Jueves, 05 de Febrero de 2026

Satrapías acorraladas

UruguayEl País, Uruguay 5 de febrero de 2026

"La cuestión es entre la libertad y el despotismo".

Los partidos tradicionales hicieron un país distinto al resto de Latinoamérica. En cuanto a democracia y a bienestar social posible. Históricamente, primero -1860- contra esta orientación, en Montevideo, se organizaron grupos internacionalistas anarquistas partidarios de la destrucción del Estado. Le siguió a comienzos del 1900, el socialismo marxista-leninista de Frugoni promotor de la lucha de clases, y el internacionalismo proletario. De esta matriz nacieron un partido comunista extranjero y totalitario, al servicio de la Rusia imperialista. Y, más tarde, una organización terrorista -los tupamaros- inspirada en la "revolución socialista", instalada en Cuba en 1959, por la mafia que encabezaba Fidel Castro.

Dentro de la promoción de frentes populares buscando una base electoral que ensanchara a la del comunismo, promovidos por Rusia en la Europa libre para ganar elecciones en 1971, aquí se creó al Frente Amplio. Y, siguiendo la orientación del paredón castrista en 1960 nacieron -además- organizaciones terroristas, de la que los tupamaros fueron mascarón de proa. La anarquización del país promovida desde "la izquierda", derivó al golpe de Estado de 1973 y a un gobierno de facto que duró 12 años. Al caer en 1990 el comunismo en Rusia, en América Latina de la mano de Fidel Castro y Lula Da Silva, se creó el Foro de San Pablo para mantener la posición. Con otras organizaciones afines estimularon el asentamiento de gobiernos adictos en el continente americano. Chávez y Maduro, Correa, Evo Morales, los Kirchner, Lula, López Obrador y Sheinbaum y siempre la dinastía castrista cubana, avasallando en muchos casos a las democracias, conformaron un núcleo de narco gobiernos, de los que algunos hasta hoy se mantienen en el poder. Su logro mayor ha sido el saqueo infinito de la riqueza de los pueblos que les han padecido. El Frente Amplio hasta hoy es socio activo de esta caterva de lo que existen testimonios inapelables ("Petrodiplomacia", Mario Natalevich, ed. Planeta).

Carlos Leder, un capo colombiano, recuerda que la vieja consigna de los narcos décadas atrás era: "La bomba atómica de los países latinoamericanos contra Estados Unidos es la cocaína ("Vida y Muerte del Cartel de Medellín", Carlos Leder; Ed. Debate 2024). Así se ha actuado en Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, México y Cuba.

En un proceso de reordenamiento de las zonas de influencia de las principales potencias a nivel mundial, Donald Trump -presidente de Estados Unidos- ha tomado protagonismo. Una línea va dirigida a las tiranías de Cuba y Venezuela. El último pronunciamiento en ejercicio de la autodeterminación popular en Venezuela tuvo lugar en 2024 y fue desconocido por la tiranía chavista. Está planteada la contradicción entre el derecho a la libertad y la vida de la multitud de personas asesinadas, torturadas, apaleadas, condenadas a la cárcel o el exilio, protegido por el gobierno norteamericano y la defensa del principio de no intervención en los asuntos internos de los estados, que en este caso implicaría optar por dar inmunidad a satrapías entronizadas sobre la fuerza, que como decía Cicerón "es el derecho de las bestias".

La acción norteamericana es un respaldo al derecho natural de resistencia a la opresión de pueblos avasallados por brutales tiranías. Los críticos de esta situación, sugestivamente, poco hablan de la invasión rusa a Ucrania, que ciertamente viola a vestigios vigentes del derecho internacional hoy jaqueado.

Como decía Artigas "la cuestión es entre la libertad y el despotismo".
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