Sábado, 31 de Enero de 2026

Sorpresas y decepciones

UruguayEl País, Uruguay 31 de enero de 2026

La situación genera interrogantes sobre el futuro de la industria energética venezolana y la posición de Estados Unidos en el tablero geopolítico.

La reciente extracción de Maduro de Venezuela representa un hecho sorpresivo en la historia política de la región. En algo se asemeja a la destitución del entonces presidente de Panama cuando en 1989 Bush (p) ordeno su invasión y depuso al general Noriega, llevándolo a EEUU para procesarlo por narcotráfico, donde fue condenado. Bajo la tutela norteamericana Panama volvió bastante rápido a la senda democrática.

Aún es pronto para determinar el verdadero alcance y juzgar las múltiples consecuencias que este reciente suceso traerá aparejadas. Para medir su impacto, resulta indispensable analizar cuáles fueron los objetivos originales del golpe. Tampoco se pueden soslayar los considerables riesgos asumidos tanto por quienes participaron en su ejecución, como por el prestigio de Estados Unidos, en caso de un fracaso. Sin embargo, como se dice, habitualmente, "no gana quien no arriesga", y en este caso la jugada resultó exitosa, al menos en su primera etapa.

Al analizar el fondo del asunto, parecería quedar claro que el interés de la administración Trump por Venezuela no radica principalmente en la lucha contra el narcotráfico y la promoción de la democracia, aunque eso podría tener finalmente un efecto positivo. El verdadero motor son los recursos energéticos, especialmente el petróleo y los minerales del país.

Actualmente, Estados Unidos no depende del petróleo importado, ya que se autoabastece con sus reservas tradicionales y el "shale oil" no convencional. De hecho, exporta más de cuatro millones de barriles de hidrocarburo por día, principalmente a países como China, India, Corea del Sur y Gran Bretaña. En cuanto al gas natural, en 2025 Estados Unidos exportó cerca de 20 mil millones de pies cúbicos diarios, principalmente en forma de gas natural licuado (GNL) hacia Europa, Asia y América Latina, equivalentes a unos 565 millones de metros cúbicos diariamente. Además no quiere que haya una sobre producción mundial la que necesariamente traería aparejada una baja del precio, recortando sus márgenes de rentabilidad.

Pero, a pesar de su independencia energética actual, EEUU mantiene un marcado interés estratégico en las reservas de petróleo venezolanas, consideradas las más grandes del

mundo. Washington no desea que adversarios geopolíticos suyos adquieran o aumenten su influencia en Venezuela. Es muy probable que actores externos, como Rusia, Cuba e Irán, ya estén reduciendo su presencia, alejándose de los centros de poder y los campos petrolíferos venezolanos. De lo contrario habrá más ruido.

Lejos de su enorme potencial, la producción petrolífera venezolana apenas alcanza hoy, a abastecer su mercado interno y cumplir con los compromisos de venta al exterior, cada vez más exiguos. En la actualidad, las exportaciones oscilan entre 600.000 y 800.000 barriles diarios, la mayoría destinadas a países asiáticos y Cuba. En cuanto al gas, las exportaciones son marginales y están lejos de los volúmenes petroleros. Vale la pena recordar que, durante la Segunda Guerra Mundial, Venezuela cubrió más de la mitad de las necesidades de los aliados occidentales.

El colapso de la industria petrolera venezolana tiene causas conocidas: el denominado "socialismo del siglo XXI", la fuga de operarios calificados, la falta de crédito, las expropiaciones y el abandono de los campos productivos. Consecuencia de ello, un país que alguna vez tuvo el PIB per cápita más alto del mundo, hoy padece un deterioro significativo debido a sus lamentables gestiones gubernamentales.

Trump está convocando a las empresas norteamericanas para que inviertan en Venezuela, aunque hasta ahora con poco éxito. Su objetivo es que EEUU controle el proceso, mantenerse involucrado en el país y obtener parte de los beneficios de esa actividad. Existe también una conveniencia colateral, consecuencia de que el crudo venezolano es muy pesado y contiene mucho azufre. Las refinerías norteamericanas del sur han refinado ese combustible durante décadas. Hoy estan bastante inactivas y les vendría muy bien volver a hacer lo que han hecho por casi 100 años

Es significativo que Exxon haya indicado que aún no estan dadas las condiciones para invertir en el país. Pero Chevron, hasta ahora la única petrolera norteamericana que permanece en Venezuela, con amplia experiencia en exploración, producción y refinación, continua activa y probablemente aumente sus operaciones dado los recientes hechos.

Trump ha manifestado no querer repetir el error de Bush (h) que invadió el país con tropas y quedo envuelto en una guerra civil, al derrocar a Saddam Hussein en Irak, evitando (aunque no descartando) una masiva intervención militar directa que podría generar caos y consecuencias imprevisibles en Venezuela.

La situación genera interrogantes sobre el futuro de la industria energética venezolana y la posición de Estados Unidos en el tablero geopolítico regional. Por un lado, la posible apertura a inversiones extranjeras podría revitalizar al sector, si bien no es realista pensar que EEUU quiera un resurgimiento importante de su producción, lo cual podría ir en desmedro de sus exportaciones. Dependerá de cómo evolucionen las relaciones diplomáticas, empresarias y la capacidad del "nuevo" gobierno venezolano bajo la tutela norteamericana, para generar confianza y estabilidad en el corto y mediano plazo ordenando y mejorar su alicaída estructura productiva.

Hacia adelante Trump prefiere trabajar con Delcy Rodriguez, desmantelar al régimen, exigir la liberación de los presos políticos y liberalizar al estado venezolano, amenazando, persuadiendo y empujando al país hacia una transición. A Corina Machado la mantiene como reserva para el caso de llegar a elecciones democráticas, en unos 2 años. Esperemos que sí. Lo contrario será una gran decepción.

Observaremos cómo evoluciona la película: si la actual presidenta de Venezuela consigue sostener buenas relaciones con Trump y logra apartar a sus colaboradores más polémicos, podría alcanzar una solución digna, estableciendo una fecha para elecciones y acordando ciertas garantías para sí misma y a los que sea necesario salvar.
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