Que le vaya bonito
En pocos días se cumplirá un acto esencial de la liturgia democrática
En pocos días se cumplirá un acto esencial de la liturgia democrática. Chile ha elegido un nuevo Presidente de la República y lo ha hecho luego de una campaña electoral no exenta de crispaciones y desacuerdos. Afortunadamente, la ciudadanía determinó lo que correspondía y un nuevo mandatario asume el rol de jefe del Estado y encargado de su gobierno y administración. El país espera la asunción del nuevo equipo gobernante y, salvo aquellos que creen que la política se ejerce con indignación constante, los demás, sublimadas posiciones personales, confían se restablezca la unidad que ha caracterizado a Chile.
Obviamente, la iniciación del nuevo gobierno supone el término del anterior y se da inicio a críticas objetivas, en un proceso de enjuiciamiento que culminará en eso que llaman historia. Este determinará si en este lapso los chilenos fuimos capaces de lograr el acuerdo evitando los fracasos de la marginalidad.
Más allá de las apreciaciones de la contingencia, el próximo exmandatario debiera recibir el respeto ciudadano por haber cumplido tan elevada misión que le ha entregado una experiencia para su futuro. Una fórmula aplicable para ese reconocimiento tal vez sería desearle, parafraseando los versos de la canción de José Alfredo Jiménez, "que le vaya bonito". El deseo de felicidad debiera también entregársele al nuevo Presidente y, por qué, no a todos los chilenos, que bastante han sufrido en los últimos tiempos.