Volvieron las corbatas
Llámeme enchapado a la antigua, no me ofende: extraño el uso de corbatas entre autoridades
Llámeme enchapado a la antigua, no me ofende: extraño el uso de corbatas entre autoridades. No es lo chic lo que mueve, sino la preocupación de estar de punta en blanco cuando se trabaja para la gente. Por eso gustó el masivo uso de la prenda en la presentación del gabinete del Presidente electo, José Antonio Kast. Incluso una futura ministra, a lo Diane Keaton en Annie Hall, se atrevió a vestirla. Distinto a lo que hemos estado acostumbrados. ¿ Vibes de esos 30 gloriosos años que marcaron tanto?
Pensando en la pregunta, me topé con otro evento histórico de duración idéntica: la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).
Europa en los inicios del siglo XVII era organizacionalmente un caos. El Sacro Imperio Romano Germánico agrupaba cientos de reinos en Europa Central. El emperador Fernando II (Habsburgo) intentaba recatolizar algunos de esos "territorios" protestantes. Sin embargo, los príncipes locales, parados en la hilacha, defenderían su autonomía. La rebelión de los nobles de Bohemia de 1618 inició la guerra.
Si bien se cree que el conflicto fue solo confesional, la verdad es que tenía otros ingredientes.
Donde realmente guateaba el imperio era en lo fiscal. Aun cuando alguien podría haber dicho "es el mejor de la historia", la realidad era otra. Sin un sistema de impuestos centralizados ni una Hacienda unificada, no se financiaba un ejército profesional, condición mínima para imponer paz incluso luego de una victoria.
El costo fue alto. En 1620 el imperio se impuso en la batalla de Montaña Blanca (Praga), pero no sirvió de nada. La violencia se extendió en Europa. España ya estaba metida, luego Dinamarca, Suecia y finalmente Francia (católica, pero apoyó a protestantes).
Ahora, suecos y franceses tenían un arma secreta: un sistema tributario que funcionaba y financiaba campañas, así que no fueron sorpresa sus avances. Suecia se quedó con parte del norte de Alemania, mientras Francia se posicionó como líder del continente. Esto, además, contribuyó a la transformación de Europa en un conjunto de Estados soberanos conscientes de la importancia del tema fiscal. !Paga tener cuentas sanas¡
Y mire cómo son las cosas. Croacia era parte del Sacro Imperio y limitaba geográficamente con el Otomano. Esa tensión forjó el temido ejército fronterizo croata, cuya agilidad y adaptabilidad daban ventaja. La historia cuenta que algunos de esos soldados desertaron para apoyar al rey francés Luis XIII y que con su know-how sumaron victorias.
Pero la eficiencia no era lo único que distinguía a esos capos. Vestían una prenda extraña para la época. Algo como un pañuelo que se enrollaba en el cuello. Dicen que era para protegerse de la armadura. Como sea, a Luis el Justo le encantó y la impuso como parte del uniforme de los soldados reales franceses al finalizar la guerra. Y para honrar el aporte croata, lo denominó cravate (corbata en francés).
Seguro es coincidencia, quizás un deseo de economista, pero ojalá el retorno del atuendo sea algo más que un cambio estético y traiga de vuelta el coraje, disciplina y rigor fiscal para dar batallas.