Lo mejor es que tanto los directorios como los CEO sean fuertes
En Chile, la relación entre el CEO y el directorio está marcada por la presencia de accionistas controladores fuertes, muchas veces familias empresarias o grupos económicos con historia, poder y visión de largo plazo
En Chile, la relación entre el CEO y el directorio está marcada por la presencia de accionistas controladores fuertes, muchas veces familias empresarias o grupos económicos con historia, poder y visión de largo plazo. Este rasgo ha sido, sin duda, una fuente de estabilidad, pero también -cuando se gobierna mal- de problemas. En ese contexto, la calidad de la relación entre el CEO y el directorio, así como la relación de los directores con los accionistas controladores, se vuelve un factor crítico.
Hay que tener presente que durante años predominó en muchas empresas la idea de que los "buenos CEO" y los "buenos directores" eran aquellos capaces de alinearse sin fricciones visibles, leer correctamente el ánimo del dueño o controlador y ejecutar sin cuestionamientos. Sin embargo, la experiencia y la evidencia acumulada muestran algo distinto: los CEO y directores que más valor crean no son los más sumisos, sino los que saben manejar con madurez y criterio su relación con los controladores. Ellos entienden que su responsabilidad fiduciaria no es únicamente con los dueños o controladores, sino con la empresa como institución y con su sostenibilidad en el largo plazo. Por ello, conciben el directorio como un espacio para tomar las mejores decisiones, no como una instancia para recibir instrucciones. Esta distinción, sutil pero fundamental, marca la diferencia entre un gobierno corporativo meramente formal y uno que realmente agrega valor.
El aporte fundamental de los directorios surge, precisamente, del diálogo de calidad entre directores y ejecutivos. Cuando ese diálogo se centra en temas estratégicos, en las capacidades reales de la organización, en su desempeño y en la forma en que este se gestiona; cuando se permite que las mejores mentes hagan preguntas incómodas, validen supuestos críticos y expresen sus opiniones con franqueza y respeto, se genera una dinámica virtuosa que eleva la calidad de las decisiones y el compromiso de quienes participan. Quienes han sido parte de discusiones profundas en directorios saben que, a medida que el análisis se intensifica, crece el interés y la comprensión colectiva. En esos espacios se vuelve evidente que el juicio colectivo de un grupo cohesionado y experimentado suele ser más sólido y completo que el de uno o dos individuos, por influyentes que estos sean.
Dicho todo lo anterior, es importante reconocer que este modelo de relación entre CEO, directorio y controladores no puede ni debe imponerse por ley. Debe ser una decisión voluntaria. Si existen dueños o controladores que prefieren gobernar sus empresas de otra forma, están en su derecho. Pero también es legítimo advertir que, en entornos cada vez más complejos y exigentes, las empresas mejor preparadas son aquellas donde tanto los CEO como los directorios son fuertes, profesionales y capaces de dialogar sin miedo.