Ante peligro en la inflación, Emisor presiona el crédito
carlos arturo garcía m
carlos arturo garcía m.CarlosGarciaM66artgar@eltiempo.com
El Banco de la República pisó el freno con fuerza. Con la tasa de intervención en 10,25 por ciento, decidió enfriar la economía para evitar que la inflación vuelva a desbordarse. La consecuencia es inmediata y conocida: crédito más costoso, menor consumo, inversión más débil y presión sobre el empleo. El alivio, si funciona la estrategia, llegará después: expectativas ancladas, precios más contenidos y una senda que permita, más adelante, bajar tasas sin que la inflación se dispare. Ese es el dilema que atraviesa hoy la política monetaria. El Emisor optó por pagar hoy el costo para evitar un choque mayor mañana, advierte la mayoría de analistas. En el corto plazo, la economía sentirá el impacto. En el mediano, la apuesta es proteger el poder adquisitivo, especialmente de los hogares más vulnerables, que son los que más sufren cuando los precios se salen de control. "El golpe fue directo y sin anestesia", coinciden los economistas. El Banco de la República subió la tasa 100 puntos básicos de una sola vez, muy por encima de lo que anticipaba el mercado, que apostaba por un ajuste de 50 puntos. Pero con las expectativas de inflación ya disparadas al 6,4 %, no había mucho margen para una decisión gradual. Cuando las expectativas se rompen, el traslado a lo social es rápido: empresas ajustan precios, hogares pierden poder de compra y salarios nominales se diluyen. De ahí el énfasis del Emisor en actuar con contundencia, aun a costa de enfriar la actividad. Para José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, hoy rector de la Universidad EIA, la lectura es institucional y económica a la vez. "Este es un triunfo de la institucionalidad", dice, y añade que la junta actuó porque "las expectativas de inflación se desbordaron" tras un aumento del salario mínimo muy por encima de inflación y productividad. En su criterio, el Banco cumple su mandato constitucional con el único instrumento potente que tiene: la tasa. ‘Mal necesario’ El efecto sobre el crecimiento es inevitable. Luis Fernando Mejía, presidente de Lumen Economic Intelligence, lo plantea sin rodeos: "Un ajuste de esta magnitud encarece el crédito, desacelera el consumo y la inversión y limita la creación de empleo". El trade-off (compensación) es claro: menor crecimiento hoy para evitar una inflación persistente que termina siendo más costosa, sobre todo para los hogares de menores ingresos. La idea se repite entre varios analistas. César Pabón, director ejecutivo sénior de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, lo resume como un "mal necesario". Según explica, el Banco de la República busca enviar un mensaje directo: que la inflación alta no llegó para quedarse. Si hogares, empresas y sindicatos creen que los precios seguirán subiendo, ajustan salarios y tarifas al alza, y la inflación se acelera. Frenar esas expectativas —aunque duela— evita un costo mayor más adelante. Donde el golpe se siente con mayor claridad es en el crédito y la vivienda. Las tasas de mercado subirán con rezago —entre seis meses y un año—, pero el canal es evidente. La financiación se encarece y la demanda se resiente. Una voz adicional, crítica con el origen del problema pero alineada con la decisión del Banco, lo resume así: "Este es un triunfo de la independencia del Banco de la República", afirma Juan Alberto Londoño, exviceministro de Hacienda. A su juicio, el aumento de tasas es la respuesta a "la irresponsabilidad del Gobierno al subir el salario mínimo sin fundamento". El objetivo, dice, es enfriar demanda y consumo para evitar que la inflación —que ahora se estima más de 50 por ciento por encima de lo proyectado antes— se consolide. El costo será visible: "Se encarecerá el crédito y se afectará el crecimiento; sectores como vivienda, ya deprimidos, sentirán el golpe". El análisis de Bancolombia refuerza la tesis del Emisor. En su lectura, el ajuste de 100 puntos responde a la persistencia inflacionaria, al salto de expectativas y a