La voz propia
Busco una voz propia
Busco una voz propia. ¿Existe? Hay voces que nacen para confundirse con el coro o el rebaño, y hay otras que se estremecen hasta hacerse solas. La voz propia no compite: se anuncia. No busca destino, sino timbre. Y cuando aparece, desordena lo que tocaba estar en silencio.
Cada época inventa nuevas jaulas: el ruido, la prisa, la imitación, la moda, el progresismo. Pero la voz que quiere nacer no obedece. Se cuela entre las grietas, encuentra aire en las hendijas, habla incluso cuando nadie la escucha. No para convencer sino para permanecer.
Una voz auténtica no es un grito, es una criatura. Respira, arde, se equivoca. A veces hiere. A veces sana. Pero siempre deja huella donde antes había una superficie lisa. Su existencia misma es el acontecimiento.
El mundo admira lo que resplandece, pero teme lo que resuena. Porque lo que resuena despierta, y quien despierta empieza a escuchar la música que no venía escrita.
La voz propia no promete gloria ni sentido: solo presencia. Y esa presencia, cuando por fin se asienta en el cuerpo que la porta, abre un territorio que no existía y horada la roca. Allí, donde nadie dictaba el ritmo, alguien por fin dijo: esto soy.