Miércoles, 28 de Enero de 2026

‘Los ahorritos’ y el legado

ColombiaEl Tiempo, Colombia 28 de enero de 2026


Carlos Enrique Cavelier
Casi todo el mundo considera hoy en Colombia, como en cualquier parte del mundo, que debe disponer de un ahorro: empezar por una bicicleta o una moto, luego quizá un pequeño ganado y, más adelante, una vivienda; y si es una finca, mucho mejor


Carlos Enrique Cavelier
Casi todo el mundo considera hoy en Colombia, como en cualquier parte del mundo, que debe disponer de un ahorro: empezar por una bicicleta o una moto, luego quizá un pequeño ganado y, más adelante, una vivienda; y si es una finca, mucho mejor. La tierra es un bien muy preciado en nuestro país —como dicen los paisas, "tierra, así sea en el ombligo"—. Aun más valioso, a menudo, es la educación superior de los hijos. El ahorro forma parte del futuro, sirve para afrontar una dificultad o para garantizar tranquilidad en el porvenir. Latinoamérica no es tierra de ahorros si la comparamos con Asia, donde en ocasiones los ahorros alcanzan el 40% del ingreso. En contabilidad, a esos ahorros se les denomina patrimonio. En el ámbito empresarial, el patrimonio se utiliza como respaldo para contraer deudas que resulten menos costosas que lo que produce dicho patrimonio. De ese modo, se impulsa la empresa elevando el patrimonio para generar más espacios económicos en la cadena productiva: es decir, más crecimiento para la economía, más empleo, más capital y mayor productividad. Sin embargo, la educación superior de los hijos pertenece al terreno del legado. Lo que dejamos a las generaciones siguientes puede ser material, pero lo inmaterial —como su formación universitaria— puede ser aún más valioso. En Colombia, las grandes fundaciones —empezando por la Fundación Carvajal, ejemplo pionero— han constituido legados importantes, a partir de sus patrimonios. Hoy existen un buen número e incluso se ha creado la AFE, la Asociación de Fundaciones Empresariales. Fundaciones como la Corona, la Santo Domingo o la Saldarriaga Concha han avanzado años luz respecto de lo que eran hace un par de décadas. Además, han surgido entidades dedicadas a causas específicas, como la Fundación Excelencia de la Justicia, Empresarios por la Educación y la Fundación Ideas para la Paz. El tema central es volver el concepto de legado parte de nuestras vidas. El primer gran filántropo moderno fue Andrew Carnegie, quien, nacido en la pobreza en Escocia, emigró niño a EE. UU. y construyó un imperio del acero que lo convirtió en el primer billonario. Al final de su vida, vendió sus propiedades para financiar obras como el Carnegie Hall en Nueva York y más de 3.000 bibliotecas en pequeños pueblos, además de hospitales y muchas iniciativas en educación y música. Creo que en Colombia el concepto de legado está empezando a formar parte de nuestra cultura: aparecen fundaciones y, sobre todo, personas que desean ir más allá de dejar un patrimonio —sea pequeño o grande— y buscan dejar una idea, una marca que no sea una mera herencia para sus hijos. Se dice que una de las razones de la inmensa popularidad del arte, aparte de sus cualidades estéticas, es su capacidad para inmortalizar. Los legados cumplen una función similar y, sobre todo, pueden generar grandes beneficios sociales y resolver asuntos pendientes con las comunidades. Colombia debe asumir con más determinación la cultura del legado, que puede propagarse en círculos virtuosos por el ejemplo que deja. Esto amplía la legitimidad de los empresarios y ofrece un propósito sólido para legar a las generaciones venideras.
carloscavelier@gmail.com
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