoras por denuncias de tortura). Estoy muy tranquilo y muy confiado de que se entendió el mensaje y que se trató de un episodio aislado. De momento, nada nos indica que nos tenemos que preocupar.
-¿Existen los mecanismos para que los adolescentes puedan denunciar?
-Tenemos diversos mecanismos y, además, se van a presentar públicamente algunos canales formales alternativos. Si hay una situación de vulneración de derechos importante, siempre llega. Hay unos 300 chiquilines distribuidos en tres centros de detención, lo que es una escala manejable. Otro mensaje que se dio: cero violencia entre ellos. Acá hay que portarse bien, no están de casualidad sino porque hicieron cosas mal, algunas cosas extraordinariamente graves. Y, si empiezan a hacerlas bien, hay un país entero, desde el presidente de la República, Yamandú Orsi, para abajo, que acompaña para que salgan y no vuelvan.
-El proyecto Cosechando Esperanzas de Richard Read involucrará, según anunció, a 80 jóvenes en oportunidades laborales y capacitaciones desde marzo o abril. ¿En qué está?
-Está encaminado. Hay plena confianza de que se va a lograr este año y, según he conversado de manera informal con Richard, el conjunto de ofrecimientos laborales que han hecho las empresas ya supera ese número. Definimos que sea el director Daniel Radío el coordinador del proyecto en representación de Inisa y tuvieron el miércoles una reunión extraordinaria.
-Otro proyecto, en este caso piloto, involucra a las Fuerzas Armadas. ¿Qué se busca?
-Si Dios quiere, se firma el martes con la presencia del presidente un convenio marco de colaboración entre las instituciones. En paralelo, se desarrollan algunos proyectos específicos que incluyen la capacitación en oficios y otras cuestiones asimiladas. Mi idea desde hace muchos años y la del directorio es que los adolescentes no vuelvan después del egreso. Tenemos que hacer jugar a todas las instituciones públicas y privadas, de las más diversas. Después los chiquilines irán eligiendo. No tenía sentido que una institución tan poderosa, con tanta presencia en todo el territorio nacional y tanto saber acumulado, no estuviera trabajando con nosotros. El presidente tomó esto con mucho cariño y mucha dedicación, y lo mismo la ministra de Defensa, Sandra Lazo. Hasta me da vergüenza explicar esto. El directorio ha firmado una cantidad enorme de convenios. Todos con el mismo sentido. ¿Por qué objetan este? ¿Por qué el escozor?
-Más allá de los cuestionamientos que puede recibir porque sean las Fuerzas Armadas...
-He recibido apoyo de todos lados. Pero tampoco soy tonto, sé que no es un convenio más. El convenio con Inefop es de 270 capacitaciones y no generó lo mismo. Otro se realizó con la Secretaría Nacional de Drogas. Me llevó cinco minutos conversarlo con el prosecretario de Presidencia, Jorge Díaz, y su gente. En estos días estamos empezando con trabajo pago formal para los chiquilines en Batallón Belloni. Pero, ¿por qué no estaba la Secretaría y el Ejército? Había que ir a conversar.
-¿Cuál va a ser el rol de las Fuerzas Armadas?
-Una de las patas en las que trabajamos de manera muy dura es la reinserción social. Vivimos en un país donde las Fuerzas Armadas tienen 27.000 funcionarios. Hay una cantidad de uruguayos y uruguayas que arman su familia, vida y profesión en el Ejército. Entonces, ¿por qué no puede ser una opción el día de mañana? Pero para eso tienen que conocer. Por lo tanto, hay un primer momento donde se va a realizar una presentación. Un segundo momento es un programa para entre 20 y 30 chiquilines que van a ir de lunes a viernes -como se va a una pasantía laboral- a profundizar un poco más en algunas opciones que tienen de capacitación las Fuerzas Armadas, que son todas muy importantes. Lo mismo me pasa con el ciclo básico. El informe preliminar del censo de privados de libertad, de Equipos Consultores y Unicef, dio que un poco más del 80% no han terminado el ciclo básico. ¿Y sabés cuál dato es peor? Que el mismo guarismo se registraba en 2018. Por lo tanto, no solo tenemos esa cifra escandalosa, sino que la tenemos congelada. Tenemos que perforarlo con UTU, ANEP, con todos los convenios que estamos haciendo nosotros, y también con las Fuerzas Armadas. Lo que no tiene sentido es que, como están en el Inisa, recortemos y digamos: "No, este no te lo presento".
-¿Qué porcentaje de los jóvenes en el Inisa son mayores de edad? ¿Cree que deberían derivarse hacia otros lugares?
