No necesita apurarse
Los buenos políticos saben manejar sus tiempos y Lacalle Pou lo es, por algo se mantiene enigmático.
Muchos blancos (no todos) están impacientes por resolver cuanto antes una incógnita que los tiene a mal traer. ¿Cuándo se reintegrará Luis Lacalle Pou a la actividad política? Las recientes declaraciones de su padre, el expresidente Lacalle Herrera, hicieron pensar que ocurriría en poco tiempo. Pero tal como se comporta Lacalle Pou, no parece tener mucho apuro. Todo indica que la vida de expresidente le sienta bien. Al menos por ahora.
No hay reglas para este tipo de situación, aunque es frecuente que al dejar su cargo, por un rato los expresidentes tomen distancia del quehacer político. Esto ocurre por varias razones. La primera, porque necesitan "desintoxicarse" tras años de intensa presencia en todos los temas. La segunda, porque les sirve hacer una pausa para reflexionar sobre su futuro político (más en el caso de que estén pensando en una reelección) y eso no puede hacerse si a la misma vez están metidos en el fragor cotidiano.
Una tercera razón es porque tras haber ejercido un liderazgo firme desde el gobierno, es bueno dejar que sus partidos se reconfiguren sin sus presencias, y estén fuertes para cuando se produzca su retorno.
A eso hay que sumar otros factores. No es mucho lo realizado por el gobierno de Yamandú Orsi ni está claro hacia donde quiere llegar.
Por lo tanto, está bien que desde el Parlamento la oposición vaya calentando sus propios motores y deje a Lacalle Pou afuera, pronto para intervenir cuando venga el momento de las grandes definiciones.
Una debilidad del gobierno es su política exterior. No cuenta con un equipo competente y a eso deben añadirse las desconcertantes decisiones tomadas por el presidente de Estados Unidos respecto a los más variados temas y que llevan al mundo a un estado de convulsión permanente. Nadie sabe dónde está parado, menos aún la cancillería uruguaya, por lo cual un poco de prudencia y perfil bajo no vendrían mal, al menos hasta tener las cosas claras.
En ese contexto, un Lacalle Pou alejado del ruido, puede evaluar mejor los hechos internacionales sin tener que hacer pronunciamientos apresurados. Nadie, ni siquiera el, sabe en qué mundo viviremos.
Dispone entonces, de tiempo y serenidad para intentar entender como ubicarse mejor en un mundo imprevisible.
También por estar fuera del acalorado debate cotidiano, faltando aún tanto para las elecciones, le será más fácil tomarle el pulso al país, entender en que está la gente, cuales son sus preocupaciones, sus ilusiones, sus quejas y sus sueños.
Desde su retiro deberá procesar un dato que muchos presidentes que buscan un segundo mandato no asimilan y así convierten su retorno, sino en un fracaso al menos en una frustración.
El Uruguay de 2029 nada tendrá que ver con el que Lacalle Pou se movió exitosamente en las elecciones de 2019. Pasaron diez años, ocurrieron muchas cosas, entraron nuevos protagonistas y las prioridades y el lenguaje político de la gente es otro.
Ni siquiera será el país que dejó al terminar su presidencia el 1° de marzo de 2025. En parte porque cambió a partir de su gestión y en parte porque sigue cambiando hoy.
Uruguay es de ritmo lento y cansino, es verdad, pero aun así procesa cambios que no siempre se notan, aunque ocurren.
Será un candidato con más edad y deberá presentarse con una propuesta, un lenguaje y una gestualidad para la década que viene, no para la que ya pasó. Si Lacalle Pou no toma nota de esta realidad y se deja llevar por su "experiencia" pasada, quizás gane, pero su gobierno no tendrá el brillo del anterior.
Al alargar su pausa, algunos blancos se ponen nerviosos y le reclaman que vuelva cuanto antes. Los buenos políticos saben manejar sus tiempos y Lacalle Pou lo es, por algo se mantiene enigmático.
Otros dirigentes blancos no se hacen problema e insisten en que esta es la hora de consolidar al partido para estar bien armado a la hora de su reingreso. Para eso, deberá mejorar su estrategia como oposición. Si bien el gobierno invita a ser criticado en forma constante, solo quedarse en eso da la impresión de que no hay más para ofrecer.
Una de las fortalezas del gobierno pasado fue su gabinete. Lacalle Pou contó con ministros sólidos y comprometidos. Algunos eran de su partido y otros pertenecían a los partidos socios de la Coalición. Pero fue un equipo que trabajó bien.
La tarea de los actuales dirigentes blancos es buscar y formar políticos que hagan una campaña coherente y tengan una sólida representación parlamentaria, pero también tendrá que ir individualizando a los que integrarían un eventual gabinete con viejas y nuevas figuras, y tan robusto como el anterior.
Por último, queda la tarea de volver a fortalecer los vínculos con los otros partidos de la Coalición Republicana (ya hay un buen trabajo a nivel parlamentario).
En otras palabras, mientras Lacalle Pou se toma su tiempo, su partido tiene tareas para hacer que no necesitan de su presencia.
Son tareas imprescindibles para cualquier partido y con ellas se va ganando terreno y presencia.