Logorrea
Miguel Gómez Martínez
Las señales de la degradación de nuestro sistema democrático son múltiples
Miguel Gómez Martínez
Las señales de la degradación de nuestro sistema democrático son múltiples. La más preocupante es la corrupción que, desde hace décadas, se ha enquistado en todos los niveles de la administración pública. Con contadas excepciones, la inmensa mayoría de los que han robado al Estado han salido impunes y disfrutan no sólo de sus dineros mal habidos sino de un cierto reconocimiento social. Hay casos en los cuales, personajes sobre los que no hay duda de su venalidad, siguen hoy delinquiendo desde los más altos cargos del gobierno y del sector público. Degradación es también el desorden del aparato político. El hecho de que más de 100 personas se hayan postulado para el primer cargo de la nación, confirma el caos del sistema de partidos. La proliferación de consultas es la prueba de que los partidos no han podido definir mecanismos internos para seleccionar, de manera democrática, a sus candidatos. Todo este desorden implica un enorme e inútil gasto público y confunde a la opinión que no entiende si debe o no participar y cómo hacerlo. Degradación es el tono lamentable y la pobreza de los debates políticos. Las redes, como en todas partes del mundo, han contaminado con su agresividad y vulgaridad, la conversación pública. La discusión de los asuntos nacionales se ha vuelto soez, primaria y reactiva. Abundan los lugares comunes, las frases de cajón y los pronunciamientos vacíos y emocionales preparados por los expertos en mercadeo político. Degradación es la calidad de la gente que hoy nos gobierna. La logorrea (trastorno del habla en el que una persona habla excesivamente y a menudo de forma incoherente) ha hecho escuela. Basta escuchar al jefe del Estado en sus lamentables intervenciones públicas hablando desde lo divino (la sexualidad de Cristo) hasta lo humano (sus habilidades como amante). Degradante es el ministro de Educación con su ignorancia supina de los temas de su cartera como lo es el de Salud con su desprecio por la crisis humanitaria del sistema de salud. Degradante es que personas sin ninguna formación, y que han falsificado sus títulos, sean nombrados en cargos públicos y no les suceda nada. Degradante es la mediocridad del gabinete y de los altos cargos del Estado. Degradante es la gente que nos representa en el exterior. Nuestra democracia nunca fue ejemplar, pero nunca había caído tan bajo. Siempre hubo corrupción, mediocridad y desgreño. Pero lo sucedido es estos últimos años era impensable. Como en un Coliseo romano, el público observa y aplaude el variado espectáculo. El daño institucional es monumental. Hablar del gobierno es un sinsentido. Lo que hoy tenemos es desgobierno. Coletilla. En emergencia económica y fiscal, "entre el 1 y el 28 de enero de 2026, el gobierno firmó 85826 contratos de prestación de servicios con un costo de 5,1 billones de pesos. Antes de la entrada de la ley de garantías, firmaron en promedio 3100 contratos diarios." (Daniel Briceño). Organismos de control mudos.
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