Capitalismo autocrático y elecciones
Desde la llegada de Trump 2
Desde la llegada de Trump 2.0 (enero/ 2025), el mundo occidental ha estado bajo tensión institucional por efecto de movimientos antidemocráticos y respaldados por poderosos empresarios. Muchos de ellos, como el fallido Musk, poco entienden de balances y contrapesos institucionales y simplemente buscan explotar el dirigismo estatal a favor de sus negocios. Tan pronto vio Musk que le recortaban subsidios estatales a sus sectores, la emprendió políticamente contra Trump, revelando sus mezquinos intereses. El capitalismo autocrático, ahora impulsado por Trump, tiene sus raíces en la China de 1979, cuando se iniciaba el patrocinio estatal a negocios privados que apoyaran sus planes quinquenales. Así se obtuvo la gran expansión económica de China a ritmos del 7 % anual durante 1980-2010. Y actualmente se expande al 5 % anual, develando algo de agotamiento tras su exitosa expansión bajo dirigismo estatal. Relataba el perseguido político y asesinado Alexei Navalni (2024, Patriot) que Rusia tuvo oportunidad única de haber consolidado un modelo capitalista democrático bajo el liderazgo de Yeltsin (1991-1999), tras caer el muro de Berlín (1989). Pero la caótica oleada de privatizaciones y entrega de licencias operativas generó una plutocracia que financiaba el surgimiento de un capitalismo autocrático y una nueva casta política. Yeltsin se equivocó de manera grave al postular a Putin como su sucesor, en vez de adoptar un proceso electoral democrático, a cambio de dineros e impunidad total a la familia Yeltsin. Así, Putin erigió un poder absoluto financiado por dichos empresarios, quienes se apropiaron de lucrativos negocios de petróleo, gas y provisión de armas. Navalni, hasta entonces ejerciendo como abogado empresarial de clase media, vio la oportunidad de crear una verdadera democracia y apoyó el surgimiento de dos partidos anti-Kremlin. Pero, durante 2010-2014, estos nunca lograron superar el 5 % de la votación requerida para participar en contiendas presidenciales, dado el poderío del Kremlin. Aun así, Navalni logró el 27 % de la votación en la contienda por la alcaldía de Moscú, pero el régimen declaró 51 % a favor del candidato oficial para evitar segunda vuelta. Y en ese momento, Putin (2012) procedió a perseguir y encarcelar a Navalni, pues entendió que su potencial de denuncia en redes sociales anticorrupción podría llevarlo a fortalecer los partidos anti-Kremlin. En parte, Putin recogía el descontento de la subyugada juventud rusa, mientras la democracia se fortalecía en Ucrania y vecindades (exceptuando a Bielorrusia). Así que la toma rusa de Crimea (2014) y su invasión de Ucrania (2022) son el producido de empresarios financiando "los sueños de Putin imperial" y ejerciendo un absolutismo antidemocrático que le permite gobernar con el temerario poder ruso. Europa se ha percatado algo tarde de dicha amenaza, y bajo la Merkel en Alemania se tejieron expansiones de negocios que terminaron fortificando a esa Rusia que hoy ha obligado a elevar el gasto militar del magro 2 % hacia no menos del 3,5 % del PIB para fortalecer la Otán y frenar tal amenaza. Las alianzas de China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua venían amenazando la democracia en América Latina por cuenta de ese poderoso capitalismo autocrático que lo financia. Y el problema es que las pugnas partidista en Estados Unidos y la guerra arancelaria juegan en contra de la requerida unión política desde el Occidente democrático. De allí la importancia que tienen los resultados de nuestra contienda electoral durante marzo-junio, donde los más recientes sondeos ratifican la marcada polarización frente a temas tan vitales como orden público, estabilización fiscal y la recuperación de los sectores de infraestructura y minero-energético de cara a 2026-2030. Crucial que continuemos la tarea pedagógica sobre nefastos efectos del populismo petrista y su agravamiento bajo eventual triunfo del candidato Cepeda.
Los efectos en Colombia
Sergio Clavijo