Viejos son los trapos
" Nos estamos poniendo viejos ", me susurró un colega al saludarme por mi cumpleaños
" Nos estamos poniendo viejos ", me susurró un colega al saludarme por mi cumpleaños. Estuve a punto de darle la razón, pero me asaltó una frase de Mirtha Legrand dicha el mismo día de aquella charla: " No soy anciana, soy una mujer grande ". Considerando los 99 años que va a cumplir y teniendo yo un tercio menos, le reproché al colega que hablara por él, que viejos son los trapos , que no está muerto quien pelea, que nadie muere en la víspera y cuanto refrán trillado me vino a la cabeza.
Como mi celular escucha todo -a veces pareciera que el algoritmo interpreta incluso lo que pienso-, me trajo a cuento un texto delicioso de la ya desaparecida poeta inglesa Jenny Joseph . Se titula Warning (advertencia). "Cuando sea una viejecita me vestiré de morado / con un sombrero rojo que no combine y no me favorezca. / Gastaré mi pensión en brandy, en guantes de verano y en sandalias de raso y diré que no hay dinero para mantequilla. / Me sentaré en la acera cuando esté cansada, devoraré muestras gratis en las tiendas y haré sonar las alarmas. / Pasaré mi bastón por los barrotes de las rejas públicas y trataré de compensar los años de sobriedad de mi juventud. / Saldré con pantuflas en plena lluvia, arrancaré flores de los jardines ajenos y aprenderé a escupir. / Podré llevar camisas horribles y engordar más aún, comer tres libras de salchichas de una vez o solamente pan y pepinillos durante toda la semana. / Y acumular lápices, bolígrafos, posavasos y otras cosas en cajas. Pero ahora debemos usar ropas que nos mantengan secos, pagar nuestros impuestos, no decir malas palabras en público y dar buen ejemplo a los niños. / Debemos tener amigos a quienes invitar a cenar y leer el periódico. Pero, tal vez debería empezar a practicar un poco ya para que la gente que me conoce no se sorprenda tanto cuando de repente sea vieja y empiece a vestirme de morado".
Confieso que tengo bastante de Jenny en esta doble media vida, a juzgar por aquella vieja canción de Julio Iglesias en la que situaba los " 33 años " como punto de regreso en el camino a la casa de San Pedro .
Yo ya he decidido no esperar a ser viejita para decir lo que pienso habiendo pensado tanto lo que digo. El color de la ropa responde a mi ánimo y no a la moda; elijo dónde y con quién estar sin que me pese la elección; doy abrazos con fuerza cuando quiero ídem y pego saltitos de alegría en plena calle cuando me devuelven el abrazo con la misma autenticidad. No sumo malas palabras a mi habla cotidiana porque ya tiene muchas y ¡qué bien las uso cuando son merecidas!. Me reconozco solitaria y disfruto de mi soledad. Maratoneo series cual adolescente sin compromisos y después cumplo mis obligaciones arrastrándome como babosa con fatiga , pero con la convicción de quien se sabe vivo para seguir maratoneando. Pido que me devuelvan el saludo cuando se hacen los osos, lloro de emoción en los recitales y todavía no me animo a los pogos, pero lo estoy considerando . Los desafíos me divierten e intento que las traiciones duelan cada vez menos. Y, como no soy necia, sufro con el sufrimiento, pero recuerdo a Freud con su "beneficio secundario" y me entusiasmo con la recompensa.
Cuando tenía 13 años, mi primo Ángel, de 26, me parecía un viejo. Hoy tengo la edad que me gusta, que es previa a la que me va a gustar. Como en la Advertencia de Jenny Joseph, no me digan que no les avisé .