Colchón laboral: ¿retirar ya o guardar para después?
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Alto. Antes de retirar sus cesantías este año, conviene detenerse un momento. Ese dinero puede servir para cumplir una meta importante en su vida, pero también es clave para mantener la liquidez si su situación laboral cambia. Usarlas de forma inteligente implica planear el retiro y asegurarse de no quedarse sin respaldo para cubrir los gastos del día a día. Las cesantías son una prestación obligatoria que los empleadores deben consignar cada año a nombre del trabajador en un fondo especializado. El monto equivale a un mes de salario por cada año trabajado, o a la proporción correspondiente si el tiempo es menor. Por ley, esa consignación debe hacerse a más tardar el 14 de febrero, con corte al año anterior. Además, el empleador debe pagar intereses sobre las cesantías, calculados al 12 % anual, que se entregan directamente al trabajador antes del 31 de enero. Es decir, no todo el dinero queda en el fondo donde tenga las cesantías, pues una parte llega en efectivo cada comienzo de año. Ese ahorro no está pensado como un ingreso adicional de libre uso; su función es servir como respaldo económico cuando se termina un contrato de trabajo y aún no se consigue uno nuevo. ¿Qué debería pensar antes de retirar cesantías? La primera pregunta no es en qué quiere usar las cesantías, sino qué tan expuesta está su situación laboral. Retirarlas mientras el contrato sigue vigente implica anticipar un ahorro pensado para cubrir un periodo sin ingresos, por lo que la decisión cambia según el tipo de empleo y la estabilidad de cada persona. Juan Daniel Sierra, abogado y líder de Derecho Laboral y Seguridad Social de Scola Abogados, explica que antes de solicitar el retiro es clave evaluar si existe la posibilidad de un periodo de desempleo cercano, el tipo de contrato que se tiene y cuánto tiempo suele tardar una persona, en su oficio, en conseguir un nuevo trabajo. No todos los trabajadores enfrentan el mismo riesgo ni tienen las mismas redes de protección. El tipo de contrato, por ejemplo, marca una diferencia importante. Un trabajador con contrato a término fijo conoce con mayor claridad hasta cuándo tendrá ingresos; uno con contrato por obra o labor depende de la duración de un proyecto específico. En el caso de los contratos a término indefinido, una terminación sin justa causa implica el pago de una indemnización. Cada escenario cambia el nivel de respaldo real con el que cuenta la persona si decide usar sus cesantías antes de tiempo. Otro factor clave es el tiempo promedio de desempleo entre un trabajo y otro. Hay ocupaciones en las que la reubicación laboral suele ser rápida, mientras que en otras puede tomar varios meses. Además, el análisis no debe limitarse al saldo acumulado de cesantías. También conviene revisar si se cuenta con otros apoyos, como ahorros adicionales o mecanismos de protección frente al desempleo. Existen diferentes alternativas, como los seguros de desempleo ofrecidos por cajas de compensación familiar o por aseguradoras privadas, que en algunos casos pueden cubrir parte de ese riesgo y cambiar la conveniencia de retirar las cesantías. ¿Usar cesantías o mejor sacar un crédito? Antes de retirar las cesantías para vivienda o educación, vale la pena hacerse otra pregunta: ¿existen alternativas de financiación que permitan cumplir esa meta sin quedarse sin respaldo? En muchos casos, la respuesta está en el propio sistema financiero. Diego Acevedo, socio de Holland & Knight, explica que las cesantías están concebidas como un mecanismo de protección frente al desempleo, por lo que su uso debería estar bien justificado. Desde su perspectiva, retirarlas sin contar con otros ahorros puede dejar a la persona expuesta ante una eventual terminación del contrato y obligarla, más adelante, a recurrir a créditos de consumo para cubrir gastos básicos. Esto significa que no siempre la mejor decisión es usar las cesantías de inmediato. Para educación y vivienda, por ejemplo, existen líneas de crédito con plazos largos y condiciones preferenciales, que en algunos casos permiten mantener intacto el ahorro mientras se atiende la necesidad puntual. Evaluar tasas de interés, plazos y cuotas mensuales frente al ingreso disponible es parte de esa ecuación. Acevedo señala que uno de los riesgos de quedarse sin cesantías es que, ante cualquier imprevisto, la persona termine financiándose con productos más costosos, como tarjetas de crédito o préstamos de corto plazo, lo que puede afectar su estabilidad financiera durante el resto del año. Por eso, insiste en que la decisión no debe tomarse solo con base en el saldo disponible, sino en el impacto que tendrá a futuro. Este punto se vuelve especialmente importante cuando el retiro se plantea para cubrir gastos que no generan un beneficio de largo plazo o que podrían financiarse por otras vías. En esos casos, usar las cesantías puede resolver un problema inmediato, pero crear uno mayor más adelante.