¿El mundo en estado de sideración?
El mundo en estado de sideración
Todos los comienzos de año centros académicos, institutos de investigación y think tanks publican estudios de perspectivas, análisis de riesgos y previsiones con los conflictos y desafíos a seguir
El mundo en estado de sideración
Todos los comienzos de año centros académicos, institutos de investigación y think tanks publican estudios de perspectivas, análisis de riesgos y previsiones con los conflictos y desafíos a seguir. Generalmente son los mismos temas que se repiten con diferentes énfasis en su temporalidad, gravedad e importancia. Sin menoscabar su relevancia muchos de ellos se fundamentan en paradigmas que no aprehenden los cambios que están ocurriendo en forma vertiginosa. El impacto de la IA, del mundo cuántico y de la nanotecnología, las nuevas estructuras de poder, la importancia de los actores sociales, los fenómenos globales -problemas sin pasaportes-, los perfiles y psicologías de la clase dirigente, son algunas de las variables que no siempre son contempladas en los modelos. Por lo que daría la impresión de que hay un cierto sonambulismo, que nos lleva camino a la sideración .
Estamos ingresando en una era en que nuevamente se quiere hacer del apotegma "la fuerza es poderío"- power is might - el principio rector y organizador de las relaciones internacionales. Se habla del fracaso de la ONU, y de la necesidad de que el organismo vuelva a sus funciones originarias de mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, como si la historia pudiera rebobinarse .
El mundo ha cambiado sustancialmente en estos 80 años desde la creación de la ONU . La membrecía ha aumentado de 51 países en 1945 a 193 en la actualidad en el más fantástico cambio estructural, tanto cualitativo como cuantitativo del mundo. El escenario global no deja de mutar y la historia siempre ofrece "pasajes de ida", nunca de "ida y vuelta"
Los ciudadanos del mundo -"Nosotros los pueblos" en las palabras iniciales de la Carta de la ONU- no solo se ven amenazados por problemas de paz y guerra en términos clásicos, sino por sus nuevas formas: la violación de los derechos humanos, la afectación al medio ambiente y ecología, pobreza e inequidad, migraciones, terrorismo, soberanismos, neoimperialismos y visiones civilizacionales, conforman hoy en día el escenario en el cual debemos buscar nuevas formas de cooperación y colaboración.
En la mitología griega la desmesura o hubris encontraba en Nemesis su contención divina. En nuestro mundo terrenal alejados de la protección y castigo de esa cosmovisión mitológica, solo nos resta oponernos con el argumento de la razón y la diplomacia multilateral.
En el siglo XXI , el soft power no debe someterse al hard power ; ambos deben complementarse para conformar un poder inteligente alejado de la mera fuerza bruta.
Esto requiere de los dirigentes y de los ciudadanos de actitudes de firmeza moral y de visión estratégica.
Dominique de Villepin el 14 de febrero de 2003 en uno de los discursos más memorables que se han leído ante el Consejo de Seguridad de la ONU oponiéndose firmemente a la intervención militar en Irak, decía que la "guerra siempre es consecuencia del fracaso" y se preguntaba si "pudiese ser el único recurso ante los desafíos que enfrentamos hoy".
Con la autoridad y experiencia de su vasta trayectoria acaba de publicar un libro - El poder de decir no- que constituye un alegato en defensa de la diplomacia y de la paz.
El poder de decir no , entendido como una declaración en contra de la arbitrariedad, como una némesis humana frente a la ausencia de límites y el desprecio por las normas de convivencia. El pacto social nos permitió salir del estado de naturaleza, romperlo no nos garantiza una vuelta al mundo rousseauniano del buen salvaje. Muy por el contrario, romper el pacto de convivencia ciudadana, ignorar las normas internacionales es peligroso y dañino, especialmente para las democracias, y es un retroceso en el necesario camino de la construcción de lo que Víctor Hugo llamaba la "simpatía de las almas": la empatía, la fraternidad, el tercer principio de la revolución francesa, el más olvidado y probablemente el más relevante.
En estos tiempos signados por la cada vez mayor relevancia de lo que Bertrand Badie denomina el "actor social" como fuerza nueva en las relaciones internacionales -"Nosotros los pueblos" en la Carta de la ONU- ejerzamos nuestro poder y deber de decir no.
Decir no a la falta de límites a la acción política unilateral, y a ingenierías institucionales impuestas y sin aceptación generalizada. Decir sí al apego irrestricto al derecho internacional y a la Carta de una ONU renovada y legitimada en sus palabras iniciales "Nosotros los pueblos".
Decir no a la ola antimultilateral que se esconde bajo el argumento de que la ONU debe volver a su función original. Decir sí a un ejercicio eficiente de las competencias de la ONU, acorde con la evolución del mundo y a la ampliación de la agenda global.
Decir no a las medidas coercitivas unilaterales. Decir sí a los tratados de integración, como el recientemente firmado entre el Mercosur y la Unión Europea.
Decir no al apotegma "poder es fuerza"- power is might -. Decir sí a un renovado multilateralismo que aborde los "problemas sin pasaporte".
Decir no al imaginario de las grandes potencias de rehacer el mundo a su imagen y semejanza en función de zonas de influencias arcaicas y doctrinas unilaterales. Decir sí a los partenariados que privilegien acuerdos sustentables basados en valores e intereses comunes.
Decir no a las invasiones territoriales y a los apetitos inmobiliarios . Decir sí al respeto a la autodeterminación de los pueblos y al ejercicio de la plena soberanía territorial.
Decir no a la utilización de la fuerza como primer recurso. Decir sí a la prevención , mediación y a la solución pacífica de las controversias.
Decir no al voluntarismo de los fuertes, justificado bajo la doctrina del realismo político . Decir sí a la convivencia civilizada, construida en torno a la benevolencia: apoyar un multilateralismo solidario e inclusivo en desmedro de una paz negativa como objetivo final.
En estos tiempos de liderazgos divisorios y de intentos de recreaciones civilizacionales de toda índole, recordemos a Antoine de Saint-Exupéry: la más linda profesión de la humanidad es unir la humanidad.
En el año de la conmemoración del nonagésimo aniversario del otorgamiento del premio Nobel de la Paz al entonces ministro de Relaciones Exteriores Carlos Saavedra Lamas, que sus palabras sean una brújula de acción para nuestros dirigentes: "La Sociedad de las Naciones es objeto de críticas continuadas. Se le formulan reproches persistentes y se hacen incidir sobre ella todas las responsabilidades. Tiene, sin embargo, el derecho de volverse hacia los que la fustigan, hacia el mundo que la circunda, para formularle, a su vez, una reclamación: la necesidad de contribución moral, de la lealtad solidaria, del coraje hasta del espíritu de sacrificio, que se comprometieron en el momento de su creación y que su misión exige".
Embajador. Miembro del Servicio Exterior de la Nación