Miércoles, 28 de Enero de 2026

Gaza e Irán

UruguayEl País, Uruguay 28 de enero de 2026

La sensibilidad moral selectiva no es sensibilidad: es propaganda. Si realmente importan los derechos humanos, Irán debería ocupar hoy el centro de la agenda global.

Hay tragedias que conmueven al mundo, copan los titulares y monopolizan la discusión; otras que pasan casi inadvertidas. No porque sean menores, no porque sus víctimas valgan menos, sino porque no encajan en el relato ideológico dominante. El contraste entre Gaza e Irán en las últimas semanas es un ejemplo brutal de esa doble vara moral.

En el último mes, el régimen iraní asesinó entre 30.000 y 43.000 personas en el marco de una represión masiva contra las protestas civiles. Solo entre el 8 y el 9 de enero, según organizaciones internacionales de derechos humanos, fueron ejecutadas decenas de miles de personas. Manifestantes desarmados, estudiantes, mujeres, trabajadores, opositores, ciudadanos comunes. Disparos a quemarropa, ejecuciones sumarias, secuestro de heridos en hospitales, entierros clandestinos y apagón total de internet para ocultar la magnitud de la masacre.

En el mismo período, en Gaza, bajo un alto el fuego parcial, murieron entre 400 y 500 personas. Cada muerte es una tragedia, sin matices. Pero las proporciones importan. En términos estrictos, Irán mató en un solo fin de semana lo mismo que Gaza en casi dos años de guerra.

Y sin embargo, el flujo informativo, la indignación pública, las marchas, los comunicados, los pronunciamientos políticos, las campañas militantes y la presión internacional se concentran casi exclusivamente en Gaza. Todos los días titulares, debates, declaraciones, escraches, resoluciones y condenas. Mientras tanto, Irán apenas aparece en los márgenes de la agenda mediática y política, como una nota al pie.

La pregunta se impone: ¿por qué esta miopía moral selectiva? ¿Por qué una sociedad civil hiperactiva frente al drama palestino mantiene un silencio casi absoluto ante la mayor masacre estatal del siglo XXI? ¿Por qué la izquierda uruguaya, latinoamericana y buena parte de la occidental, tan sensible a toda violación de derechos humanos cuando el perpetrador es Israel o Estados Unidos, guarda una prudencia casi cómplice cuando el verdugo es el régimen teocrático iraní? Las hipótesis son incómodas, pero inevitables.

Una es el antisemitismo persistente, que lleva a observar cualquier conflicto donde esté involucrado Israel no con criterios humanitarios, sino con un sesgo automático de condena. En Uruguay y en todo occidente tenemos síntomas notorios del rebrote antisemita; personas que hacen cada vez más explícita la doble vara con la que miden todo lo que sale de Israel. La tragedia de Gaza es entonces un símbolo político más que en un drama humano.

Otra es el odio ideológico a Occidente y a sus valores, que empuja a justificar o minimizar cualquier atrocidad si quien la comete se presenta como "antiimperialista". En ese esquema mental, Irán, pese a ser una dictadura brutal y represiva, es tolerado porque se ubica en el campo de los enemigos de Estados Unidos. Buena parte de la izquierda iberoamericana, sigue leyendo el mundo con los lentes de la Guerra Fría. Son los mismos que se indignan más por la suerte de Maduro que por la de los que Maduro tortura.

Y no puede ignorarse el financiamiento probado de Irán a partidos y movimientos de izquierda en Iberoamérica. Lo más vergonzoso en este sentido es el rol del partido político español Podemos, cuyo líder fue invitado y recibido como héroe por el Frente Amplio varias veces. Un partido que ha llevado la condena a Israel al absurdo de convocar escraches y acosos a ciclistas y basquetbolistas judíos que compiten en España; pero que a pesar de autoproclamarse feminista no ha dicho una sola palabra de la masacre que el régimen teocrático y misógino de Irán viene llevando adelante. Casualmente todos los líderes de Podemos hicieron fama y dinero en Hispan TV, un medio financiado por Teherán para promover su agenda en el público de habla hispana.

Nada de esto implica minimizar el sufrimiento en Gaza. Implica, por el contrario, se trata de reivindicar un principio básico: los derechos humanos no admiten jerarquías ideológicas. Podríamos entrar en el hecho de que de un lado hubo una guerra entre un Estado democrático y un grupo terrorista, y del otro se trata de una dictadura asesinando a manifestantes desarmados. Pero no, el foco de estas líneas evitar cualquier jerarquización del sufrimiento.

La sensibilidad moral selectiva no es sensibilidad: es propaganda. Si realmente importan los derechos humanos, Irán debería ocupar hoy el centro de la agenda global. Si no lo hace, no es por falta de muertos. Y ese silencio, estruendoso, dice mucho más de quienes lo practican que del régimen que asesina.
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