El misterio del sexo
Cole Porter (1891-1964) fue un compositor y letrista estadounidense , y una de las figuras más brillantes y sofisticadas de la música popular del siglo XX, especialmente del teatro musical y del jazz vocal
Cole Porter (1891-1964) fue un compositor y letrista estadounidense , y una de las figuras más brillantes y sofisticadas de la música popular del siglo XX, especialmente del teatro musical y del jazz vocal. Su bellísima canción de 1928 "Hagámoslo" ("Let’s do it"), dice en su letra: "Hagámoslo, enamorémonos, los pájaros lo hacen, las abejas lo hacen, hasta las pulgas lo hacen, lituanos y letones lo hacen, los argentinos lo hacen, hasta las habichuelas lo hacen, hagámoslo, enamorémonos". El sexo ha sido un protagonista fundamental de la historia de la vida; una prueba de ello es que -como lo señala Porter- casi no existen organismos -plantas o animale- sin alguna forma de sexualidad.
La historia evolutiva del sexo es en cierto sentido enigmática, pues la sexualidad participa de la reproducción, pero no está destinada principalmente a ella. La evolución ha generado medios más eficientes para que se multipliquen las criaturas, sin necesidad de los complicados procedimientos de apareamiento y fertilización. A bacterias y protistas les basta simplemente con dividir sus cuerpos unicelulares; las esponjas, las hidras y muchas plantas emiten yemas o brotes desde su superficie corporal, los cuales dan origen a uno o varios descendientes; en muchas algas filamentosas y numerosos gusanos el cuerpo del progenitor se fragmenta en dos o más partes, cada una de las cuales crece hasta llegar a formar un organismo completo.
Estos tipos de multiplicación de los organismos por división celular, gemación o fragmentación son diferentes formas de reproducción asexual o vegetativa, la cual puede realizarse en cualquier ocasión favorable y no requiere de órganos ni de procesos especiales para la producción de gametos, ni depende del encuentro fortuito de estos. Si la reproducción fuera el único propósito del sexo, este hubiera desaparecido durante la historia de la vida ante medios de multiplicación más eficientes, como los que se acaban de describir. Tampoco es la principal función del sexo dar y recibir placer. El placer está fuera del reino vegetal y la gran mayoría de las especies animales ejecutan el acto sexual mecánicamente, con una dosis mínima de actos preliminares. Por ejemplo, las medusas simplemente liberan sus gametos femeninos y masculinos en el agua de mar, a la espera de un encuentro ocasional; las lombrices de tierra y otros gusanos se aparean uniendo sus cuerpos por su cara ventral, y los sapos de sexo masculino abrazan a las hembras con el objeto de que estas liberen los óvulos de sus ovarios y se produzca la fecundación externa, en ausencia de órganos copuladores. El placer es, en el mejor de los casos, un mecanismo para inducir al ser humano a invertir la gran cantidad de tiempo y energía que requiere el sexo.
Si aceptamos que el sexo es aparentemente ineficiente como método reproductivo, nos enfrentamos a un misterio: ¿por qué se ha difundido y mantenido en la historia de la vida? La respuesta es que el sexo crea diversidad y la diversidad es la manera en que la vida hace sus apuestas frente a un ambiente cambiante e impredecible. En la reproducción asexual, la principal fuente de variabilidad son las mutaciones (cambios aleatorios y hereditarios en el ADN). En la reproducción sexual se suma a las mutaciones la recombinación de los materiales hereditarios de los padres. Esta mezcla de genes parentales genera combinaciones genéticas que cada uno de los padres no hubiera podido producir independientemente. Las combinaciones nuevas en muchas ocasiones permiten que la descendencia sobreviva en condiciones adversas, se adapte a diferentes ambientes y sea capaz de explorar nuevos nichos ecológicos. El sexo puede entenderse como una estrategia biológica que, en lugar de apostar por la estabilidad, favorece la posibilidad (no la certeza) de responder eficazmente a los desafíos ambientales venideros.
Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata , académico de Número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria