La duda
Hoy los seres humanos vivimos bajo luces que no elegimos: cámaras, pantallas, algoritmos, estadísticas
Hoy los seres humanos vivimos bajo luces que no elegimos: cámaras, pantallas, algoritmos, estadísticas. Se nos observa antes de que aprendamos a observarnos a nosotros mismos. Se nos mide antes de que sepamos qué queremos ser. La obediencia ya no llega por mandamiento, sino por notificación.
Y sin embargo, la libertad sigue apareciendo por el mismo lugar de siempre: una pregunta incómoda. No en la violencia ni en la fuga, sino en el simple acto de dudar cuando todo parece correcto. La duda es el primer destello de la conciencia, el golpe contra la forma prevista.
En esta época no se expulsan cuerpos del paraíso: se expulsan subjetividades de los sistemas. Lo que no obedece, lo que no encaja, lo que quiere inventarse a sí mismo... es etiquetado como fallo, desviación o anomalía. Pero cada generación vuelve a intentar lo mismo: inventar lo que no estaba en el plan. Amar sin permiso. Preguntar sin miedo. Crear sin dueño.
El drama de hoy no es entre el bien y el mal, sino entre lo programado y lo vivo. Entre lo eficiente y lo que necesita temblar para ser. Tal vez la verdadera transgresión contemporánea no sea destruir el orden, sino recordarle que existe algo más que orden. Porque lo que los sistemas no calculan -y nunca lograron calcular- es el misterio simple de dos seres que se eligen sin razón, sin parámetros y sin promesas. Allí no hay algoritmo, solo riesgo. Y donde hay riesgo, todavía hay libertad.