La adicción a la literatura se convierte en negocio aún en estos tiempos: "Es un salto a la suerte"
Pese a que se cree hay escasez de lectores, "estamos en el peak de la lectura y de la impresión de libros", señala Cristián Figueroa, afiliado de Cafetería Odisea. Acaba de abrir su librería. Otros piensan que "la lectura tuvo un boom desde el 2017, principalmente impulsado por los jóvenes", como sostiene Valeria Aguilar, fundadora de Cafetería Literaria Petilú, también de reciente apertura. Eduardo Sanz, socio fundador de Compañía Libros, comenta que quiere que en Chile haya "librerías como las que nos gustan a nosotros".
"Muchos romantizan la idea de tener una librería, pero en realidad es un negocio duro como cualquier otro", señala Taira Sedini (35) cofundadora con Piera (31), su hermana, de Autoras Librería. En los últimos 15 meses lectores aficionados han decidido trabajar en lo que más les gusta. Para algunos esto significó apostar sus ahorros, solicitar un crédito al banco, ganar licitaciones o participar de un fondo concursable. De una u otra manera todos lograron levantar su negocio literario. Desde el centro de Santiago pasando por el Barrio Italia, el Golf hasta Las Condes, en Av. Presidente Errázuriz han inaugurado librerías muy distintas entre ellas.
A pesar de vender el mismo producto, se diferencian principalmente por la motivación detrás del negocio: algunos enfatizan la rentabilidad, otros por defender una causa e incluso uno abrió para poder leer en el trabajo. Las intenciones son muy diferentes, pero todos comparten la misma pasión por los libros. ¿Por qué abrir una librería, cuando la percepción general es que se lee menos? Todos coinciden: es lo que los hace más felices.
La realidad del negocio
"La renta es baja (de 30% por libro) y la industria es lenta", explica Taira Sedini. "Mil veces hemos pensado en cerrar o vender otra cosa, pero el propósito es más grande", agrega. Autoras Liberia surgió de una conversación durante la pandemia, mientras las hermanas Sedini comentaban sobre sus autoras favoritas, un clásico en su casa porque ahí "todo gira en torno a un libro". Fue cuando se cuestionaron la poca visibilidad que tienen las mujeres en el mundo literario. "Esa inquietud terminó siendo el propósito de la librería", subraya Taira.
Comenzaron como un e-commerce en 2021, luego lanzaron una suscripción de libros y club de lectura en 2022 que creó la comunidad virtual alrededor de la librería enfocada en la venta de literatura escrita por mujeres. "Necesitábamos un centro de operaciones", explica Taira Sedini. Por eso abrieron una tienda física, en una casa comercial ubicada en Av. Presidente Errázuriz. "(La tienda) nos ha vuelto valorar lo que hacemos, cuando vendes por medio de lo digital solo te quedas con lo malo".
Para Cristián Figueroa (54), socio fundador de Café Odisea, "este es el mejor momento para tener una librería". En una de las salas del Colegio de Arquitectos, frente a la Alameda hay un toldo verde que sobresale del edificio con "Café Odisea" escrito. Se trata de una librería de doble ambiente: por un lado, cafetería y, por el otro, librería especializada en libros de Ciencias Sociales y Humanidades. "Tenemos de todo igual", resalta Figueroa, quien junto con Felipe Parada (33) y tres personas más decidieron abrir una segunda sucursal el año pasado (la primera abrió en 2023, en barrio Yungay). "Estamos en un momento peak de impresión y lectura", agrega. Durante la búsqueda de un local, pensaron en instalarse en barrio Lastarria, que para Figueroa es el "epicentro de la cultura y la lectura del país". En ese proceso se enteraron de que el Colegio de Arquitectos estaba licitando el local donde actualmente está el café-librería. "Fue una apuesta abrir en lo que se conocía en 2019 como la zona cero, pero no nos da miedo que nos vandalicen, queremos ser un aporte para el barrio", señala Parada.
"Nunca he hecho algo tan entretenido en mi vida", dice sonriendo Diego Guaita (32), sentado en la Librería Salvaje, en barrio Italia. Guaita abrió el negocio por su necesidad de leer y de no tener un jefe. "Quería inventar un trabajo. Tenía que ser de algo que conociera muy bien", recuerda. Claramente, se refería a los libros: "He leído toda mi vida", señala. Cuenta que partió vendiendo clásicos y que no tenía experiencia en ventas, pensó que con su "sentido común" bastaba. De a poco se fueron llenando sus estantes y el local. "Ser librero nunca aburre, leo cerca de cuatro o cinco libros a la semana", comenta.