un entorno macro con desbalances externos en apertura. El banco recuerda que la inflación cerró 2025 en 5,1 por ciento y que el déficit de cuenta corriente se amplió a 2,4 por ciento del PIB, impulsado por una demanda interna fuerte y un cambio en la matriz exportadora. Para 2026, el equipo técnico del Emisor elevó su previsión de inflación a 6,3 por ciento, y Bancolombia ve riesgos alcistas que respaldan un ciclo adicional de ajuste, con una tasa que podría llegar a 11 por ciento este año. El mensaje es que la política monetaria aún no ha terminado y dependerá de cómo evolucionen inflación, expectativas y riesgos externos. Villar vs. Ávila La rueda de prensa del viernes dejó al desnudo el choque entre el Emisor y el Gobierno. El ministro Germán Ávila expresó el desacuerdo total del Ejecutivo. A su juicio, subir tasas encarece el costo financiero, contrae la economía y puede tener efectos inflacionarios al golpear la producción interna en un momento de expansión de la demanda. El Gobierno anunció, como contrapeso, una reducción de 500 pesos en la gasolina en febrero, con más recortes por venir, como medida antiinflacionaria. Leonardo Villar, gerente del Banco, respondió con evidencia histórica y comparaciones internacionales. Subir tasas para bajar inflación, dijo, es práctica estándar en bancos centrales. Recordó el episodio de Turquía y el ciclo colombiano reciente: una política monetaria contractiva permitió bajar la inflación de 13,4 por ciento en 2023 a cerca de 5 por ciento en 2024. "Es doloroso e impopular —admitió—, pero efectivo". Villar fue más allá: el ajuste busca proteger a los asalariados evitando que el aumento nominal del salario mínimo se diluya en precios. Y defendió que la credibilidad en la meta de inflación es clave para reducir costos de financiamiento del Gobierno a mediano y largo plazo. Empleo, la línea delgada El empleo queda en la mitad del debate. El Banco reconoce que tasas más altas enfrían la actividad, pero insiste en que una inflación desbordada termina afectando más y por más tiempo el mercado laboral. El Gobierno, en cambio, advierte que el aumento de tasas desincentiva la producción interna y empuja a suplir la demanda con importaciones. En este punto, Jackeline Piraján, economista principal de Davibank, aporta un matiz: el consumo de los hogares crece 9 por ciento nominal, mientras la cartera de consumo avanza 5 por ciento. Muchos hogares están gastando con recursos propios, no con crédito. Subir tasas, dice, puede incentivar el ahorro y ayudar a ordenar las finanzas de los hogares. Por eso, Davibank ve una tasa terminal cercana al 12 por ciento para estabilizar la inflación hacia 2027. Precisamente en la otra orilla de la discusión está el estímulo al ahorro. Según explicó el gerente del Banco de la República, una política monetaria más restrictiva no solo encarece el crédito, sino que estimula el ahorro, ayuda a moderar el consumo y contribuye a reconducir la inflación hacia la meta en el mediano plazo. Cuando el Emisor encarece el costo del dinero, las entidades financieras compiten por atraer recursos y comienzan a ofrecer mejores rendimientos en productos de ahorro, como cuentas remuneradas, CDT y otros instrumentos de renta fija. En la práctica, esto significa que ahorrar vuelve a ser atractivo, después de varios meses en los que los rendimientos no alcanzaban a compensar la inflación. Ese cambio tiene un doble objetivo. Por un lado, incentivar que los hogares guarden parte de su dinero en lugar de gastarlo, lo que ayuda a moderar el consumo y, con ello, las presiones inflacionarias. Por otro, proteger el poder adquisitivo de quienes tienen excedentes de liquidez, permitiéndoles obtener rendimientos reales positivos, explican los analistas consultados. Aunque el debate por tasas más altas, en contravía de lo que viene pidiendo el Gobierno, apenas se inicia, el mensaje del Emisor es inequívoco: sin control de la inflación no hay crecimiento duradero ni justicia social posible. Y ese, en últimas, es el corazón del ajuste al 10,25, según lo dejó claro el gerente de la autoridad monetaria.