-Vamos a hacer sugerencias en algún momento. Tenemos gurises que cometen la infracción siendo menores y después cumplen la mayoría de edad. Hay un 37% de chiquilines entre 18 y 22 años, que es un entorno razonable. Pero, con el aumento de las penas que hubo en algunos delitos, hay situaciones a revisar. Tenemos un chiquilín que tiene una infracción muy grave que la cometió a los 17 años y de repente tiene que estar hasta los 27. Hay algún caso que tenemos así o que vamos a tener dentro de unos años. No son difíciles de manejar pero es una institución para adolescentes. Hay otro fenómeno que a veces sí es preocupante: un chiquilín de 24 o 25 años, como nos sucedió el año pasado, había pasado por el Comcar con pena cumplida pero fue al Inisa porque se lo vinculó con un episodio de cuando era menor. Estaba conviviendo con chiquilines de 16 años. Fue problemático y felizmente lo pudimos resolver. Pero hay que aplicar un poquito de inteligencia y encontrar caminos mejores para todos. Por otra parte, hasta no hace mucho tiempo, el tema de las fugas, la violencia, los motines, eran cosas cotidianas. A partir de 2015, que fue el último episodio grande, prácticamente desapareció. El último motín data del año 2023 o 2022. Así como miramos las cosas que nos faltan, también hay que ser muy respetuoso y agradecido de las que se lograron.
-¿Se incluirá en la Rendición de Cuentas los cambios por los mayores de 18 años?
-En el Inisa hay una unidad jurídica muy calificada y tenemos a nivel de asesoría de Presidencia recursos humanos muy calificados, a los que les pedimos un documento para hacer alguna sugerencia. Después vamos a ver cuál es el camino que ellos nos sugieran recorrer.
-¿Hará algún pedido para la Rendición de Cuentas?
-Para la anterior hicimos una propuesta sin costo y, en principio, en esta será igual salvo que aparezca algún imprevisto. Hay una experiencia muy interesante, que es la normativa que se aprobó para que los tres centros de detención de Inisa sean espacio fiscalmente promovido para que las empresas se instalen. En Colonia Berro, por ejemplo, tenemos 250 hectáreas. Le pedimos a cambio que contraten a chiquilines y que, si no encuentran el perfil necesario, busquen en sus familias.
-¿Cuánto se suman los jóvenes a estas actividades?
-Eso lo veremos. Por mi experiencia acumulada en contextos mucho más complejos que este, en la medida que vos tirás una propuesta razonable, nueve de cada 10 se engancha. Precisamos darle una mochilita a cada uno que está transitoriamente bajo nuestra responsabilidad y enseñársela a usar. Después ellos construirán su destino.
-¿Todos los jóvenes en el Inisa son rehabilitables?
-Rehabilitable o no, es otra cuestión. Un 10% de los casos son muy complicados. Gurises por los que, porque tienen patologías psiquiátricas o están muy involucrados en la vida criminal en el marco del accionar de bandas -algunas internacionales-, uno puede hacer poca cosa. El otro 90% son almas en pena hijos de la injusticia social. Son chiquilines que han sufrido mucho. Y que han nacido en la vida perdiendo 5.000 a cero. Sobre estos tenemos que concentrar las políticas públicas. Vamos a sacar un equipo a competir en la sub 18 de la Liga Universitaria. Pero con esta consigna: una pelea, se queda el equipo sin competencia. Va a ser extraordinario. La composición peculiar del directorio ha ayudado mucho en todo esto.
-Tiene más oposición que oficialismo.
-Exacto. Estoy feliz de que sea así. No tenía amistad con Daniel, pero teníamos cierta cercanía y afinidad. En cambio, a Ángel Fachinetti no lo conocía y es un tipo extraordinario. Muy estudioso porque no venía de este palo. Esto que se armó, que todo el mundo percibe, ha ayudado mucho.
-El directorio está así compuesto después de protagonizar uno de los primeros episodios del gobierno. Hubo un conflicto interno que llevó a la renuncia del director por el Frente Amplio, Eugenio Acosta. En retrospectiva, ¿eran irremediables las diferencias?
-Definí lo que estaba en mis manos: que no quería trabajar con Eugenio. Ni que hablar de que había diferencias de programa y estilo de conducción. Pero soy un educador, no estoy en condiciones de imponer. Para mí es muy importante ubicarse en la palmera. Soy el presidente de Inisa, que para mí es lo más grande que hay pero porque estoy medio loco de la cabeza. No puedo pretender imponerle nada a nadie, pero sí puedo hacer uso de aquella cosa que depende de mí. Éramos incompatibles y estaba dispuesto a irme a mi casa tranquilamente. Pero no había nada personal.