Librería y algo más
En el mismo barrio, al final de la Av. Italia está Petilú, "una cafetería literaria", explica su dueña, Valeria Aguilar (30). Ser autista le implica desafíos, cuenta, y logró levantar un espacio donde se sintiera cómoda para trabajar. "Yo la conocí usando audífonos, pensé que no estaba interesada", dice su esposo Jecsan Espinosa (36), el principal impulsor del proyecto. La tienda de libros se enfoca en novelas románticas y asiáticas, aunque lo principal es el café. "El milkshake de Oreo se llama Cumbres Borrascosas, porque su sabor es tan dulce e intenso como los personajes de esa historia", señala Aguilar. La pareja explica que el grueso de la ganancia está en el consumo de la cafetería, "pero los clientes siempre dan la vuelta entera y miran los libros, muchos terminan leyendo mientras comen", agrega. "La librería tenía que estar acompañada de algo gastronómico porque el margen que te dan los libros es poco, no nos iba a alcanzar para el arriendo", reconoce. Además, venden productos relacionados a la literatura como: velas con olor a biblioteca, marcadores de página y forros para libretas.
En general, la venta de libros funciona a partir de consignaciones que le dan las editoriales a las librerías: Los negocios reciben los productos y los pagan una vez que los venden. Si no los venden, los devuelven a la editorial. Los emprendedores coinciden en que para las librerías de menor tamaño es difícil conseguir una consignación. "Uno se las tiene que ganar", dice Taira Sedini. De hecho, algunas editoriales le han dicho a Valeria Aguilar que no le pueden dar consignaciones "pero que me pueden vender libros con descuentos", comenta. Eso hace que para las librerías pequeñas se dificulte competir con "las grandes, tienen más poder de negociación. Pueden vender libros con descuentos porque su margen (de pérdida) es menor", señala Sedini.
Israel Estelle (37) llega en bicicleta a su Cafetería Greenbook, ubicada en el centro de Santiago. El extanquista se retiró del ejército después de cinco años de servicio. "Me aburrí, quería pensar", dice. Cuenta que no fue un buen alumno en el colegio y que terminó cuarto medio en la Escuela Militar. A los 23 años entró a la universidad para estudiar filosofía: "No cachaba nada, tenía mucha desventaja", comenta. Fue ahí cuando se encantó de los libros. Con el tiempo llegó a tener más de 400. "No tenía espacio en mi casa, no sabía qué hacer con ellos", dice. El negocio de Estelle, ubicado en la Galería de la Merced, no vende los libros, pese a que tienen un espacio protagónico. "La idea es que los clientes intercambien los libros, mientras cumplan las reglas", precisa. El concepto es el mismo: una cafetería-librería o al revés. "Me había quedado sin pega y quería tener una tienda. Paseando por la galería me di cuenta de que arrendaban este local", explica el exmilitar. En octubre de 2024, tomó la oportunidad, invirtió todos sus ahorros y pidió un crédito para abrir una cafetería con el plan de armar una librería reciclable y darle un espacio a sus libros. "A mí me gusta el café en tarro, no sé de eso (refiriéndose a la cafetería). Mi pasión son los libros", aclara.
En centros comerciales
Entre polvo, cajas y pedazos de pizzas, Josefina Muñoz (36) y Mai Canales (34) montaron la Librería Azafrán, en el tercer piso del Mercado Urbano Tobalaba (MUT). Canales cuenta que no hubiese sido posible sin la ayuda de sus familiares y amigos. "Fue muy intenso. Estábamos apuradas porque queríamos abrir antes de Navidad", recuerda . Se demoraron cinco días en terminar. "Pusimos libro por libro, fuimos muy cuidadosas en categorizarlos por temas y de que quedaran expuestos en un orden lógico", agrega. La idea surgió porque le querían dar una "casa" a los libros y autores de la editorial Azafrán, fundada en 2017 por Muñoz. "Fue una apuesta, un salto a la suerte", dice Canales. En 2024 se ganaron un fondo del Ministerio de Arte y Cultura que les sirvió como pie para empezar el proyecto.
"Creo que la gente, a pesar de tener la opción de lo digital, sigue prefiriendo siempre lo impreso. Hay un cierto cariño y necesidad de tocar el libro, de tenerlo", comenta Canales. "Los libros te dan la opción de tener en tu casa distintos mundos, épocas, países", añade.
A seis minutos caminando del MUT abrió Compañía Libros, en el primer piso del Costanera Center. Es una librería que, según su fundador Eduardo Sanz (49), oriundo de España, busca ser generalista aunque privilegia la curaduría y la exhibición. "Nos interesa que se vean muchas tapas (de libros)", dice. Sus socios y él han armado "una librería de las que nos gusta, donde el tiempo se congela un poco", señala. "En general las librerías independientes son chicas, de barrio, y funcionan como un autoempleo. Este no es el caso", aclara Sanz. Su plan es crear una marca que crezca, aparte de vender como e-commerce . "Queremos tener 10 locales en un plazo de cinco años", aspira.
El grupo de socios está compuesto por ocho personas, tres de ellas extranjeras. Juntos se dieron cuenta de que el consumo de los chilenos se concentra en los malls y que hay poca oferta de librería dentro de ellos. "Y la oferta que hay no es muy interesante", dice Sanz. Esta "oportunidad" los incentivó a inaugurar su primera librería en diciembre de 2025 en el mall mas grande del país.