Dos enfoques internacionales
En esta época turbulenta, son bienvenidos dos nuevos libros sobre temas internacionales
En esta época turbulenta, son bienvenidos dos nuevos libros sobre temas internacionales. Ambos escritos por chilenos. Son La diplomacia tiene la palabra , de Pablo Cabrera, y Vietnam, Israel y Trump , de José Rodríguez Elizondo.
Cabrera se dedica a reivindicar la diplomacia, la ductilidad que tiene para resolver los más porfiados conflictos. Y nos entretiene con descripciones de sus misiones como embajador en Londres, Moscú, Beijing y el Vaticano.
El Presidente Frei le pidió ir a Londres en 1999, para negociar el regreso a Chile del general Pinochet, detenido allá en lo que se creía un atentado contra nuestra soberanía. Cabrera se convence de que no va a funcionar el argumento de que Pinochet debería ser juzgado solo en Chile. Piensa que la mejor opción es que lo suelten por razones de salud. Es lo que ocurre el 2 de marzo de 2000.
De Londres, Cabrera es trasladado a Moscú. De allí nos brinda primero una breve historia de Rusia. Cuenta que le impacta en Putin la combinación de baja estatura y aura de autoridad. Después, los incidentes cómicos. Llegan sus credenciales: la Cancillería las ha dirigido a "Su Excelencia Vladimir Putin, Sultán de Brunei". Hay un almuerzo en honor al Presidente Lagos, quien le pide a Cabrera decir unas palabras. Cabrera se para y emite, en un supuesto ruso, sonidos como "Gorki, spasiva, matrioska, Alexander...". Los comensales irrumpen en carcajadas. No sabemos si Lagos las comparte.
De Moscú va a China. Allí también parte con una breve historia del país. De repente le anuncian que quieren firmar con nosotros el primer tratado de libre comercio jamás ejecutado por China: evidencia de inmejorables relaciones, que Cabrera celebra con entusiasmo. Después, desde el Vaticano, él analiza la crisis de la Iglesia, a la vez que valora su influencia positiva en un mundo cada vez más anómico. Todo esto, en un libro que nos va convenciendo, poco a poco, de que la diplomacia sí es invaluable.
Cosa en que Rodríguez Elizondo estaría de acuerdo, creo. Su gran experiencia internacional la exhibe él en un libro que tiene tres secciones. Recuerdos de visitas a Vietnam en 1965 y 1967; su misión como embajador en Israel a partir de 1996, y un análisis de la situación actual del mundo.
Es conmovedor lo de Vietnam. Las dos veces que está allí caen bombas todas las noches. Pero los vietnamitas aguantan impávidos, seguros de que van a ganar, aunque sea en la opinión pública norteamericana.
Hay anécdotas memorables. El autor conoce a Nguyen Thi Hue, jefa de un pelotón. Es una adolescente "bonita y tímida". Pero cuando habla de sus acciones bélicas, "gesticula con entusiasmo, como una liceana que llega a su hogar con buenas notas". Cuenta ella lo impactante que es capturar a pilotos norteamericanos caídos, "tan grandes y tan humildes para rogar por su vida". Hay también una memorable descripción de una reunión con Ho Chi Minh.
Rodríguez Elizondo enumera las bajas de la guerra. Millones de muertos. Millones expuestos a armas químicas. A pesar de lo cual hay una excelente relación entre Vietnam y EE.UU. Sin duda, "un modelo que necesita internacionalizarse", acota él.
Ya en Israel, Rodríguez Elizondo recalca lo difícil que es configurar Estados en un país con fronteras bíblicas. Tal vez por eso van fracasando los acuerdos de Oslo, cuyos avatares él analiza con ecuanimidad. Y nos describe unas reuniones notables, con Shimon Peres, Ariel Sharon y Yasser Arafat.
En la última sección, llamada "La Guerra Tibia", comenta la falta de visión con que desdeñaron a Yeltsin y a Putin cuando quisieron ingresar a la OTAN, análisis con que concuerda Cabrera. Comenta lo tristemente común que es la guerra en el mundo, y con humor algo negro sugiere que, si no mejoran los políticos, "solo nos quedaría el plan B más antiguo del mundo: el advenimiento de un Dragón rampante o de un Mesías, que salven al planeta del Demonio de la Irracionalidad".
Cabrera nos va convenciendo de que la diplomacia sí es invaluable. Rodríguez Elizondo estaría de acuerdo, creo.